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Sin espacio para ensayos

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El deterioro del contexto económico apunta a que la nueva administración no tiene tiempo que perder.

 

La tradición manda que, cada cinco años, cuando asume un nuevo presidente, se le otorgan algunas semanas o meses de espacio para que pueda acomodarse en el cargo, armar su equipo, plantear sus prioridades y empezar a trabajar. En aras de la justicia y ponderación, a nadie se le ocurriría evaluar el desempeño de una administración entrante ni bien esta ha puesto el primer pie firme en Palacio de Gobierno.

Lamentablemente para el presidente Vizcarra (foto), la ventana de oportunidad de la que dispone para tomar las riendas y poner en marcha su plan de trabajo es corta. No solo porque la situación política es sensible y demanda reflejos afilados –como los que habría mostrado al separar rápidamente al ministro Giuffra de su cargo al frente del Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC) y al visitar las obras de reconstrucción del norte–, sino porque la situación económica necesita del impulso que puede imprimirle un gobierno decidido y con apoyo político.

En este sentido, han llamado particularmente la atención las cifras de inversión pública alcanzadas en marzo de este año. Esta habría caído 12% en dicho mes luego de crecer a tasas altas en enero y febrero. Según diversos analistas, el resultado se debe a la crisis e incertidumbre política generadas por el proceso de vacancia y la posterior renuncia del presidente Kuczynski. El temor de algunos funcionarios públicos a transferir fondos a empresas vinculadas con el llamado ‘club de la construcción’ para obras ya licitadas habría agravado la situación.

Aunque comprensible, la caída de la inversión pública es preocupante, sobre todo en un año en el que esta debería jugar un papel fundamental en la economía a través de la reconstrucción del norte del país luego de los estragos de El Niño costero. Los avances en la reconstrucción, de hecho, han sido pobres: a la fecha no se ha logrado adjudicar mucho más del 11% del presupuesto asignado y las necesidades insatisfechas de la población afectada podrían bien transformarse en un frente político complicado para la nueva administración si no se da prioridad al asunto. Al ritmo que va, será muy difícil que el crecimiento de la inversión pública alcance las optimistas proyecciones del MEF para el 2018, y ello tendrá como correlato necesario en una menor expansión del PBI.

La inversión privada, aunque dependiente en menor medida de acciones del Ejecutivo que la inversión pública, también está esperando señales auspiciosas. El gobierno entrante tiene la responsabilidad de facilitar la puesta en marcha de proyectos privados que cumplan con todos los requisitos de ley para operar y que permanecen paralizados por circunstancias ajenas a su control. El impulso que pueda dar, por ejemplo, a proyectos como la mina Tía María será fundamental para la reactivación económica y de las expectativas.

La efectividad y presteza con la que pueda actuar el presidente Vizcarra en estas circunstancias dependerá, en buena cuenta, del equipo ministerial que presente en estos días y de los puentes políticos que pueda tender en las próximas semanas. Sobre lo primero, la experiencia en gestión pública y la voluntad política de los nuevos miembros del Gabinete para sacar las cosas adelante serán cruciales para dotar de velocidad a la inversión pública y privada. Sobre lo segundo, los entendimientos y el trabajo político conjunto no deberán ser solo con el Congreso, sino también –y quizá sobre todo para lo que a inversión pública se refiere– con los gobiernos regionales y locales. El pasado del presidente Vizcarra como gobernador regional de Moquegua es un activo importante al respecto, pues lo acerca a la problemática y a las limitaciones institucionales de los gobiernos subnacionales que deben ejecutar hoy buena parte de la inversión pública y facilitar la inversión privada.

Contrario a otros presidentes de estreno, pues, el presidente Vizcarra no tiene espacio para ensayos ni tiempo que perder. Las circunstancias no le concedieron esa gracia, pero sí una oportunidad real para dejar al país mejor de lo que lo encontró. Si la voluntad y la capacidad existen, que el tiempo apremie no será excusa.

Editorial. EL COMERCIO, Lima, 02-04-2018

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A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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