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Ley de aborto, ¿restrictiva?

Ley de aborto, ¿restrictiva?

Ley de aborto, ¿restrictiva?

Parece que no andábamos tan perdidos quienes dijimos, en todas las instancias legislativas, que las leyes de aborto restrictivas inevitablemente caminan hacia el aborto libre, ya sea utilizando resquicios legales o abiertamente cambiando la ley en un futuro.

Se supone que la Ley de aborto, recientemente promulgada, es solo para tres causales muy específicas, y quienes están a cargo de hacer los procedimientos son profesionales calificados para ello, es decir, ginecólogos.

Hace menos de un mes, uno de los Servicios de Salud del país, dependiente del Ministerio de Salud, citó a sus funcionarios químico-farmacéuticos a una reunión sobre “Evacuación endouterina con medicamentos”, es decir, uso de fármacos para hacer abortos.

La información fue entregada en una presentación de Power Point, con 45 diapositivas. En ninguna parte se menciona que estemos hablando de una ley restrictiva, lo que no extraña porque el archivo mencionado está diseñado por IPAS, ONG que es una de las principales promotoras del aborto libre en el mundo.

La diapositiva 18 menciona que para provocar un aborto con medicamentos basta con estimar la edad de embarazo con la historia clínica de la paciente y examen físico para ver el tamaño del útero. Descarta que sea indispensable un test de embarazo y además afirma que no es necesario hacer una ecografía previo a la inducción del aborto.

La última diapositiva muestra, como único ejemplo, un caso clínico para hacer el procedimiento y los datos que se entregan son: mujer de 35 años, con dos hijos, que tiene 8 semana de atraso menstrual, con test de embarazo positivo y que decide tener un aborto con medicamentos.

Ante esta situación me surgen las siguientes dudas:

¿Por qué se está capacitando a químico-farmacéuticos para hacer abortos, si se suponía que eso estaría a cargo de ginecólogos?

¿Por qué en esa clase no se mencionó el contexto de la ley chilena, que debiese ser restrictiva?

¿Cómo es posible enseñar que ni siquiera sea necesario corroborar la existencia de un embarazo para hacer un aborto con medicamentos?

Por último, si estamos con una ley de tres causales, ¿a cuál de ellas corresponde el ejemplo mencionado en la presentación? Por más que lo intenté, no logré encasillarlo en ninguna de las que permite la legislación chilena.

Parece que no andábamos tan perdidos quienes dijimos, en todas las instancias legislativas, que las leyes de aborto restrictivas inevitablemente caminan hacia el aborto libre, ya sea utilizando resquicios legales o abiertamente cambiando la ley en un futuro. Las capacitaciones y reuniones que está haciendo el Ministerio de Salud más bien parecen adoctrinamientos que claramente apuntan en ese sentido, aunque no lo han dicho frontalmente.

Dr. Jorge Becker, Ginecólogo Obstetra

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A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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