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Arzobispo de Karachi: La ley de la blasfemia causa problemas a cristianos y musulmanes

Arzobispo de Karachi: La ley de la blasfemia causa problemas a cristianos y musulmanes

Arzobispo de Karachi: La ley de la blasfemia causa problemas a cristianos y musulmanes

En Pakistán la introducción de la Ley de la Blasfemia a finales de los 80 ha promovido dar rienda suelta al revanchismo. Basta acusar a una persona de haber faltado al respeto a Mahoma o al Corán para poner en riesgo su vida.

 

Joseph Coutts, arzobispo de Karachi, explica que esta herramienta es un azote para todos, no solo para las minorías religiosas. Recuerda el caso de Mashal Khan: musulmán, 24 años, estudiante de Comunicación. En abril de 2017 decenas de personas lo sacaron de la habitación de su residencia universitaria, lo desnudaron, lo golpearon, le dispararon y lo arrojaron desde un segundo piso.

“Esto fue un shock para todos. Su padre dijo: ‘Yo no creo que mi hijo haya hablado mal contra el profeta Mahoma. No podría haber hecho algo así, era un buen musulmán’. De hecho tomó las riendas de la situación y pidió al gobierno y a la policía iniciar una investigación seria”.

La investigación dio sus frutos y el tribunal paquistaní encargado del caso tomó una decisión enérgica: condenó a 31 personas, 5 de ellos a cadena perpetua y uno a muerte.

Coutts explica que casos como este, el de Asia Bibi y tantos otros muestran que la ley de blasfemia se ha convertido en un flagelo.

“El problema de la ley de la blasfemia es que puede ser fácilmente mal utilizada y esto es lo que está pasando. Si se acusa a alguien por blasfemia o por faltar al respeto al Libro Sagrado, el Corán, es muy fácil ponerla en problemas. La religión para nosotros es un tema muy delicado, todos se exaltan al hablar del tema”.

El arzobispo de Karachi dice que a pesar de que los cristianos son un blanco fácil su ejemplo no pasa desapercibido en Pakistán. El caso más claro fue el de la religiosa alemana Ruth Pfau. La religiosa dedicó casi 50 años de su vida a cuidar de los leprosos del país. Murió en 2017 a los 87 años. La llamaban la “Madre Teresa de Pakistán”.

“Y el gobierno de Pakistán le hizo un funeral de Estado. Este tipo de cosas las puedo decir con orgullo y estoy seguro de que mis amigos musulmanes aceptarán lo que la Iglesia está haciendo a pesar de tener tan poca capacidad”.

La ley de la blasfemia ha demostrado ser un recurso fácil para resolver cuestiones personales y el aumento del fanatismo puede complicar las cosas para las minorías cristianas. Estas no llegan al 4% de una población de 200 millones de habitantes.

El Papa conoce de primera mano la situación de Pakistán. A finales de febrero se reunió con los familiares de Asia Bibi y a mediados de marzo con los obispos del país.

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A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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