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La nostalgia se mide en viñetas

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diciembre 14

Una oleada de libros y exposiciones reflejan un interés creciente por los orígenes y la evolución del noveno arte a lo largo del siglo XX

 

Coinciden estos días en librerías y museos una oleada de publicaciones y exposiciones que reflejan un interés creciente por los orígenes del cómic y su evolución a lo largo del siglo XX tanto en Estados Unidos como en España. El Museo ABC celebra el centenario de TBO con una muestra antológica y un catálogo de más de 500 páginas que condensa los primeros 70 años de la historieta española, mientras que el libro Tebeos de cine, de Paco Baena, recoge la influencia que en ella ha ejercido el séptimo arte. Por su parte, el Museo Reina Sofía extiende su homenaje al pionero George Herriman y su famosa tira Krazy Kat en el catálogo de la exposición, con textos firmados por varios expertos y por Chris Ware, uno de los autores más destacados del cómic de autor norteamericano. Además, la editorial Taschen publica en gran formato una recopilación de Little Nemo in Slumberland, obra del pionero Winsor McCay, y la historia ilustrada de las editoriales más emblemáticas del género de superhéroes: DC y Marvel.

Del TBO al tebeo

Fue tan popular que las siglas de su nombre, transcritas fonéticamente, se convirtieron en sinónimo de historieta para los lectores españoles del género. Este 2017 se ha cumplido el centenario del nacimiento del TBO y el Museo ABC celebra la efeméride con una exposición que repasa no solo los títulos de las series que contenía la emblemática revista, sino las de otras publicaciones orientadas al público infantil y juvenil desde 1917 a 1977. Personajes icónicos como Mortadelo y Filemón-que celebran su 60.° cumpleaños con El gran libro de Mortadelo y Filemón (Ediciones B), Zipi y Zape, Superlópez, Esther, el Capitán Trueno, el Guerrero del Antifaz, Carpanta o el botones Sacarino protagonizan esta muestra junto a sus autores, guionistas y dibujantes tan célebres como Francisco Ibáñez, Escobar, Jesús Blasco o Víctor Mora.

La fecha que cierra el marco temporal de la exposición es el año en que aparece la revista Totem, que de alguna manera “propone el salto definitivo a los cómics para adultos, publicando un amplio sumario de aquellas historietas europeas y latinoamericanas que marcaron la madurez del medio en los años sesenta y setenta”, explica el comisario de la muestra, Antoni Guiral. “A partir de ese momento, y con el mercado de los cuadernillos de aventuras ya desaparecido, se identifica a los tebeos como productos de una época, el franquismo, que España quiere olvidar rápidamente para entrar en la modernidad. Y así nace el fenómeno o boom de los cómics para adultos, refrendado por la aparición de múltiples cabeceras mensuales”, añade Guiral, editor, guionista y periodista especializado en cómic, que ha comisariado otras exposiciones e impartido conferencias y cursos dedicados al género y además es el autor de los libros Cuando los cómics se llamaban tebeos y ha publicado este año las antologías 100 años de TBO y Los grandes inventos de TBO.

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Francisco Ibáñez, Mortadelo y Filemón, agencia de información. En Pulgarcito, núm. 1.478. Editorial Bruguera, Barcelona, 31 de agosto de 1959. Tinta china sobre cartulina. Colección J. L. Martín

La exposición se organiza en torno a dos ejes, cronológico y temático. El primero de ellos no solo permite apreciar la evolución de sus códigos narrativos y visuales, sino de qué manera los usos sociales fueron cambiando en paralelo, con su correspondiente reflejo en los guiones, diálogos e imágenes de los tebeos. La primera etapa, de 1917 a 1939, abarca desde la aparición de TBO hasta el final de la Guerra Civil. En esta época vieron la luz otras revistas, entre las que destaca Pulgarcito. Además, otras cabeceras como Aventurero, Mickey y La revista de Tim Tyler introdujeron en España las tiras de prensa norteamericanas. Durante la Guerra Civil se editaron tebeos ideológicos por parte de los dos bandos, como Flechas y Pelayos y Chicos en el nacional y Pionero Rojo y Camaradas en el republicano.

