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SANTIAGO NO ES MÓNACO

SANTIAGO NO ES MÓNACO

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Lillian Calm escribe: “Singularmente organizadores y autoridades (que a los vecinos  nos abandonaron en la más absoluta indefensión), y por supuesto los auspiciadores de esta Fórmula E, querían emular Santiago a Mónaco, Hong Kong, Berlín, Roma,  París, en fin. ¿Les habrán destrozado también a esas ciudades, con maquinaria pesada, lo que tienen de patrimonio? No sé por qué pero me acordé del genial escritor chileno del siglo XX Jenaro Prieto, el autor de “El Socio”. Fue él quien creó un país imaginario al que llamó Tontilandia, tierra de los tontilandeses, cuya capital, me parece recordar bien, era Cretinópolis…”.

 

Al pasar frente al Museo de Bellas Artes y observar la monumental escultura de su frontis, rota y rodeada por una reja de gallinero deduje: una sola persona podría reparar la escultura de Rebeca Matte. Ésa es Rebeca Matte y ya no está. Murió en 1929. Por lo tanto, desde ahora, “Ícaro y Dédalo”, también conocido como “Unidos en la Gloria y en la Muerte”, será siempre la escultura “reparada” de Rebeca Matte.

Intuyo que en la reciente carrera de autos eléctricos Fórmula E corrió mucha plata. Basta recordar que organizadores y auspiciadores (que declararon querían mostrar Santiago al mundo) prácticamente no dejaron espacio libre a la visual con su catarata de avisos.

¿En qué puede influirles cien mil dólares para restaurar una estatua y acallar la indignación? Pero esos cien mil dólares no le quitarán a la escultura el calificativo de “restaurada”. Le pregunté a una pariente muy cercana de la escultora (Rebeca Matte no tiene descendientes directos, pues su única hija, Lily Íñiguez, murió muy joven, tres años antes que la artista) cuál era el sentimiento de la familia. Me respondió con tres palabras: “dolor y furia”.

Entre la fórmula E o la monumental escultura de la insigne Rebeca Matte, que se ha levantado imponente durante décadas frente al Museo de Bellas Artes, perdón autos eléctricos, pero sin pensarlo dos veces me quedo con la escultura. Es parte de nuestra historia, no solo artística sino también diplomática. Uno de tantos legados que nos dejó la mentada Fórmula E fue “pasarla a llevar”, como se admite sutilmente por “maquinaria pesada”.

No sé si una tomografía computarizada sería lo más adecuado para detectar el comportamiento cerebral de quienes cerraron los accesos más congestionados del centro de Santiago, y de lo que otrora llamaban barrio residencial, para acondicionar durante extensas tres semanas una artificial pista de carrera.

Que quede muy en claro que no tengo nada contra estas competencias ni con sus muchos adeptos, y que además conocí muy de cerca a un gran campeón del automovilismo chileno, pero sí estoy contra los inoperantes que durante veintiún días obstruyeron el paso de vehículos y transeúntes. No  fueron capaces de organizarse en menos tiempo e invadieron no solo la Plaza Italia, sino también la Alameda, el Parque Forestal, Irene Morales, la avenida Cardenal Caro, Santa María, Merced, Miguel de la Barra y por supuesto los puentes adyacentes, desde Pío Nono hasta Loreto, pasando por Purísima con adoquines y todo.

Singularmente organizadores y autoridades (que a los vecinos  nos abandonaron en la más absoluta indefensión), y por supuesto los auspiciadores de esta Fórmula E, querían emular Santiago a Mónaco, Hong Kong, Berlín, Roma,  París, en fin. ¿Les habrán destrozado también a esas ciudades, con maquinaria pesada, lo que tienen de patrimonio?

No sé por qué pero me acordé del genial escritor chileno del siglo XX Jenaro Prieto, el autor de “El Socio”. Fue él quien creó un país imaginario al que llamó Tontilandia, tierra de los tontilandeses, cuya capital, me parece recordar bien, era Cretinópolis.

