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Nuestros migrantes

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Hace algunos meses visité Disney por primera vez en mi vida. En Epcot, uno de los parques en donde se representa a los países del mundo, me llamó mucho la atención cómo en estas representaciones subsisten muchos de los estereotipos que los norteamericanos asocian a otros países y a sí mismos.

México es una pirámide. Alemania es un Biergarten interminable. Pero todavía más simbólicamente, Estados Unidos se alberga en una mansión de ladrillo que evoca al sur de ese país. En este recinto, además de una exposición sobre la guerra civil, se proyecta un documental llamado “La aventura americana”.

El cortometraje tiene una duración aproximada de media hora y es una verdadera joya narrativa. En él se desdobla la historia de Estados Unidos, desde su fundación y hasta la actualidad. En él se asientan una y otra vez los valores éticos que han elegido como distintivos de su identidad. Una y otra vez se asocia Estados Unidos a la libertad, a la igualdad, a la inclusión. Una y otra vez se presenta como la tierra de las oportunidades, como el único lugar en el mundo en donde el sueño americano de movilidad social es posible.

En esta repetición incesante de los valores que los representan parece no importar nada de su historia verificable. No importa su apoyo para instaurar una dictadura religiosa en Irán. No importa el apoyo que dieron a las dictaduras militares en Latinoamérica. No importa ni siquiera que sigan ejerciendo dinámicas de racismo en procesos electorales o de patrullaje policial.

Estados Unidos se asocia con la narrativa ética de sí mismos, independientemente de lo que hagan. Por eso no sorprenden los mensajes que han surgido en redes sociales y en el Congreso como respuesta a la crisis humanitaria desencadenada por la decisión del gobierno de Trump de separar familias de migrantes y refugiados y encarcelar a los niños como rehenes de su negociación.

Retomo algunas de las frases que pronunciaron algunos demócratas en la presentación de la iniciativa de ley que plantearon en la semana para mantener unidas a las familias:

Tal vez, señor Presidente, en su América esto es un asunto privado. En nuestra América es un asunto público, en el que todos asumimos responsabilidad por esas mujeres y niños.

Esto está mal. Y cualquier persona que avale las medidas en la frontera está haciendo lo incorrecto, incluyendo al Presidente de Estados Unidos.

Ningún americano, demócrata o republicano, debería ser capaz de mantenerse al margen mientras este tipo de tortura se comete en nuestro nombre.

Como Fiscal, aprendimos rápidamente que no sólo haces lo que cumple la ley. Tienes que hacer lo que beneficia a las personas afectadas por esa ley. Siempre que estás en una posición de ejercer la ley, significa que tienes discrecionalidad, que debes usar tu compasión y tu sentido común.

Sr. Presidente, deje de ser tan antiamericano.

Y no deja de sorprenderme el sentido absolutamente normativo de las declaraciones. Las acciones de gobierno se evalúan en función de su ética, de lo que está bien y de lo que está mal. Me sorprende sobre todo porque en México no recuerdo posicionamientos tan convencidos del deber ser. ¿Qué diríamos que es antimexicano? ¿Cómo le reclamaríamos a nuestro Presidente en términos de valores nacionales? De hecho, ¿cuántos de esos migrantes son nuestros?, ¿cuántos de ellos son centro y sudamericanos y enfrentaron una odisea parecida en nuestro país? ¿Por qué si son nuestros nos son tan ajenos? ¿Por qué no hemos podido construir una narrativa de Estado respecto a la migración? ¿Por qué no hemos podido construir una narrativa de Estado respecto a lo que representamos? ¿Por qué no tenemos un acuerdo nacional sobre los valores que nos hermanan?

Escribo esta columna después del triunfo de la Selección Mexicana. Leo a muchos emocionados por el México que podemos ser, por el cambio cultural, por la posibilidad de “imaginar cosas chingonas”. Los veo ilusionados con la autodefinición y me preocupa aún más pensar que nuevamente la hagamos desde lo que somos y no desde lo que defenderemos. Ojalá me equivoque.

Jaina Pereyra, especialista en discurso político. Directora de Discurseros SC.

EXCELSIOR, México, 24-06-2018

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—Ninguna. No es el trabajo de los consumidores saber qué es lo que quieren. Es difícil que los consumidores te puedan decir qué quieren cuando nunca han visto nada ni remotamente parecido a lo que les ofreces.

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