En estos primeros años del tebeo español se centra el libro Tebeos de cine. La influencia cinematográfica en el tebeo clásico español, 1900-1970, de Paco Baena. Este estudioso de la cultura popular, especialmente de las dos disciplinas artísticas que recoge en su obra, analiza la relación entre el cine y el tebeo, que inauguró la revista Charlot en 1916 con sus tiras protagonizadas por el emblemático personaje de Charles Chaplin. En las décadas siguientes aparecieron en las revistas de historietas españolas otros cómicos importados de Hollywood como Buster Keaton, Harold Lloyd, Stan Laurel y Oliver Hardy o los hermanos Marx. A finales de los años veinte llegó el turno de los cowboys y otros arquetipos del cine de aventuras estadounidense, que se mantuvieron durante décadas en los cuadernos de aventuras españoles. Otro personaje popular fue el Gato Félix, que, nacido en 1919 como dibujo animado en los estudios de Pat Sullivan, dio el salto a las viñetas de la prensa dominical, así como la seductora Betty Boop, que aterrizó en la revista Pocholo en 1930, y, cómo no, Mickey Mouse y el resto de personajes animados de Walt Disney.

La segunda sección cronológica de la exposición Historietas del tebeo, 1917-1977 del Museo ABC se ocupa de los años cuarenta, cincuenta y la primera mitad de los sesenta. Acabada la contienda, regresaron las revistas TBO y Pulgarcito y surgieron títulos como Jaimito, Pocholo, El Coyote, Mis chicas y Florita. En esta época destacan los cuadernos apaisados de aventuras, como Roberto Alcázar y Pedrín, El guerrero del antifaz, Azucena, El jinete fantasma y Hazañas Bélicas. En 1951, el recién creado Ministerio de Información y Turismo relaja el control de los permisos para estas publicaciones, y entonces comienza la etapa en la que se publicó un mayor número de colecciones de tebeos, apareciendo títulos como El Capitán Trueno, La Risa o Tío Vivo. “Pero fue también cuando el estado se apercibió claramente del influjo que suponía su lectura, sobre todo en aquellas mentes que convenía ‘controlar’, las que estaban todavía en formación”, señala Guiral.

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Ambrós (Miguel Ambrosio Zaragoza), “¡Al borde de la muerte!”, El Capitán Trueno, núm. 119. Editorial Bruguera, Barcelona, 12 de enero de 1959. Lápiz y tinta china sobre cartulina. Colección de Diego Cantero

La década 1967-1977 marca el fin de la era de los tebeos debido a las estrictas normas del Estatuto de Publicaciones Infantiles y Juveniles, que impuso una censura más severa haciendo incluso que escenas publicadas en los 40 fueran eliminadas en las reediciones de esta época. Como señala el comisario de la muestra, en esta etapa prácticamente desaparecen los cuadernillos apaisados en beneficio de las revistas y de las novelas gráficas para adultos, aparecen cabeceras nuevas como Tintín, DDT o Bravo. Es también la época de la enorme popularidad de las colecciones de la editorial Bruguera, como Mortadelo y Zipi y Zape. En paralelo, surgen nuevos títulos que imprimen un giro radical al mercado, como Delta 99, Dossier Negro, Gaceta Junior o Trinca, la revista El Papus y la versión española del comix undergroundnorteamericano. Todo ello marca la transición del tebeo concebido como un entretenimiento para niños y adolescentes hacia el cómic enfocado al público adulto.

Krazy Kat, la abolición de las jerarquías

Estos días puede verse en el Museo Reina Sofía de Madrid la exposición Krazy Kat es Krazy Kat es Krazy Kat, dedicada a una de las tiras más famosas de la historia del cómic y a su creador, George Herriman. Protagonizada por el gato que da nombre a la serie y por el ratón Ignatz, Krazy Kat apareció por primera vez en 1910 y se mantuvo durante más de tres décadas en los periódicos del magnate William Randolph Hearst a pesar de no tener mucha aceptación por parte del gran público. Esta circunstancia convierte a esta tira cómica en un caso excepcional en la historia del género, como recuerda el director del museo, Manuel Borja-Villel: “Su escasa aceptación no determinó su permanencia, sino que lo hizo el propio Hearst, influenciado por el prestigio de las buenas críticas y la fama de los escasos seguidores de la tira, entre los que se encontraban personajes tan relevantes como Fritz Lang, Frank Capra, T. S. Eliot o Willem de Kooning”.

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Viñeta de Krazy Kat, de George Herriman. 1938. Tinta sobre papel de periódico. Colección de Patrick McDonnell y Karen O’Donnell

En Krazy Kat, el gato ama al ratón a pesar de que este lo desprecia y le agrede continuamente arrojándole un ladrillo a la cabeza, mientras que el perro policía odia al ratón e idolatra al gato. Los expertos han visto en esta inversión de los roles sociales y la abolición de las jerarquías sociales, en la más que probable identificación del gato como afroamericano y hasta la ambigüedad de su género como un reflejo de los conflictos del autor en torno a su propia identidad, ya que durante toda su vida Herriman mantuvo en secreto su ascendencia afroamericana para evitar la discriminación, ya que su piel era lo bastante clara como para pasar por blanco.

