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Aviador, pero nunca tenista. ¿Quién era Roland Garros?

Aviador, pero nunca tenista. ¿Quién era Roland Garros?

Aviador, pero nunca tenista. ¿Quién era Roland Garros?
mayo 31

Cuando se conmemoran 100 años de su muerte, el grande francés homenajea al hombre que dio nombre al torneo parisino, abatido en 1918, con 29 años, durante una ofensiva en la Primera Guerra Mundial

 

 

Ayer, por las calles de todo el recinto, muchos aficionados portaban orgullosos un pequeño suplemento en el que no aparecían Nadal, Djokovic ni Sharapova; de hecho, en sus páginas no había ni rastro de un tenista. En la portada, un retrato antiguo de un hombre de mirada desafiante, perfilado, con una boina invertida y un curioso mostacho. Una imagen que, aparentemente, le hace tener muy poco que ver con la raqueta. Aparentemente.

Se trataba de Roland Garros, l’homme qui flirtait avec les nuages, le describía un titular de Paris Match. El mito, el combatiente, el aviador que flirteaba con las nubes y que en contra de lo que mucha gente pueda pensar jamás jugó profesionalmente al tenis. Porque fue un símbolo, héroe patrio y origen del nombre del gran torneo francés en 1928, pero nunca tenista.

Se cumplen este año, precisamente, los 100 años de su desaparición y París prepara grandes fastos que irán aconteciendo a lo largo de las dos próximas semanas. “Todo es poco para honrarle”, dice el director del torneo, el exjugador Guy Forget, para recordar a Eugène Adrien Roland Georges Garros, el pionero aéreo nacido en la isla Reunión, al sureste de África, y fallecido 30 años después, durante un combate en las Ardenas, cerca de Vouziers. Un hombre que dejó huella en el aire y la memoria histórica de Francia, pues se convirtió en el primer piloto que logró atravesar el Mediterráneo sin paradas, en 1913, mediante una travesía que partió de Fréjus y concluyó en Bizerta (Túnez), por debajo de las seis horas.

Aficionado al tenis y al ciclismo, ese mismo año logró establecer un nuevo récord de altitud, al alcanzar los 18.410 pies, y uno después, con el estallido de la Primera Guerra Mundial, se enroló voluntariamente en las fuerzas aéreas del ejército francés. Su pericia entre las nubes no impidió que en 1915 tuviera que llevar a cabo un aterrizaje forzoso en Alemania y allí fuera capturado. Permaneció durante tres años en un campo de prisioneros, pero consiguió escapar al agenciarse un uniforme del bando enemigo. Después de pasar por los Países Bajos y el Reino Unido, regresó a París y reemprendió la lucha. Se subió a lomos de un SPAD S.VII, pero un Fokker D VII de las tropas enemigas le derribó y falleció en 1918, cuando ni siquiera había cumplido los 30 años.

‘Mort pour la France’ y otros honores

Pionero también en el desarrollo de un sistema de ametralladoras que permitía disparar a través de las hélices del avión, a su muerte fue encontrando los reconocimientos. Mort pour la France —distinción nacional en honor a los caídos en combate— y oficial de la Legión de Honor, en 1928 fue tributado para siempre. Un curso atrás, sus compatriotas Rene Lacoste, Henri Cochet, Jacques Brugnon y Jean Borotra —conocidos como Los Cuatro Mosqueteros del tenis francés— derrotaron a Estados Unidos en la Copa Davis, en una serie dirimida en Filadelfia. Para albergar la final, la Federación Francesa (FFT) decidió construir un estadio en menos de un año, muy cercano a la Porte d’Auteuil, que recibió el nombre de Roland Garros.

El precedente apunta a 1981, cuando vio la luz el Campeonato de Francia, pero el nombre definitivo (Les Internationaux de France de Roland-Garros) quedó inscrito después de que derribasen al aviador, hace 100 años. Por eso, su país y el tenis le recuerdan. “Champion des Champions”, sugiere una definición de aquella época. Campeón en las alturas, que no tenista.

Alejandro Ciriza, París.

EL PAÍS, España, 27-05-2018

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