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Nueva instrucción para las vírgenes consagradas

Nueva instrucción para las vírgenes consagradas

Nueva instrucción para las vírgenes consagradas

Durante los primeros siglos del cristianismo esta vocación fue muy común. El texto vaticano recuerda que “en los tres primeros siglos numerosísimas vírgenes consagradas sufrieron el martirio por permanecer fieles al Señor. Entre ellas Águeda de Catania, Lucía de Siracusa, Inés y Cecilia de Roma, Tecla de Iconio, Apolonia de Alejandría, Restituta de Cartago, Justa y Rufina de Sevilla. Cesadas las persecuciones, la memoria de las vírgenes mártires permaneció como viva llamada a la entrega total de sí, como exigía la consagración virginal”.

La Santa Sede publicó este miércoles la Instrucción Ecclesiae sponsae imago sobre las vírgenes consagradas. El documento fue presentado hoy, en la Oficina de Prensa de la Santa Sede, por la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica. Se trata del “primer documento de la Sede Apostólica que profundiza sobre la fisonomía y la disciplina de esta forma de vida, después del rito litúrgico y las normas contenidas en él promulgado en 1970 por voluntad del beato Pablo VI”, explicó el cardenal João Braz De Aviz, prefecto de dicha Congregación.

Ecclesiae sponsae imago (el nombre latino de la Instrucción se deriva de las primeras palabras del documento: “La imagen de la Iglesia Esposa de Cristo”), agregó el cardenal prefecto, quiere ayudar a descubrir la belleza de esta vocación, y contribuir a mostrar la belleza del Señor que transforma la vida de tantas mujeres que cada día la experimentan”.

El documento “es el resultado de una amplia consulta, una obra sinodal a la cual asistieron obispos, vírgenes consagradas y expertos de todo el mundo para poner de relieve las especificidades y las riquezas de esta forma de vida consagrada”, señaló.

Durante la presentación, el secretario de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, monseñor José Rodríguez Carballo OFM, informó que en 2020 se celebrará el 50º aniversario del Rito de consagración de las vírgenes (Ordo Consecrationis Virginum), querido por Pablo VI en 1970, en el que se dispuso la posibilidad de consagrar también a las mujeres que permanecen en su contexto ordinario de vida, según las modalidades del antiguo Ordo Virginum.

El documento se divide en tres partes: la vocación y el testimonio de la Ordo virginum, su configuración en las Iglesias particulares y en la Iglesia universal y el discernimiento vocacional y la formación del orden.

Durante los primeros siglos del cristianismo esta vocación fue muy común. El texto vaticano recuerda que “en los tres primeros siglos numerosísimas vírgenes consagradas sufrieron el martirio por permanecer fieles al Señor. Entre ellas Águeda de Catania, Lucía de Siracusa, Inés y Cecilia de Roma, Tecla de Iconio, Apolonia de Alejandría, Restituta de Cartago, Justa y Rufina de Sevilla. Cesadas las persecuciones, la memoria de las vírgenes mártires permaneció como viva llamada a la entrega total de sí, como exigía la consagración virginal”.

Con los siglos la figura de la virgen consagrada fue perdiendo importancia hasta desaparecer. Fue ya justamente cuando el beato papa Pablo VI recuperó esta figura en 1970 y desde entonces por todo el mundo ha ido creciendo el número. En la actualidad se cree que hay más de 3.000.

Son mujeres que “permanecen en su entorno de vida ordinario, arraigados en la comunidad diocesana reunida alrededor del obispo, según la modalidad del antiguo Ordo Virginum, sin ser adscritas a un Instituto de Vida Consagrada”.

Virginidad, esponsalidad y maternidad

El documento explica que “virginidad, esponsalidad y maternidad son tres perspectivas que permiten describir la experiencia espiritual de las vírgenes consagradas: no significan características yuxtapuestas o sumadas unas a otras, se refieren a dinámicas espirituales realizadas una en la otra y asentadas en las coordenadas fundamentales de la vida bautismal, por las que las consagradas son hijas de la Iglesia y hermanas unidas a todos los hombres y a todas las mujeres por vínculos de fraternidad”.

Un rasgo característico de esta forma de vida –señala la Instrucción- es el arraigo de las consagradas en la Iglesia particular y, por consiguiente, en un determinado contexto cultural y social: la consagración las reserva para Dios sin hacerlas ajenas al ambiente donde viven y están llamadas a realizar su propio testimonio”.

Además, estas vírgenes consagradas pueden vivir solas, en familia, junto a otras consagradas o en otras situaciones favorables a la expresión de su vocación, que les permitan vivir concretamente su proyecto de vida. Se procuran su sustento con los frutos de su trabajo y los recursos personales.

Una vida unida a la actividad laboral

Las mujeres llamadas a esta vocación concreta “optan por la actividad laboral según sus actitudes, inclinaciones y posibilidades efectivas, reconociendo en ella una modalidad concreta por la que testimonian que Dios llama a la humanidad a colaborar en su obra creadora y redentora, para hacerla íntimamente partícipe del amor con el cual atrae hacia sí al mundo y la historia entera”.

El documento recalca la pertenencia de estas mujeres a sus diócesis y cómo “la Iglesia particular está llamada a acoger la vocación de las consagradas, a acompañar y sostener su camino, reconociendo que la consagración virginal y los carismas personales de cada consagrada son dones para la evangelización, la edificación de la comunidad y la misión eclesial”.

Entre los aspectos que prevé el nuevo documento vaticano está la posibilidad de que el obispo diocesano pueda instituir una fundación canónica, autónoma o no, y autorizar, si se da el caso, la petición de reconocimiento civil de esta última.

Pueden participar en asociaciones y movimientos

Además, las consagradas “pueden reunirse en asociaciones y pedir a la autoridad eclesial competente el reconocimiento canónico del estatuto y eventualmente su aprobación”.

Por otro lado, la consagración no impide que esta virgen consagrada pueda “beneficiarse de la variedad de carismas y espiritualidades”, por lo que podrían participar en asociaciones, movimientos o una tercera orden.

En el documento también se tratan de los requisitos y criterios de discernimiento, explicando que “la admisión a la consagración requiere que por la edad, la madurez humana y espiritual, y por la estima que disfruta en la comunidad cristiana donde está inserta, la candidata dé confianza de poder asumir de forma responsable los compromisos que se derivan de la consagración”.

Además, “requiere también que la persona nunca haya celebrado nupcias y no haya vivido pública y manifiestamente en un estado contrario a la castidad”.

Ecclesiae Sponsae Imago también cita algunos puntos de madurez humana y de experiencia espiritual que debe tener toda candidata a la consagración.

AICA.org, 04-07-2018

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