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Barcelona trata los viejos adoquines como un tesoro

Barcelona trata los viejos adoquines como un tesoro

Barcelona trata los viejos adoquines como un tesoro
junio 14

El empedrado que ha exhumado las obras en la calle Pere IV habla de los tiempos en que esta vía era el cordón umbilical del Maresme

 

Bajo los adoquines está la playa, decían los manifestantes en París en Mayo del 68. Y bajo la calzada están los adoquines, dicen ahora los vecinos del Besòs i el Maresme, en el distrito de Sant Martí. Las obras de reurbanización del tramo final de la calle Pere IV, junto a la rambla Prim, han exhumado restos de los raíles del tranvía de la línea 43 y adoquines de la histórica carretera de Mataró, durante siglos una de las principales vías de entrada y salida de la ciudad y el cordón umbilical entre Barcelona y el Maresme.

El Ayuntamiento ha ordenado la cuidadosa retirada de los adoquines. La empresa Barcelona d’Infraestructures Municipals (Bimsa) trata como un tesoro las piezas, que se embalan y trasladan a un depósito municipal. El almacén del Museu d’Història de Barcelona (Muhba) en la Zona Franca, donde se preservan restos de la cimentación original del mercado de Santa Caterina, también custodia empedrados exhumados a raíz de otras reurbanizaciones. Gracias a estas prevenciones, las piedras se pudieron reutilizar en lugares donde el presente y el pasado dialogan, como en los alrededores del Born Centre de Cultura i Memòria.

LA VANGUARDIA, Barcelona, 05-06-2018

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Al rey español Felipe IV (1605-1665) le gustaba que le llamasen «el Grande». Tras la pérdida de Portugal, el duque de Medinaceli (1607-1671) comentó:

—A su majestad le pasa como a los hoyos, que cuanta más tierra pierden, más grandes son.

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El filósofo francés Voltaire (1694-1778) tuvo de hablar, contra su voluntad, ante la tumba de una persona por la que nunca había sentido predilección. Comenzó pues su panegírico diciendo:

—Era un gran patriota, un amigo fiel, un esposo abnegado y un padre ejemplar..., suponiendo, claro está, que haya muerto.

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