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La mentalidad que late bajo los abusos en la ayuda internacional

La mentalidad que late bajo los abusos en la ayuda internacional

La mentalidad que late bajo los abusos en la ayuda internacional

Los recientes escándalos protagonizados por organizaciones de ayuda internacional pueden tener, entre otros, un motivo profundo: el desconocimiento de los países en los que trabajan y la distancia entre locales y extranjeros, fomentada por el prejuicio del “salvador” en un país “incivilizado”. Acabar con esta mentalidad puede ser el primer paso para que los proyectos de desarrollo sean más eficaces.

La cooperación internacional no vive su mejor momento. Con el reciente escándalo de explotación sexual protagonizado por Oxfam y las numerosas acusaciones de sexismo y acoso en otros organismos de ayuda internacional, estas organizaciones pierden credibilidad y muchos de sus donantes comienzan a plantearse cuestiones generales sobre su finalidad y el impacto que tienen en el desarrollo de un país (ver “Opacidad humanitaria”: Aceprensa, 20-02-2018). Muchos cuestionan sus modos de trabajar y los objetivos que persiguen, así como la ética con la que se mueven en el terreno.

Primero, escuchar

Hay quienes explican los lamentables hechos que han ocurrido como resultado lógico de la actitud con la que estas organizaciones trabajan. La columnista Afua Hirsch explica en The Guardian (20-02-2018) que muchas veces las organizaciones de ayuda se han fundado bajo un prejuicio de “salvadores”, heredado del colonialismo que ve a los países que reciben ayuda humanitaria como carentes de “valores civilizados”. Esto facilita que se fomenten actitudes de poder en las que los enviados por las organizaciones se sienten “con derecho” de abusar de los locales.

Esta visión se debe a una profunda ignorancia respecto a las tradiciones y valores de los países en los que se trabaja. Ebele Okoye, directora del proyecto AMAD en Nigeria (ver Aceprensa, 8-03-2018), asegura que “no podemos olvidar que estas organizaciones han hecho muchas cosas buenas, pero tienen que mejorar sus proyectos y sus planes. Lo importante es escuchar a las personas del lugar antes de traer un proyecto”.

En este sentido, Okoye explica que a menudo, las organizaciones de ayuda internacional invierten mucho dinero en proyectos que han diseñado ellas mismas sin tomar en cuenta a los africanos, con diseños que vienen de afuera y que no cuajan en la mentalidad africana. “Las soluciones para África tienen que venir de África. No tenemos que hacer de África una ‘buena copia’ de Europa”.

Algo similar opina María Rodríguez, quien trabaja en Junkabal, una asociación para la formación técnica e inserción laboral de la mujer en Guatemala. “En algunas ocasiones –dice–, las organizaciones no gubernamentales extranjeras siguen una agenda global de desarrollo cuyos parámetros no están adaptados al contexto del país de intervención. Las grandes agendas de desarrollo u objetivos de proyectos de desarrollo tienen un enfoque vertical, en lugar de uno horizontal que tome en cuenta las necesidades y deseos de las poblaciones beneficiarias”.

Para lograr que estas organizaciones tengan un impacto positivo y sostenible, Rodríguez propone que antes de implementar los proyectos integren un componente de investigación que les ayude a conocer mejor las necesidades de la población.

Planteamientos tóxicos

En cambio, la mentalidad de creerse superior propicia las actitudes de poder y de explotación que hacen posibles escándalos como los denunciados en Haití. Sin embargo, hay quienes alegan que estos planteamientos tóxicos no se manifiestan solo en abusos, sino también en el discurso que rodea a las agencias de ayuda humanitaria. Tal es el caso de las imágenes de los niños en las campañas de recaudación de fondos, o del lenguaje deshumanizador que se utiliza para hablar de las víctimas de los abusos sexuales.

Radi-Aid es una campaña organizada por un grupo de estudiantes y académicos en Noruega que busca mostrar de forma satírica lo absurdo del discurso que rodea muchas veces a la cooperación internacional. Todos los años entregan un premio a los anuncios que son más contraproducentes a sus objetivos, por oscurecer las causas de la pobreza y presentar situaciones simplificadas y a las personas como sujetos pasivos necesitados de ayuda.

Este año, uno de los “galardonados” con el premio “Radiador Oxidado” fue el muy criticado anuncio de Comic Relief que mostraba al cantante británico Ed Sheeran en Liberia anunciando que para ayudar a un niño, iba a pagarle un hotel hasta que pudiera encontrar un hogar estable para él. Radi-Aid también entrega el premio “Radiador de Oro” a aquellos anuncios que mejor utilicen la narrativa para huir de los estereotipos y mostrar las situaciones de manera más completa y contextualizada, como una campaña de War Child Holanda

Como estas existen muchas otras iniciativas, como la Barbie Salvadora en Instagram, que con sus montajes busca criticar esta realidad del “voluntariado turístico”, en el que muchos van a ayudar a comunidades necesitadas, pero que a veces termina siendo contraproducente y poco eficaz en vez de crear un impacto positivo.

Es conveniente pensar en los proyectos como iniciativas de inversión social, en las que el capital invertido debe crear retornos para todos

Remar juntos

En la búsqueda de soluciones a estas cuestiones complicadas, nos dice Okoye que es importante apoyar proyectos dirigidos por las personas originarias del lugar al que se quiere ayudar: “Cuando voy a estas áreas rurales aprendo mucho de ellos. En Nigeria somos pobres y tenemos muchos problemas, pero hay mucho que aprender ahí”.

Por su parte, Rodríguez explica que el desarrollo debe ser una cuestión que incluya a todos los sectores de la población: civiles, gobierno central y local, iniciativa privada e instituciones de cooperación: “Para que los proyectos de las organizaciones de ayuda internacional sumen al desarrollo de los países de destino, deben estudiar el contexto local y analizar la agenda nacional con el fin de remar juntos hacia el mismo objetivo y llegar más rápido a la meta. De la misma manera, es conveniente pensar en los proyectos como iniciativas de inversión social, en las que el capital invertido debe crear retornos (sociales, ambientales y económicos) para todos”.

Carmen Camey. ACEPRENSA, 04-04-2018

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Humor

El escritor satírico español Luis Taboada (1848-1906) publicó en 1890 un tomo titulado Madrid en broma. A todos y cada uno de sus amigos y conocidos (que, dados su buen humor y su bondad, no eran pocos) les fue diciendo:

—Perdona, chico, si en mi libro te aludo un tanto así... descaradamente. No hay nada de mala intención.

El amigo, intrigado, compraba el libro y no veía en el alusión alguna a su persona. En pocos días se agotó la edición.

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