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La UE fuerza a Londres a aceptar un Brexit blando

La UE fuerza a Londres a aceptar un Brexit blando

La UE fuerza a Londres a aceptar un Brexit blando

 

Reino Unido cede en los principales puntos del pacto de ruptura: frontera de Irlanda, derechos de los europeos y factura del divorcio

 

La primera ministra británica, Theresa May, cruzó este viernes, una por una, todas sus líneas rojas sobre el Brexit. Para cerrar un acuerdo pírrico, cedió en los derechos de los ciudadanos, en la frontera irlandesa, en la soberanía de los tribunales europeos, en la factura de salida. Desatendió la situación de Gibraltar e indignó al ala más dura en casa. Tras ocho meses casi desperdiciados, los 27 decidirán la semana que viene si se puede pasar a la segunda la fase, la que determinará la relación futura entre Reino Unido y la UE. La más difícil.

Dijeron los británicos que el 29 de marzo de 2019 se irían de la UE, de la Unión Aduanera y del Mercado Único. Y durante dos años más no será así. Dijeron que recuperarían el control de las fronteras y la inmigración, pero los ciudadanos europeos que vivan en las islas antes del Brexit conservarán sus derechos. Dijeron los fans del divorcio inmediato que la UE “podía esperar sentada”, por traducirlo suavemente, a que se desembolsaran un penique, y pagarán hasta 60.000 millones de euros.

Prometieron recobrar la soberanía de los tribunales nacionales. Pero durante al menos ocho años, la Corte Europea de Justicia seguirá planeando sobre el territorio de los 28. Vendieron, una y otra vez, su independencia, y se arriesga Londres a seguir aportando fondos, a seguir obedeciendo, a tragarse “las cuatro libertades” que tanta polémica generaron. Y sin derecho de voz, voto y veto.

En la madrugada del jueves al viernes, tras una semana frenética de consultas entre Bruselas, Londres, Dublín y Belfast, la premier y el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, cerraron un documento de 15 páginas que no garantiza nada en sí mismo, pero que abre las puertas a que los 27 acepten la semana que viene, en la última cumbre del año, pasar a la segunda fase de las negociaciones. Una claudicación para negociar un acuerdo para el futuro que será necesariamente peor que las condiciones actuales.

El presidente del Consejo, Donald Tusk, toma ahora las riendas. “He enviado un nuevo borrador de directrices para el Consejo Europeo de la semana que viene a los líderes”, dijo el polaco. May pidió oficialmente hace unas semanas un periodo de transición de dos años desde la salida de Londres, el 29 de marzo de 2019.

Eso implicaría que en ese tiempo ya no sería Estado Miembro, pero sí seguiría dentro del Mercado Único y la Unión Aduanera, y se daría tiempo para definir el futuro marco entre ambas partes. “Naturalmente tenemos nuestras condiciones. Propongo que durante ese periodo Reino Unido tenga que respetar toda la ley europea, incluidas las nuevas. Los compromisos presupuestarios. La supervisión judicial. Y todas sus obligaciones”, golpeó Tusk.

Pero es que además, el lema de la negociación es que “nada está cerrado hasta que todo esté cerrado”, así que todo lo que está en el papel sólo vale para pasar de nivel y seguir hablando. Y todo puede tocarse en los próximos meses. Un éxito más que pírrico de May a costa de ceder y pagar. David Davis, su ministro, ausente ayer en todas las fotos y enfrentado a su jefa, no sale nada bien parado. “Aunque satisfechos por el acuerdo, que es obviamente un éxito para May, el desafío más difícil no ha llegado todavía”, avisó el presidente.

Desde el primer día, los derechos de los ciudadanos europeos en Reino Unido tras la consumación del divorcio ha sido “la principal prioridad” europea. ¿Qué se ha logrado? “Todos los ciudadanos que lleguen a la UE o a Reino Unido antes de la salida podrán seguir residiendo, trabajando o estudiando como a día de hoy”, explicó ayer Michel Barnier. “Los miembros de familias, esposos, hijos, padres, abuelos, tendrán derecho a residir junto a los suyos en el futuro. Además, las prestaciones de seguridad social se podrán conservar si los ciudadanos deciden vivir en otro país de la UE. Esa exportabilidad de derechos incluye todas las prestaciones”. Se da la paradoja de que un británico podría exportarlo una vez y estarían limitados a permanecer en un país, pero los europeos, allá donde vayan.

TRIBUNAL DE JUSTICIA

Una obsesión de los partidarios del Brexit era la de recuperar la “soberanía de sus tribunales”. La de la UE, que haya una instancia superior que pueda garantizar que ningún cambio legislativo revierta lo pactado. Tras mucho pelear, Londres no se libra del TJUE. “La Corte de la UE podrá ver cuestiones referentes al pacto de retirada durante ocho años”, dijo Barnier.

IRLANDA DEL NORTE

El tema más complicado. “Garantizamos que no habrá frontera dura”, anunció May, pero la jugada será polémica. Se estipula que encontrarán la fórmula para que no haya frontera dura, pero queda abierto cómo. Eso implica sí o sí que Irlanda del Norte tendrá un estatus diferente al del resto de Reino Unido respecto a la UE. Londres buscará soluciones originales y “únicas”. Y si no hubiera acuerdo, como mínimo se garantizará un “alineamiento regulatorio” con lo presente. Es decir, mantener lo mismo que supone la Unión Aduanera y el Mercado Único, lo llamen como lo llamen. Todo un mazazo.

El lunes no se aprobó porque los del DUP tenían miedo de quedar como territorio marginado de Reino Unido. Por eso se añadió la cláusula 50, que dice que pase lo que pase, si no hubiera acuerdo, Londres no podrá imponer nuevas barreras entre el Ulster y el resto de Reino Unido.

FACTURA DE SALIDA

“Estamos de acuerdo en la metodología. Ningún estado tendrá que pagar más que ahora por culpa del Brexit. May lo dijo en Florencia y lo confirma. Se honrarán todos los compromisos adquiridos durante estos años. Y Reino Unido no pagará más que si fuera un Estado Miembro”, prometió Michel Barnier, dando veracidad a la última estimación de factura: entre 50.000 y 60.000 millones de euros.

EL MUND, España, 08-12-2017

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