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Joan Miró, una tarea titánica de superación

Joan Miró, una tarea titánica de superación

Joan Miró, una tarea titánica de superación
abril 05

El periodista Josep Massot (foto) publica El niño que hablaba con los árboles (Galaxia Gutenberg), la primera biografía completa del artista

 

Son varios los episodios a los que Joan Miró tuvo que hacer frente a lo largo de sus 90 años de vida. Empezando por un padre estricto, pasando por los círculos artísticos de Barcelona en los que servía las veces de mofa, hasta las barbaries protagonizadas por el ser humano que marcaron el siglo XX y le hicieron exiliarse. Sin embargo, nada de ello quebró su afán de superación y trabajó para llevar a cabo la revolución del arte de su época al tiempo que mantuvo a sus demonios controlados. Su trayectoria vital se cuenta, por primera vez, en El niño que hablaba con los árboles (Galaxia Gutenberg), una biografía repleta de detalles e historias inéditas que firma el periodista Josep Massot (Palma de Mallorca, 1956).

Joan Miró “era el único artista que ha revolucionado el arte del siglo XX que no contaba con una biografía exhaustiva y personal”, recuerda Massot. Era un hombre tan hermético, tímido y cerrado que “mantenía su intimidad bajo siete llaves”. Por eso, cuando un biógrafo se acercaba a su vida personal se encerraba en sí mismo. No es el primero en intentar abordar la titánica tarea de poner por escrito todos los vaivenes del artista y su familia pero sí quien ha conseguido culminarla. Y lo hace centrándose de manera extensa en los años que van desde su nacimiento en 1893 hasta 1947. No se trata de azar ya que estas fechas “corresponden a la construcción de su lenguaje artístico. Era importante contar su itinerario vital y su evolución como artista”, sostiene.

La burla como energía para revolucionar el arte

 

Pregunta.- Del libro se extrae que había una barrera en la relación con su padre. ¿Cómo le influyó a él como persona y a su manera de entender el arte?

 

Respuesta.- La relación con su padre era básica. Miró era un rebelde con un temperamento y unos demonios interiores muy grandes. Ese espíritu de rebeldía se enfrentaba con su padre, que era hijo de un herrero y quería que su hijo siguiera la tradición familiar. Veía que la pintura no le llevaba a ningún sitio y que no valía nada. Él tenía que demostrárselo a sí mismo, a su padre y también a su entorno, un ambiente artístico anclado en la búsqueda de la raíz mediterránea y el folclore. Él buscaba superar esto y liderar el arte de vanguardia universal. Quería ser el número uno por encima de Picasso, era un reto personal.

También los artistas catalanes se mofaban de él porque no entendían su arte pero Miró “convertía la burla en energía para la revolución artística”. Toda su lucha “fue una tarea titánica de superación de sus carencias como pintor, era un gran colorista pero no sabía pintar volúmenes”, explica Massot. Pero, quizá, ser un incomprendido hizo que Miró se convirtiera en el artista que hoy conocemos.

joan miro

Joan Miró

Uno de los objetivos de Massot con esta biografía es el de desmontar algunos de los clichés que tenemos sobre el poeta tridimensional del surrealismo. Se le recuerda, debido a la memoria reciente, como un señor siempre pegado a su mujer, una persona hermética y aislada. Sin embargo, las más de 800 páginas que componen El niño que hablaba con los árbolesdesmontan semejante idea. Miró estuvo en contacto con los artistas de su época y mantuvo correspondencia con algunas de las mentes más importantes como Kandinsky y Paul Éluard.

P.- Parte los tópicos que se tienen del artista los estableció Josep Pla con su animadversión hacia Miró. ¿Cuáles son los más extendidos?

R.- Pla tenía muy mala uva y cada vez que hacía un retrato absorbía al retratado hasta convertirle en una creación propia. Los clichés eran los de hombre hierático y payés, sobre todo este último. Miró tenía una finca en Montroig y una de las cosas que más contemporáneo le hicieron fue su comunión con la naturaleza y su proximidad con la tierra. Pero no era un payés, él no soportaba al hombre conformista sin curiosidad por las cosas. Miró se marchó de Barcelona en 1920 a París porque le asfixiaba la mediocridad del ambiente catalán. A su vuelta quiso que su ciudad dejara de tener ese provincianismo y formó parte de un grupo [GATPAC] liderado por Josep Lluís Sert y formado por arquitectos, fotógrafos y urbanistas para modernizar la ciudad. También quería romper con la idea del aislamiento en el que se le encasilla porque no es cierto, siempre quería trabajar en grupo. Creo que ese error de hombre aislado se corrige en el libro.

Para no caer en el academicismo ni acabar siendo una biografía dirigida tan solo a los expertos, Massot ha abordado su confección desde una perspectiva periodística empleando las técnicas del periodismo de investigación. Bucear en los archivos de la época y buscar los testimonios orales de la gente que lo conoció ha sido fundamental pero también ha ayudado el hecho de haber conocido al artista como el abuelo de su amigo. Escrito de manera ágil y con un sinfín de detalles, a El niño que hablaba con los árboles se puede acercar todo tipo de lector; desde el experto, que va a encontrar historias nuevas, al que se siente frustrado cuando ve una obra de Miró y no tiene las claves para entenderla.

