Temas & Noticias



¿Por qué ganó Kennedy?

¿Por qué ganó Kennedy?

¿Por qué ganó Kennedy?

Para que descansen los lectores-electores, evoco algo del pasado no como anécdota, sino como lo que nos ha sido legado como vivencia, como experiencia y como sapiencia. Hay sucesos que nos orientan, que nos enseñan o que nos inspiran. No todas las elecciones son aburridas ni mensas ni inefables. También las ha habido interesantes, inteligentes y memorables

Allá por 1956, John Kennedy se entrevistó con Arthur Schlesinger. Le soltó esta pregunta que más parecía una guasa que algo serio: “¿Puede ser Presidente de los Estados Unidos un hombre joven, católico, de ascendencia irlandesa, nacido en la región de Nueva Inglaterra y originario de una familia rica?”.

El interpelado pensó unos segundos para contestar: “Definitivamente, no en el siglo XX. Quizá en el XXI, aunque no lo creo”. Se apenó por su áspera, aunque sincera respuesta y le pidió, si no le importaba esperar 100 años para ser Presidente, le diera dos semanas para meditar una respuesta más razonada.

Transcurrido ese plazo, le dijo que se sostenía esencialmente en su respuesta original, pero, que si su obsesión presidencial era lo suficientemente firme, podría seguir un programa estratégico de 52 puntos que le había preparado, donde se decía más o menos lo siguiente.

Primero, convertir sus defectos en virtudes. Eso requiere autocrítica madura para reconocer nuestras fealdades y humildad inteligente para maquillarlas. Segundo, si ser joven no es bien visto por todos los electores, hay que ser el candidato absoluto de los jóvenes. El pueblo estaba asustado después de tres presidentes viejos, uno de ellos fallecido en el cargo y otro disminuido por los infartos.

Tercero, quitarse el corte a la “brush” que usan todos los muchachos buenos de Boston y usar un copete como James Dean, pero no igual al de él. Consultó a un estilista italiano quien propuso varios diseños, entre ellos el famoso que le conocimos. Cuarto, muestre su juventud fotografiándose en traje de deporte en la playa y que ello garantice un gobernante con salud, no obstante ser un hombre muy afectado por las lesiones bélicas.

Quinto, sea el candidato de las mujeres. En esto se le pasó la mano. Sexto, que su esposa muestre, con usted, sus trajes de playa y que es joven y bonita. Séptimo, los católicos romanos no gustan en una nación protestante, pero los anglicanos tan solitarios les reconocen y les envidian su valoración por la familia. Así que muéstrese como un clan familiar muy unido y fotografíese siempre con todos ellos.

Octavo…Noveno… etc…etc… 48º, para alcanzar hasta donde usted no gusta, lleve como compañero de fórmula a un analfabeta, de cuna pobre, formado a sí mismo, burdo, grosero, sureño y, si se puede, texano. “¿Qué le parece Lyndon Johnson?, ni mandado a hacer”. 49º, designe a Theodore Sorensen para los discursos, a Robert Kennedy para la estrategia y a Robert McNamara, el presidente de la Ford, para la operación.

50º, obedézcalos con toda disciplina. 51º, por si todo ello no alcanza, encárguele las trampas sucias a Sam Giancana y a su señor padre, Joseph Kennedy, dicho esto con todo respeto.

52º y último, desígneme como jefe de su campaña y págueme hasta el día siguiente de que gane las elecciones. Ni un día antes porque va a desconfiar de mí, ni un día después porque voy a desconfiar de usted. Si hace todo ello, no le garantizo nada, pero puede ser que gane, aunque muy apretadamente. Y así sucedió.

Por eso dice el propio Arthur M. Schlesinger que él no hizo a un presidente, sino que él construyó una leyenda. En ese mismo sentido puede decirse que Kennedy no fue un candidato. Kennedy fue un invento. ¡Qué maravilla de la alta política!

Así podemos explicarnos la razón por la que un candidato con tantas desventajas, como John Kennedy, pudo vencer a otro con tanto equipamiento, como Richard Nixon. Kennedy era un insumo al que convirtieron en un producto. Pero ya tenía lo imprescindible. A nadie le queda duda de que era valiente y patriota, entre otros atributos. Porque, ¿cuántos asesores se necesitarían para prestarle valentía a un gobernante cobarde? ¿Cuántos colaboradores se requieren para convertir en leal a un traidor? ¿Con cuántos empleados se puede convertir en patriota a quien no lo es?

El Pulitzer de Kennedy ha sido considerado como el mejor libro escrito sobre la valentía política. Siempre se ha dicho que fue escrito por Theodore Sorensen. Me queda en claro que, sin la pluma de Sorensen, no se hubieran escrito Perfiles de valor ni Yo soy berlinés. Pero, sin Kennedy, Sorensen habría sido un maestro universitario que nunca hubiera escrito un libro que se convirtió en un Pulitzer ni un discurso que se convirtió en una leyenda.

En la política real, por cierto la única en la que creo, la conseja sigue vigente y lo que la naturaleza no lo da, Salamanca no lo presta. Quod natura non dat, Salmantica non praestat.

 José Elías Romero Apis, Presidente de la Academia Nacional de México

EXCELSIOR, 27-04-2018

Social

Powerpoint de la semana

Video Recomendado

Psiquiatra Marian Rojas Explica Que Es La Ideología De Genero
LA DEVOCION MARIANA DE UN SANTO
Asombroso lo que hizo
Intervención Cerro San Cristóbal

Humor

Cuando en 1865 se realizó la autopsia al doctor James Barry, cirujano del ejército británico en la batalla de Waterloo, se descubrió que era ¡mujer! El estudio de la Medicina estaba prohibido para las mujeres en esa época.

-------------------------------------------

En 1898, catorce años antes de que el Titanic zarpara, el marino norteamericano Norman Robertson escribió una novela llamada Futilidad, sobre un lujoso barco que se hunde en su viaje inaugural al chocar con un iceberg en el Atlántico. La nave era la más grande del mundo, con un casco triple, imposible de hundir. Sus pasajeros eran la flor y nata de la aristocracia y no había suficientes botes salvavidas. ¿El nombre del barco imaginario? Titan.

-------------------------------------------------------