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Bélgica teme que el debate catalán reactive sus divisiones

Bélgica teme que el debate catalán reactive sus divisiones

Bélgica teme que el debate catalán reactive sus divisiones
diciembre 15

El mensaje de los independentistas catalanes está ayudando a desenterrar las propias divisiones de este país y se entiende por qué la presencia de Puigdemont y sus seguidores se está convirtiendo en un factor cada vez más incómodo

 

El Gobierno belga estaba el viernes pasado tratando de digerir la tremenda bofetada que le propinó la UEFA al retirarle la organización del partido inaugural y otros tres encuentros de la Eurocopa de Naciones de 2020 porque después de años, la región de Flandes y la ciudad de Bruselas no se han puesto de acuerdo para permitir la construcción del nuevo estadio en un terreno que compete a las dos administraciones. Los ciudadanos, en su mayoría, lloraban la muerte la noche anterior del roquero francés Johnny Hallyday. Así que en los informativos de televisión la manifestación de los independentistas catalanes no estaba en el primer plano, a pesar de su espectacularidad. Y lo que se vio fueron algunos comentarios de los manifestantes que han dejado perplejos, incluso a los más curtidos espectadores. Para un belga, escuchar que «los catalanes somos gentes del Norte mientras que los españoles son gente del Sur y solo quieren fiestas y toros» es algo que les recuerda su propio debate y los estragos políticos que ha causado en este pequeño país.

El mensaje de los independentistas catalanes está ayudando a desenterrar las propias divisiones de este país y se entiende por qué la presencia de Puigdemont y sus seguidores se está convirtiendo en un factor cada vez más incómodo. También para los independentistas flamencos del partido N-VA, que ayer estaban presentes en la manifestación con una pancarta que decía «hoy somos todos catalanes» pero que forman parte al mismo tiempo del Gobierno federal belga. Los más radicales dentro de la N-VA se van radicalizando poco a poco con el contacto con el «equipo» de Puigdemont y eso le preocupa al primer ministro Charles Michel, liberal francófono, cuyos electores miran con poca simpatía las «esteladas».

La división crece. De momento, los agentes políticos belgas pueden ponerse de acuerdo en culpar de alguna cosa a Rajoy y al apoyo que le dan sus socios del Partido Popular Europeo. Pero los francófonos han dejado de comprar el mensaje victimista de los nacionalistas catalanes. Dos ejemplos de comentarios de ayer en el diario «Le Soir»: «Los ricos independentistas que ya no quieren solidaridad nacional y que se hacen pasar por las pobres víctimas. Es igual que los flamencos. Dan ganas de vomitar». «Cuando escucho a un independentista decir que no hay libertad ni democracia en Cataluña, me deja perplejo. Voy tres veces al año a visitar a mi hija que vive en Barcelona desde hace 21 años y no hemos sentido jamás eso que dicen. Son comeduras de coco de los políticos catalanes que dicen lo mismo que los flamencos de nosotros».

  1. Serbeto, corresponsal en Bruselas.

ABC, España, 08-12-2017

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A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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