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Kathleen Kennedy: cuando toda una mujer le dio una lección a Steven Spielberg

Kathleen Kennedy: cuando toda una mujer le dio una lección a Steven Spielberg

Kathleen Kennedy: cuando toda una mujer le dio una lección a Steven Spielberg
diciembre 20

Que alguien te diga que estás haciendo algo mal, con toda honradez e intención de ayudarte, para que cambies y mejores, puede ser muy estimulante. Le ocurrió a Steven Spielberg, cuando se encontraba en medio del rodaje de una de sus películas más queridas.

¿Quién nos iba a decir que el director que estaba rodando la entrañable película sobre un amigo alienígena, E.T., el extraterrestre, se estaba comportando como un energúmeno con los miembros de su equipo técnico? Steven Spielberg lo confiesa en la interesantísima entrevista que le hacen a él y a cuatro mujeres (Meryl Streep, Amy Pascal, Liz Hannah y Kristie Macosko Krieger) en el último número de The Hollywood Reporter, con motivo de su nueva película Los archivos del Pentágono.

Cuenta Spielberg que allá por el año 1982 era un director muy impaciente y exaltado, lo que se traducía en un trato rudo a su equipo técnico. Podía ser encantador con los actores, pero no con el resto de los que trabajaban en la película, donde su carácter exigente se expresaba en unos modales bastante rudos. Y tuvo la suerte de que una mujer llamada Kathleen Kennedy, en la actualidad importantísima productora, y presidenta de Lucasfilms, que acaba de estrenar Star Wars: Los últimos jedi, se lo llevara un buen día aparte para decirle unas cositas que no olvidaría jamás.

El cineasta explica que “llevábamos 15 días de rodaje, y ella me condujo a su oficina, me sentó en una silla y severamente me echó la bronca de mi vida. Porque no le gustaba la forma en que hablaba a mi equipo. No le importaron mi impaciencia o mi dureza. Me dijo, ‘Esto es un comportamiento inaceptable’, no había oído algo así desde que estaba en el colegio con mi profesor, o cuando me regañaba mi madre. Fue algo importante en mi vida. Lo asimilé porque venía de alguien en quien confiaba y a quien respetaba.”

José María Aresté. DECINE21, 12-12-2017

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A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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