Perfecto que organicen carreras. Pero, reitero: ¿se demoraron también tres semanas en cerrar puntos estratégicos de Mónaco, Hong Kong, Berlín, Roma, París y un tremendo etc.?

Y la información, ¡un desastre! Los letreros de tránsito llevaban al conductor a tener que dar peligrosas vueltas en U, porque de pronto la señalización, que ya no estaba vigente, conducía a un camino cerrado. Me imagino que los directores de comunicaciones de las empresas auspiciadoras estaban todos de vacaciones y por eso ni siquiera se inmutaron en dar a conocer con exactitud qué iban clausurando y cuándo.

Presencié a santiaguinos hirviendo de ira, con su diario vivir y derecho a tránsito interrumpido (lo que a juzgar por la sentencia judicial, si es por unos pocos días no importa).

Qué triste me pareció el comentario del Intendente de Santiago Claudio Orrego: “Hasta un cumpleaños, un festival, una feria de las pulgas, un recital, causa más daño de lo que ha causado y lo que va a causar la Fórmula E”.  Debo reconocer que yo tenía mejor impresión de él.

Muchos han dicho que los vecinos exageran, hasta que son caprichosos, pero resulta que las autoridades que le dieron el “vamos” a esta carrera no viven en el barrio y ni medianamente cerca de la pista diseñada para la Fórmula E.

Leí en la prensa que la Municipalidad de Santiago recibe más de 468 millones de pesos por derechos municipales. Harto poco si se evalúan el stress de más unos diez mil residentes, locales comerciales paralizados, carabineros noches enteras tocando el pito sin dejar dormir a nadie, adultos mayores varados por no atreverse a movilizarse en Metro (¡después tanto que se habla de la tercera edad!), y hasta cortejos fúnebres obligados a cambiar de ruta y a esperar, junto a difuntos y deudos, que avanzaran los interminables tacos vehiculares.

Poco se vio de Santiago en la carrera. Al menos en televisión. No  se parecía ni a Mónaco ni a París. (Lo mejor, sin duda, fue “La Marsellesa”, en homenaje al vencedor).

Estupendo el deporte, pero a ¿qué costo? A que tengamos que hacer deporte, sorteando uno y otro obstáculo, quienes sólo queremos transitar como normales ciudadanos por una zona que ya está siendo intervenida todos los fines de semanas para dar paso a ciclistas que, por lo demás, suelen transitar por las veredas.

Antes la calle Santa Lucía, el Parque Forestal, el sector circunscrito al Bellas Artes y al barrio Lastarria, eran residenciales. Ya dejaron de serlo, a pesar de lo que se estipula en el papel. Razones podría esgrimir demasiadas. Tal vez un día mi columna analice solo este tema. Baste ahora concentrarme en esta carrera emplazada en el corazón de Tontilandia.

Creo no equivocarme al reiterar que Santiago no tiene nada de Mónaco. Chile tampoco. Ni antes ni ahora ni después. Aquí jamás vivió una Grace Kelly ni menos un Rainiero y tampoco contamos con una dinastía Grimaldi, al menos que yo sepa.

¿Y en cuanto a París? Aquí nuestro Sena siguió llamándose Mapocho. Bastante café se veía en las tomas. Uno de los extranjeros a cargo de la carrera -Alberto Longo, director general de la Fórmula E- ante las críticas de los vecinos, dijo algo así como “Si no nos quieren, nos vamos”. Pero desgraciadamente no se fueron y ello no pasó de ser una simple bravuconada.

Hay otra gran amenaza: esta actividad está comprometida en Chile por tres años, renovables por otros tres. Solo espero que se mire hacia otras comunas o regiones.

Por ahora me quedo con el twitter del diputado electo Luciano Cruz Coke. El ex ministro presidente del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, escribió: “Cuando haya cultura y civilización para organizarla permitámonos el lujo de Fórmula E. Ningún futuro se crea cuando tradición y patrimonio cultural se destruyen. Dédalo, el gran constructor, el arquitecto, sufre consecuencias de la desidia disfrazada de progreso. Simbólico saldo”.

Lillian Calm

Periodista

Temas y Noticias, 15-02-2018

 

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