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Vencedores y vencidos

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¿Vencedores? Los que no creen en España como nación de ciudadanos libres e iguales. Si puede llamarse a eso victoria…

 

La gran paradoja de la democracia es que, siendo el gobierno de la mayoría, al deteriorarse, queda en manos de las minorías que atienden a sus intereses, no a los generales. Con lo que la democracia sufre. Es lo ocurrido a la española. PP y PSOE se dejaron chantajear por los nacionalismos vasco y catalán, hasta convertirlos en árbitros de su rivalidad, concediéndoles privilegios extraconstitucionales e incluso las cabezas de sus dirigentes incómodos, ¿recuerdan a Redondo y a Vidal Quadras? La cosa empezó a agriarse cuando esos nacionalismos, visto su éxito, pidieron soberanía, no autonomía, ¿recuerdan el Plan Ibarretxe, el nuevo estatuto catalán? Uno lo paró el Congreso, otro el Tribunal Constitucional. Pero como PSOE y PP han sido incapaces de acordar una política de Estado, los nacionalistas mantuvieron su apuesta, aunque con distintos estilos: los catalanes, con un golpe de Estado incruento. Los vascos, manteniéndose árbitros de la situación. Y han vuelto a serlo en un momento clave de la historia de España: en una moción de censura al gobierno de Rajoy. ¿Cómo es posible, tras haberles pagado una millonada por sus 5 votos para sacar los presupuestos?, se preguntarán muchos. Pues por eso mismo: porque a Rajoy, económicamente le había sacado todo y a Sánchez esperan sacarle, políticamente, más. Incluso sabemos qué: el título de «nación» para Euskadi (vamos a ver cómo lo consigue, ya que la Constitución sólo admite una Nación, España) y que el 155 no se aplique sin su autorización en su territorio. O sea, luz verde hacia la autodeterminación.

A mayor abundamiento, los nacionalistas catalanes le exigen la puesta en libertad de sus políticos encarcelados, sin tener en cuenta los trámites judiciales, y sentarse a negociar lo que ningún presidente de gobierno español puede darles: la independencia. Sánchez se ha limitado a divagar sobre diálogo, distensión, encuentros, pero hay dos conceptos que no citó en sus parrafadas: la unidad de España y la igualdad de los españoles. Por algo será. Luego, se enzarzó en un cruce de improperios con Rivera, prólogo del que nos espera en las próximas semanas y meses. Porque esto no ha acabado, al revés, acaba de empezar. La traca final la puso Iglesias, repartiendo bofetadas a diestro y siniestro, al que solo faltó sacar la bandera tricolor para anunciar la República.

En fin, que son muchos los perdedores, Rajoy el primero, por creer que con arreglar la economía se arreglaba todo. Luego, Rivera, que se convirtió en el mayor crítico del PP, intentando sustituirle. Sánchez es el siguiente, pues va a liderar un gobierno Frankenstein, como le recordaron sus ajenos miembros. Y, a la postre, todos los que frívola, displicentemente, se han dedicado los últimos meses y años a criticar al gobierno Rajoy en el ímprobo esfuerzo de sacar el país del foso en que se encontraba, por no ajustarse a sus expectativas, Ahora tienen lo que han conseguido. ¿Vencedores? Los que no creen en España como nación de ciudadanos libres e iguales. Si puede llamarse a eso victoria.

José María Carrascal, articulista de opinión

ABC, España, 01-06-2018

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