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Los 100 de Bergman

Los 100 de Bergman

Los 100 de Bergman

Celebramos el aniversario del cineasta que se adentró en territorios desconocidos del séptimo arte

La pantalla aletea blanca y muda”. Muchos de los recursos cinematográficos de Ingmar Bergman eran guiños a su convulsa vida interior, una existencia repleta de luces y sombras. Conmemoramos los cien años del director (14 de julio) de El séptimo sello, Sonata de otoño, Persona, Fanny y Alexander, Saraband y Gritos y susurros, capaz él solo de escribir un capítulo de la historia del cine. Como dijo en sus memorias: “Aquí se rompe el silencio. La conversación puede comenzar”. Nos adentramos en el corazón de un hombre que llegó a tocar, “con toda libertad, secretos que sólo el cine puede descubrir”.

bergman– Luz en la oscuridad, por Carlos F. Heredero. El cine de Bergman, en el que laten ecos de Strindberg, Joyce, Ibsen y Chéjov, se nutre de unas energías personalísimas y avanza por territorios desconocidos. El director se enfrentaba al peligro y lo encaraba sin guardarse ninguna carta en la recámara.

bergmanEscenas de una vida convulsa. Un proyector de juguete y un teatro de títeres de papel, junto a la severa educación luterana impartida por su padre, marcaron la vida de Ingmar Bergman, que se entregó con igual frenesí al teatro, al cine y a las mujeres.

bergman– Bergman y sus demonios. Convertido en mito ya antes de su muerte, el director sueco siempre estuvo expuesto al ojo público. Pero, ¿cómo se veía Bergman a sí mismo? Nórdica publica Cuaderno de trabajo (1955-1974), los diarios íntimos que encierran la compleja personalidad del cineasta.

EL CULTURAL, España, 06-07-2018

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Un conocido en apuros económicos acudió en busca de consejo a John D. Rockefeller sénior. Su problema era que un individuo que le debía cincuenta mil dólares se había ido a Constantinopla, y él no tenía ningún comprobante o reconocimiento de deuda que le permitiera exigir su pago. Rockefeller le aconsejó:

—Escríbale una carta reclamándole los cien mil dólares que le debe. Seguro que él le contestará diciéndole que está en un error, que no son cien mil, que sólo son cincuenta mil. Y así ya tendrá usted su reconocimiento de deuda.

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Cuando Jean-Baptiste Colbert (1619-1683) se hizo cargo de las finanzas de Francia, hizo llamar a los principales hombres de negocios del reino. A fin de congraciarse con ellos y para ganar su confianza, les preguntó:

—Caballeros, que puedo hacer por ustedes.

—Le rogamos, señor —le contestaron todos a una—, que no haga nada. Déjenos que lo hagamos nosotros.

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