Exilio con el estallido de la guerra civil

Esta es la historia reciente que rescató un historiador y que Massot reproduce en su biografía: “La hermana de Miró se casó con Galobart, un cacique de la zona de Vic que tenía a sus campesinos explotados. Pocos días después del golpe de estado del 18 de julio de 1936 Suñol, presidente del Fútbol Club Barcelona y parlamentario de ERC en las Cortes de Madrid, le requisó las armas de caza” y varios enseres más. El 21 de julio volvieron a revisar su casa, lo que propició que Dolors Miró y su marido se refugiaran en casa de su cuñado Josep Boixaderas. El 14 de agosto este último fue asesinado y un día más tarde Galobart cayó abatido.

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La masía, 1921-22

Antes estas circunstancias y frente a la amenaza del anarquista Malenas con quemar la capilla de su masía, Miró decidió trasladarse a Francia junto a su familia. Su vida no corría peligro pero sí podía ser encarcelado por su posición republicana.

 

Mallorca, un escondite durante el franquismo

La pericia del retorno bien podría ser contenido para una película. En verano de 1939 se hospedaron en una casa en la localidad francesa de Varengeville cerca del artista Braque. Allí, cuando Miró creía estar a salvo por la cercanía de un hospital, estalló la que llamaron ‘guerra de broma’. “Francia declaró la guerra a Alemania porque había invadido Polonia”. A mediados de mayo la guerra dejó de ser de broma y pilló al artista pintando su serie Constelaciones”. El azul marino que empleaba en sus lienzos lo utilizó también para pintar los cristales de las ventanas de su casa “para que la aviación alemana no viera si de noche tenía las luces encendidas”, explica Massot.

Poco después “hicieron un viaje infernal desde allí hasta Ruan con la idea de llegar a París pero lo que se encontraron fue el caos; soldados heridos, muerte y sin sitio en los trenes”. En ese contexto conocieron a dos enfermeras que se apiadaron de ellos y “los metieron en un vagón en el que tuvieron que viajar de pie”. Finalmente llegaron a París y visto el avance de Hitler la familia apenas tenía tiempo para pensar. Miró creyó que debían huir a Estados Unidos pero no quedaban pasajes, y Juncosa, tras el colapso de su madre en Barcelona, que tenían volver a España. “El artista tenía miedo porque había firmado un texto antifascista y había denunciado los bombardeos”, arguye Massot.

En este punto, como todo historiador, Massot se ha encontrado con que hay archivos que no se pueden consultar, como los del Ministerio de Exteriores para saber cómo Miró pudo entrar en España en 1940 “en pleno franquismo con un pasado republicano bastante evidente”. Le dijeron que los archivos de Perpiñan se habían perdido pero ha podido saber que con un cónsul carlista, Román Oyarzun, fue quien le “extendió el visado para entrar en España”. No obstante, la incógnita que queda es la siguiente: ¿Oyarzun consultó con el gobierno de Franco o fue una concesión personal?

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Carnaval de arlequín, 1924-25

Sea como fuere lo hizo, pero tampoco tardaron mucho en volver a dejar Barcelona. La familia volvió a la masía pero Miró tenía miedo de ser delatado. “Su mujer era mallorquina y su suegro les alquiló una casa en Mallorca, donde se escondió hasta 1942, cuando empezaron los indultos parciales del franquismo”, recuerda el periodista. Allí comenzó una nueva etapa de superación, algo que consiguió terminando las Constelaciones.

“Miró pertenece a una generación de artistas e intelectuales que, cansados de ver a dónde había llegado el ser humano, quisieron buscar un mundo nuevo. Frente a las barbaries del ser humano Miró buscó recuperar la frescura y el poder creativo del niño con las armas del adulto”. Además, “tuvo el coraje de nunca aceptar el mercado ni las consignas de la moda construyendo y destruyendo los territorios conquistados, intentando no repetirse y caminando siempre por la cuerda floja como un funambulista con el peligro de romperse la crisma”.

Saioa  Camarzana. EL CULTURAL, España, 23-03-2018

 

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Humor

Un insistente desconocido solicitó ser recibido por Bernard Shaw. Este, después varias negativas, para quitárselo de encima, lo recibió de pie, como para anunciar que la entrevista sería corta. El desconocido le pidió dinero con el siguiente argumento:

—Somos de la misma familia, y es justo que nos ayudemos unos a otros.

—¿De la misma familia? —preguntó Shaw.

—Sí, los dos descendemos de Adán y Eva.

Shaw, sin discutir, le dio un chelín y le dijo:

—Ahí va esto. Y si los demás miembros de la familia le dan lo mismo, no tardará en ser mucho más rico que yo.

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