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La VIII Cumbre de las Américas: Cocktail explosivo (territorio minado)

La VIII Cumbre de las Américas: Cocktail explosivo (territorio minado)

La VIII Cumbre de las Américas: Cocktail explosivo (territorio minado)

Un verdadero bautismo de fuego para el presidente Martín Vizcarra.

Previo a la Cumbre, el secretario general de la OEA, Luis Almagro se reunió con el presidente Vizcarra (foto) y reconoció la sólida agenda de Gobierno con objetivos claros en fortalecimiento institucional, crecimiento económico y lucha contra la corrupción, ejes centrales de la próxima reunión. (Foto: Sepres)

Nunca una Cumbre de mandatarios es simple. Pero esta Cumbre de las Américas puede pasar a la historia como el cortocircuito más grave nunca visto.

Asistentes controversiales deben tratar temas tan sensibles como la crisis democrática en Venezuela, el muro de Trump, la imposición de tarifas comerciales, las repercusiones de la política migratoria y los efectos devastadores de la corrupción.

El escenario de la Cumbre

El señorial escenario de una Lima tradicionalmente acogedora y alegre está perturbado. Quien debió ser el anfitrión de la cita (PPK) pelea para no correr la misma suerte de su antecesor Ollanta Humala (encarcelado), Alejandro Toledo (de quien fuera ministro y hoy prófugo) y Alberto Fujimori (a quién indultó para salvarse de su destitución encabezada por Keiko y gracias a las gestiones de su hermano Kenyi).

Sin saberlo, PPK hizo del tema de la Cumbre la soga que lo colgó: “la corrupción y la gobernabilidad democrática”. Nada más ni nada menos. La Cumbre va camino de ser la casa del jabonero.

Frente a esta situación, los habitantes de Lima -y de todo el Perú- están más agitados que de costumbre. Y eso es un mal anticipo. El indulto a Fujimori caldeo un ambiente que estaba a punto de ebullición. Los partidos políticos -anémicos, fracturados y desprestigiados- carecen de peso político ante las masas. El sucesor de PPK (el presidente Vizcarra) tiene aún que demostrar sus dotes de conductor frente a un congreso en el cual carece de mayoría y en el que la mediocridad, salvo excepciones que confirman la regla, parece ser lo único sobresaliente.

Los ingredientes

El cocktail de la Cumbre se completa con sus asistentes. A la agitación social, se viene a mezclar la anunciada (y negada) presencia del insistente presidente venezolano, Nicolás Maduro. Dado el caos en que ha sumido a su país, los venezolanos han inundado Perú (y otros países de América Latina) y piensan manifestar su oposición a su eventual presencia. También en esta línea están influyentes grupos políticos peruanos.

Otros grupos apoyan la presencia de Maduro por considerar que el venezolano, por ser jefe de estado, debe participar. Argumento falso pues no hay normas en la OEA que obliguen a aceptar a un presidente; prima el derecho del presidente peruano de aceptar o rechazar la presencia.

Maduro es, por tanto, otro ingrediente del cocktail potencialmente explosivo; existen otros mandatarios asistentes (como el cubano Raúl Castro, el boliviano Evo Morales, el nicaragüense Daniel Ortega y algún primer ministro caribeño) que objetarán la posible inasistencia de Maduro. Mientras, Panama acaba de anunciar fuertes medidas contra 55 altos funcionarios venezolanos (incluidos Maduro y Diosdado) para evitar el lavado de dinero. ¿Lo seguirá la Cumbre? Ya EE.UU. las tiene; el Grupo de Lima debería hacerlo.

El otro ingrediente explosivo se llama Donald Trump, quien ha hecho de los desplantes y las groserías un elemento clave de su práctica política. En el reino de las contradicciones que es la conducta de Trump, su cálida disposición favorable hacia autócratas impresentables (Putin, Xin-Ping, Duterte, Erdogan, Asisi) se convierte en un agrio rechazo cuando se trata de un latinoamericano (Castro, Maduro).

Reaparece el potencial explosivo de la combinación, especialmente si asistiera acompañado de su nuevo secretario de estado (Mike Pompeio) y de su designado asesor de seguridad nacional (John Bolton), considerados “halcones” en sus posiciones contra Cuba y Venezuela (y el mundo en general).

Los temas

Si bien el proceso de una cumbre incluye el cuidadoso trabajo de cada tema en particular para limar las aristas por parte de los países, existen temas que son contenciosos en sí mismos. El propio tema de la Cumbre -el combate contra la corrupción- debe manejarse con tino pues se ubica entre la declaración anodina (para no afectar intereses de los asistentes) y las menciones específicas que puede volverse contra alguno de los mandatarios.

Un tema más irritante será la situación de la democracia en Venezuela y de las consecuencias catastróficas de la crisis humanitaria, sanitaria, económica y política que afecta al país y que alguno de los asistentes atribuyen al autoritarismo del chavismo (el Grupo de Lima) y otros a la agresión “imperial” de la administración Trump (los bolivarianos). El punto de ignición estará en las eventuales medidas que pudiese adoptar la Cumbre para debilitar al gobierno venezolano (que traería reminiscencias de la expulsión de Cuba en Punta del Este en 1964).

Uno de los objetivos del estadounidense es frenar la creciente intervención de China y Rusia en el “patio trasero” de EE.UU.; algo más que difícil con las contradictorias medidas que plantea Trump.

Su muro en la frontera con México será otro tema urticante. Toda América Latina y el Caribe lo consideran ineficaz para combatir la inmigración ilegal y el tráfico de drogas (objetivos planteados por Trump) y como resultado de una política racista del mandatario estadounidense. Las consecuencias catastróficas de la política migratoria de Trump, a partir de las deportaciones, sobre los países afectados seguramente afectarán estas conversaciones.

Organismos de defensa de los inmigrantes denuncian que Trump y su Fiscal General Jeff Sessions han implantado un régimen de terror contra la población migrante, practicando redadas en los tribunales, colegios y hospitales y han autorizado recientemente la deportación de mujeres embarazadas que gozaban de una protección especial.

Están, por fin, los temas de comercio internacional que ha sido una de las últimas bombas arrojadas por Trump. Brasil, Argentina y México se ven afectados por las tarifas y este último, además, con la revisión global del Tratado de Libre Comercio de América del Norte que involucra a Canadá. Un problema gravísimo. Una prueba de fuego para el presidente Martín Vizcarra y la diplomacia peruana.

Luis F. Jiménez. CARETAS, Perú, 05-04-2018

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