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El último Nobel de Economía: Catalunya debe preguntarse si “vale la pena” ser independiente

El último Nobel de Economía: Catalunya debe preguntarse si “vale la pena” ser independiente

El último Nobel de Economía: Catalunya debe preguntarse si “vale la pena” ser independiente

El economista se ha mostrado escéptico con usar consultas populares para cualquier cuestión

 

El Nobel de Economía de 2017, Richard Thaler, cree que Catalunya debería preguntarse si, “dado lo que puede lograr, ¿vale la pena?” ser un país, ha dicho a Efe en Estocolmo, donde el domingo recibirá el galardón.

Para el economista estadounidense “una cosa es tener un voto sobre si, en principio, te gustaría separarte y otra pregunta es: dados los términos que puedes lograr, ¿vale la pena?”.

Aprender de los referéndums

El considerado padre de la economía de comportamiento considera que es “muy fácil decir: sí, nosotros deberíamos ser nuestro propio pequeño país, pero es más duro decir cuánto se está dispuesto a pagar por ello”.

Además, se ha mostrado escéptico con usar consultas populares para cualquier cuestión. “Creo que deberíamos haber aprendido que los referendos no son la mejor manera de zanjar este tipo de asuntos”, ha dicho en referencia al Brexit y ha considerado que “hay una lección similar para Catalunya”.

El Brexit como ejemplo

Thaler, de 72 años, ha sido galardonado con el Premio Nobel de Economía por sus contribuciones a la economía del comportamiento que, según la Academia Sueca, ha permitido construir puentes con los análisis psicológicos de la toma individual de decisiones.

La economía del comportamiento es una disciplina que usa la psicología para hacer un análisis más realistas de cómo piensan y actúan las personas cuando toman decisiones económicas, pues en ellas no siempre prima un comportamiento racional.

Libertad con empujones

La aportación de Thaler a la economía conductual se basa en la consideración de tres aspectos psicológicos: racionalidad limitada, percepciones sobre lo que es justo y falta de autocontrol. Por ello, considera que las instituciones públicas y privadas pueden dar a los individuos pequeños empujones o acicates hacia la dirección correcta, manteniendo siempre la libertad de elección de estos.

LA VANGUARDIA, Barcelona, 08-12-2017

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A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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