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El sacrificio del ciervo sagrado

El sacrificio del ciervo sagrado

El sacrificio del ciervo sagrado

Año: 2017. Países: Irlanda, Reino Unido. Dirección: Yorgos Lanthimos. Intérpretes: Colin Farrell, Nicole Kidman, Barry Keoghan, Raffey Cassidy, Sunny Suljic, Alicia Silverstone, Bill Camp. Guión: Yorgos Lanthimos, Efthymis Filippou.Fotografía: Thimios Bakatakis

Sinopsis

Steven, un brillante cirujano, asume bajo su manto a un adolescente. Este último se inmiscuye paulatinamente en su familia y resulta cada vez más amenazante, hasta conducir a Steven a un impensable sacrificio.

Una película con el personal sello malsano y simbólico de su director y coguionista, el griego Yorgos Lanthimos. Que puede fascinar e irritar a partes iguales, a la hora de explorar los temas de la culpa y la expiación. Aunque quizá usar la palabra “explorar” es ser generosos, más valdría decir “apuntar”, porque parece excesivo decir que esta película aborda temas como la responsabilidad profesional, el reconocimiento de los errores y la necesidad de pedir perdón y reparar por ellos.

Sigue a Steve, un prestigioso cirujano, casado con una médico especialista en los ojos, Anna, y que tienen dos hijos, los adolescentes Kim y Bob. Steve tiene una misteriosa relación con otro adolescente, Martin, al que hace caros regalos, como un reloj, y al que invita a cenar a su casa. También acepta una invitación para cenar con la madre de Martin, viuda, el marido era paciente de Steve y murió en la mesa de operaciones. Pronto entendemos que Martin culpa a Steve de la muerte de su padre, y por razones ignotas, Kim y Bob empiezan a sufrir síntomas de una extraña parálisis, además de que son incapaces de digerir alimentos.

Como se ve, la trama pergeñada por Lanthimos y su coguionista habitual, Efthymis Filippou, premiada en Cannes, suena “marciana”, y ciertamente lo es, en línea con su anterior filmografía, que intenta diseccionar con un estilo muy particular a una sociedad enferma, que parece incapaz de reconocer sus problemas y de afrontarlos en caso de hacerlo. De modo que la probable alegoría se ajusta a una cuidada puesta en escena donde abunda el uso de objetivos cortos y grandes angulares, con la presencia de techos opresivos y ventiladores a los techos. Y también a unos trabajos actorales conscientemente fríos y lacónicos –es lo que toca a los contenidos Colin Farrell, Nicole Kidman, Barry Keoghan, Bill Camp y compañía, que deben evitar los aspavientos a toda costa, y hablar de naderías, como el hecho de que en las comidas se reservan para el final tomar las patatas, o mostrar el correcto uso de la seda dental–, con un punto buscado de artificiosidad, en que igual se prestan a perversiones sexuales, que a reuniones sociales, encuentros a deshoras, posturitas en el lecho, avances arrastrándose por el suelo…

José María Aresté. DeCine21

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Humor

El escritor satírico español Luis Taboada (1848-1906) publicó en 1890 un tomo titulado Madrid en broma. A todos y cada uno de sus amigos y conocidos (que, dados su buen humor y su bondad, no eran pocos) les fue diciendo:

—Perdona, chico, si en mi libro te aludo un tanto así... descaradamente. No hay nada de mala intención.

El amigo, intrigado, compraba el libro y no veía en el alusión alguna a su persona. En pocos días se agotó la edición.

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