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Con el rifle cargado

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Con el rifle cargado

Si una empresa no quiere verse asociada con una organización como la NRA (Asociación Nacional del Rifle) porque considera que el derecho incontrolado a las armas acaba convirtiéndose en una amenaza para las vidas ajenas, ¿por qué un médico objetor del aborto o de la eutanasia no va a tener derecho a mantenerse al margen de prácticas que condena?

Cada vez que se produce una matanza por tiroteo indiscriminado en EE.UU. se dispara el debate sobre el control de armas. Tras la última en el colegio de Parkland ha vuelto a repetirse el escenario: denuncias contra el fácil acceso a las armas, defensa a ultranza de este derecho por parte de la Asociación Nacional del Rifle (NRA), propuestas políticas de restricciones, que al final nunca llegan a puerto. Lo nuevo del caso es que el tiroteo de Parkland parece haber herido también a la NRA. Aunque sería mucho decir que la NRA está k.o., de repente se ha visto contra las cuerdas ante la opinión pública.

La oleada de críticas a la NRA en las redes sociales y en los medios no es algo que no hayamos visto otras veces. Lo nuevo es que importantes compañías, que colaboraban de un modo u otro con la NRA, han empezado a distanciarse de ella como si fuera un material tóxico.

La NRA, que dice contar con cinco millones de asociados, ha mantenido acuerdos con muchas compañías, que ofrecen a sus miembros descuentos, planes especiales, presencia en eventos… Consciente de su fortaleza e intratable en su oposición al control de armas, la NRA reaccionó ante la matanza de Parkland acusando de liberticidas a los que “intentan acabar con la Segunda enmienda de la Constitución”.

Pero esta vez debe afrontar una campaña de boicot. Importantes compañías como las empresas de alquiler de coches Hertz y Avis, aseguradoras como MetLife, la empresa de ciberseguridad Symantec y otras han ido engrosando una lista de empresas que han roto sus lazos con la NRA. El boicot a la NRA se ha visto impulsado por un movimiento en parte no coordinado de hashtags en Twitter, grupos de Facebook, peticiones on line, y en parte obra de campañas orquestadas, que difunden la llamada. También se pide que Amazon y las plataformas de streaming retiren el canal de televisión de la NRA.

Frente a este boicot, la NRA ha calificado la postura de estas empresas como “una vergonzosa muestra de cobardía cívica y política, y ha asegurado que “con el tiempo, estas marcas serán sustituidas por otras”.

La NRA puede aducir que está defendiendo un derecho constitucional al uso de las armas, que fue refrendado en una sentencia del Tribunal Supremo en 2010. El Tribunal estableció entonces que la Segunda Enmienda de la Constitución –el derecho a poseer y portar armas– prevalece sobre cualquier ley estatal o local que lo limite.

No todas las compañías han querido sumarse al boicot. Pero nadie ha puesto en duda el derecho de otras compañías a no aliarse comercialmente con la NRA, para no respaldar una postura que consideran dañina para el país.

Pero ¿no implica esto discriminar a los miembros de la NRA por seguir un determinado estilo de vida? ¿Negarles los beneficios que la compañía otorga a otros es una discriminación injusta?

El propio Tribunal Supremo tendrá que dilucidar una cuestión similar en el caso del pastelero Jack Phillips, que se negó a hacer una tarta para una boda gay. El pastelero de Colorado argumentó que el enlace entre dos personas del mismo sexo era contrario a sus convicciones, y que no quería que su trabajo apareciera unido a una causa que rechaza.

La pareja gay que encargó la tarta aduce que el matrimonio entre personas del mismo sexo es tan legal como cualquier otro, según el Tribunal Supremo reconoció en 2015, y que el pastelero les ha discriminado al negarles su servicio.

Tanto los miembros de la NRA como la pareja gay esgrimen que están ejerciendo un derecho constitucional. ¿Pero eso impide que quien no comparte su postura sobre las armas o las bodas gais está obligado a colaborar con ellos?

Si una empresa no quiere verse asociada con una organización como la NRA porque considera que el derecho incontrolado a las armas acaba convirtiéndose en una amenaza para las vidas ajenas, ¿por qué un médico objetor del aborto o de la eutanasia no va a tener derecho a mantenerse al margen de prácticas que condena?

En una época tan celosa de los derechos no es mucho pedir que se respete el derecho a no colaborar en lo que uno rechaza, sin que llegue la ley con el rifle cargado para obligarte.

Ignacio Aréchaga. EL SONAR, 06-03-2018

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El escritor satírico español Luis Taboada (1848-1906) publicó en 1890 un tomo titulado Madrid en broma. A todos y cada uno de sus amigos y conocidos (que, dados su buen humor y su bondad, no eran pocos) les fue diciendo:

—Perdona, chico, si en mi libro te aludo un tanto así... descaradamente. No hay nada de mala intención.

El amigo, intrigado, compraba el libro y no veía en el alusión alguna a su persona. En pocos días se agotó la edición.

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