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Comentario: Colo Colo, un merecido campeón del Torneo de Transición 2017

Comentario: Colo Colo, un merecido campeón del Torneo de Transición 2017

Comentario: Colo Colo, un merecido campeón del Torneo de Transición 2017
diciembre 20

Ganó todos sus partidos y algunos por goleada. Marcó 33 goles, con un promedio de más de dos tantos por partido y tuvo una de las vallas menos batidas, con 13 goles en contra (una diferencia de + 20). Con estos números, era casi imposible no quedarse con el título.

 

No podía ser de otra manera. Esta vez sí se dio la lógica, que no siempre se da en el fútbol: Colo Colo fue el merecido campeón del Torneo de Transición 2017. Digo merecido, por varias razones. La primera es, por tener el mejor plantel del torneo, con una columna vertebral de gran experiencia, mezclada con la savia nueva, que supo entender los tiempos y los ritmos que requieren los encuentros claves.

Los albos ganaron todos sus partidos y algunos por goleada, como contra la Universidad de Chile y la Unión Española que eran sus rivales directos. Marcaron 33 goles, con un promedio de más de dos tantos por partido y tuvo una de las vallas menos batidas con 13 goles en contra (una diferencia de + 20). Con estos números, era casi imposible no quedarse con el título.

Este sábado, Colo Colo tuvo que viajar a la región del Bio Bio, para bajar la estrella número 32 y levantar la copa. Igual que hace 45 años. En 1972, el empate en la penúltima fecha, lo hacía campeón por undécima vez y así sucedió. Chamaco abrió la cuenta y a ocho minutos  del final Miguel Ángel Neira lograba el empate. Ese año, las posiciones de los tres primeros equipos se repiten igual que las del transición 2017.   Primero Colo Colo, segundo Unión Española y tercero, Universidad de Chile. En la banca de los albos se sentaba el legendario, Luis “zorro” Álamos y en la de los “acereros” Pedro Morales. Ambos serían los entrenadores de Chile para el mundial de Alemania de 1974.

Del trámite del partido, no me voy a referir mayormente. Solamente mencionaré un par de aspectos fundamentales de los campeones. A los 16 minutos del segundo tiempo, en el Estadio Santa Laura, Gustavo Canales ponía en ventaja a Unión Española y de esta manera en el Ester Roa, sabían que de mantenerse ese resultado y el empate entre Colo Colo y Huachipato, habría un partido de definición para definir al campeón.

Pero es aquí donde aparece la jerarquía, importancia y bagaje de jugadores que están de una u otra forma destinados a cambiar la adversidad a positivo y sacar lo máximo de sí. La presión para los albos ya estaba instalada, además tenían a un Jorge Valdivia disminuido físicamente, con solo un entrenamiento en el cuerpo. Esta vez no pudo ser el “mago”, ni menos ser, el “perro”, que él dice que es. Pero sí hay que decir que, con su sola presencia, complica a cualquier rival  Y al no estar Valdivia en forma, aparecieron otros como Valdés, Paredes, Orión, Barroso y para hacer justicia, uno muy criticado, Octavio Rivero, que en los últimos cuatro partidos borró todas las malas actuaciones anteriores. En Concepción el uruguayo mostró un despliegue y entrega que a la postre fueron fundamentales para el triunfo colocolino.

A la hora del balance, es justo señalar que, a pesar de las enormes dificultades y diferencias que tuvo y tiene la dirigencia colocolina, supo dejarlas de lado y se le dio libertad a su presidente Aníbal Mosa para que manejara una situación nada fácil. Sobre todo porque tuvo que  aguantar la situación del técnico Pablo Guede, que durante muchas fechas del torneo, estuvo más fuera que dentro de la tienda alba.

Como ex dirigente de Unión Española, no puedo dejar de mencionar en estos momentos de felicidad y gloria para la familia colocolina, la numerosa cantidad de jugadores que vistieron la camiseta hispana  y la Colo Colo, la mayoría de ellos con gran éxito en ambos clubes. De muchos soy amigo y con otros tuve la oportunidad de trabajar juntos. Partiendo por el gran Francisco “Chamaco” Valdés, que sin duda, desde algún lugar está viendo y disfrutando todo lo que se vivió el sábado en Concepción. A Jorge Toro, un verdadero maestro y que  hoy está con serios problemas de salud, a Fernando Astengo,  gran futbolista, mejor persona y un muy buen amigo, a Rafael Gonzalez, a Leonel Herrera, a Leonardo el “Pollo” Veliz, al Negro Ahumada, a Eddio Inostroza, a Marcelo Vega y por último, a José Luis, “el Coto” Sierra.

Seguramente muchos se me quedan en el tintero, pero quiero en estos jugadores que he nombrado y en honor a los actuales integrantes del plantel albo, felicitarlos por este título, que han logrado en muy buena ley en el campo de juego. Disfruten esta estrella número 32.

Gonzalo Mingo Ortega, ex dirigente de Unión Española y de la ANFP.

EL LIBERO, 10-12-2017

 

 

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A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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