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“CIERVOS DE MARÍA”

“CIERVOS DE MARÍA”

“CIERVOS DE MARÍA”

Lillian Calm escribe: “Sin duda la periodista o el   periodisto (porque ahora hay que ser muy rigurosos con la famosa cuestión del género), no  sé si por rapidez en el despacho o simplemente por ignorancia y mala ortografía, cayó en una gaffe imperdonable: recurrió a una palabra que, según si se escribe con “c”o “s” puede significar “un animal mamífero…” o “persona que sirve a Dios y guarda sus preceptos”.

 

Un solo hecho me ha provocado una sonrisa en medio del caudal de información -veraz y no veraz, según el reporteo periodístico- con que se ha tratado el caso de la Iglesia en Chile desde que 34 obispos viajaron a reunirse con el Papa Francisco. El tema no es para sonrisas pero resulta que en un diario, afortunadamente no recuerdo en cual, leí que monseñor Luis Infanti se alojaría en esos días en la Casa de los Ciervos de María.

No hubo desmentido, pero debería haberlo habido porque la definición de ciervo es “animal mamífero rumiante, de 1,30 m de altura más o menos, esbelto, de pelo áspero, corto y pardo rojizo en verano y gris en invierno. Es más claro por el vientre que por el lomo, y tiene patas largas y cola muy corta…”.

Sin duda la periodista o el periodisto (porque ahora hay que ser muy rigurosos con la famosa cuestión del género), no  sé si por rapidez en el despacho o simplemente por ignorancia y mala ortografía, cayó en una gaffe imperdonable: recurrió a una palabra que, según si se escribe con “c”o “s” puede significar “un animal mamífero…” o “persona que sirve a Dios y guarda sus preceptos”.

Recordé de inmediato a esa alumna de Periodismo que hacía su práctica profesional y escribió que había que “apalear” la pobreza en vez de paliarla.  Afortunadamente fue atajada a tiempo.

Pero esto de los “ciervos” me hizo ir en busca de un viejo libro de crónicas del escritor y periodista Joaquín Edwards Bello que, en los años de la linotipia, tituló uno de sus artículos “Errores de imprenta”. Señalaba Edwards Bello que “así como otros coleccionan sellos, antigüedades artísticas o dinero, a mí me ha dado por entretenerme juntando errores de imprenta”.

Y las enumeraba (seleccioné algunas; lo peor es que son verídicas):

“Donde dice: ‘El obispo padecía una encefalitis litúrgica’, debió decir: ‘el obispo padecía una encefalitis letárgica’.

“Donde dice: ‘Era experto en la hazaña de frasco de goma’, debió decir: ‘era experto en la hazaña de Vasco da Gama’.

“Donde dice: ‘El Ministro es un brujo para el país’, léase ‘el Ministro es un lujo para el país’.

“Donde dice: ‘Yo mamo con fruición a mi patria’, debió decir: ‘yo amo con fruición’.

“Donde dice: ‘El hacendado conoce muy bien la flojera por haberla experimentado en su propia viña», debió decir: ‘El hacendado conoce muy bien la filoxera’.

“Donde dice: ‘Se acercaba el momento manuscrito de la interpelación’, debió decir: ‘el momento más crítico’.

“Donde dice: ‘Chile adhirió al Pacto, en principio, con salvavidas’, debió decir ‘con salvedades’.

“Donde dice: ‘La señora Fulana de Tal amenazó la ceremonia cantando’, debió decir, ‘la señora amenizó’.

“Donde dice: ‘La Exposición de animales fue declarada fiesta oficial durante el ejercicio de mi mampato’, debió decir: ‘de mi mandato’.

“Donde dice: ‘El coronel Perón fue arrestado cuando salía de la piscina con levita’, debió decir: ‘con la Evita’.

Donde dice: ‘El Manolito quedó muy airoso entre los falderos del Cerro’, debió decir: ‘el monolito quedó muy airoso entre los faldeos del cerro’”.

Parafraseando, parece que todo cambia pero todo sigue igual. Incluso en ese periodismo en que ya no se recurre a las viejas linotipias.

Lillian Calm

Periodista

TEMAS Y NOTICIAS, 7-06-2018

 

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Humor

Se cuenta que durante una cacería, el rey Alfonso XIII decidió permanecer un rato sentado a la sombra de un árbol para así poder descansar un poco, mientras sus compañeros de la partida de caza continuaron con la actividad.

Poco después se paró frente a él un campesino que estaba de paso, quien le preguntó al monarca si era verdad que por allí andaba el rey y de ser afirmativo le podía indicar quién era, pues le gustaría conocerlo personalmente.

Alfonso XIII se incorporó y pidió a aquel hombre que lo acompañara hasta donde se encontraba el resto de cazadores de la montería y podría averiguar quién era el rey porque todos los presentes estarían con sus cabezas descubiertas menos él.

Al alcanzar al resto de la partida, todos se descubrieron ante el rey a excepción del campesino.

-«Ahora ya sabe usted quién es el rey» comentó Alfonso XIII

A lo que el hombre contestó:

-«Una de dos. O es usted o soy yo, porque somos los únicos que seguimos con el sombrero puesto»

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El 8 de octubre de 1881, durante la inauguración de la línea férrea que unía las capitales de Madrid y Lisboa, con paso por Cáceres, el rey Alfonso XII tuvo un despiste a la hora de pronunciar unas palabras, en las que vitoreó a la ciudad de Cáceres.

Rápidamente fue advertido de su error, ya que no era ciudad sino villa, a lo que el monarca muy digno contestó:

«Pues desde hoy es ciudad»

Y así fue, ya que pocos meses después, el 9 de febrero de 1882, Alfonso XII ratifico sus palabras y nombró oficialmente ciudad a la hasta entonces villa de Cáceres.

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