El catálogo de la exposición incluye textos firmados por los comisarios de la muestra, los expertos en la historia del cómic Rafael García y Brian Walker; por Francesc Ruiz, artista que utiliza a menudo el lenguaje visual del cómic en sus obras; y por Chris Ware, uno de los mayores exponentes del cómic de autor norteamericano, con un estilo que rinde tributo a los clásicos de principios del siglo XX.

Las historietas han luchado durante décadas por su respetabilidad cultural, que según el comisario de la muestra Rafael García alcanzaron definitivamente a partir de los ochenta con el movimiento de la novela gráfica. También en esta década se realizaron las primeras exposiciones “que intentaron contextualizar y analizar con rigor científico el fenómeno” y “examinaron el modo en que el cómic, a través de múltiples procesos de apropiación y transformación, ha influido de manera fundamental en los lenguajes artísticos de las últimas décadas”, y pone como ejemplos de ello la exposición The Comic Art Show, celebrada en 1983 en el Whitney Museum of American Art de Nueva York y High and Low: Modern Art and Popular Culture, en el MoMA, en 1990. En lo que respecta al Reina Sofía, esta exposición dedicada a George Herriman supone la entrada del cómic en el museo de arte contemporáneo más importante de España.

Historia del cómic americano en formato XL

La editorial Taschen ha añadido a su catálogo en los últimos meses nuevos títulos, y reeditado otros anteriores, que recogen en gran formato y varios kilos de peso la historia del cómic estadounidense. Entre ellos figura la serie completa, en inglés, de Little Nemo in Slumberland, obra emblemática del pionero Winsor McCay, publicada entre 1905 y 1910 en prensa. Para muchos aficionados y profesionales esta obra, que revolucionó el medio con sus paisajes oníricos y su uso audaz de la perspectiva, es el primer gran clásico de la historia del cómic. El volumen incluye un ensayo ilustrado, de 150 páginas, del historiador de arte Alexander Braun.

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Viñetas de Little Nemo in Slumberland, de Winsor McCay

También podemos sumergirnos en la historia de las dos editoriales de cómics de superhéroes más importantes: DC y Marvel. 75 years of DC Comics. The Art of Modern Mythmaking es un volumen de gran formato y varios kilos de peso que repasa la historia de una de las mayores editoriales de cómics de todos los tiempos, que hasta la fecha ha publicado más de 40.000 títulos. Su autor es Paul Levitz, guionista, editor y experto en cómics que pasó más de 38 años en DC Cómics, llegando a ser presidente de la compañía entre 2002 y 2009. A pesar de su gran tamaño y peso, el volumen es la versión reducida del original “XL” que ganó en 2011 el prestigioso Premio Eisner al mejor libro del año relacionado con los cómics. Con más de 2.000 imágenes que incluyen reproducciones de portadas, páginas interiores, ilustraciones, fotografías de época y fotogramas de películas, el libro ha desembarcado en España en su versión original en inglés acompañada de un cuadernillo en el que aparecen los principales textos del libro traducidos al castellano.

En 1935, el exmilitar Malcolm Wheeler-Nicholson lanzó el primer número de New Fun, la primera revista de cómics originales en una época en la que sus competidores se limitaban a recopilar tiras cómicas de periódicos que habían sido desechadas. Su empresa, National Allied Publications, cambió su nombre dos años más tarde por el de DC Comics, cuyas siglas proceden de Detective Comics, una de sus primeras series, dedicada al subgénero policiaco. En 1938 DC lanzó una nueva revista, Action Comics. Su primer número marca el inicio de la edad dorada del cómic norteamericano: en la portada, sosteniendo un coche en el aire ante la mirada atónita de varios transeúntes que huyen despavoridos, aparece un hombre de acero tocado con capa roja. Había nacido Superman, surgido de la mente de Jerry Siegel y los pinceles de Joe Shuster.

Un año después hizo su debut en el número 27 de Detective Comics el reverso oscuro de Superman, un antihéroe surgido de las sombras llamado Batman, engrosando las filas de los superhéroes donde ya se encontraban también Wonder Woman, Flash, Aquaman y Linterna Verde. Todos ellos surgieron en una época en la que los Estados Unidos, sumidos en la Gran Depresión y con la amenaza inminente de una nueva guerra mundial, necesitaba desesperadamente una nueva forma de héroe que ayudase a encarar un futuro incierto.

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Doble página de 75 years of DC Comics. The Art of Modern Mythmaking, de Paul Levitz, editado por Taschen

Para Paul Levitz, la aparición en 1978 de la primera película de Superman, que fue un éxito de masas inmediato, supuso la confirmación del “superhéroe como el arquetipo estadounidense más imperdurable y el cómic como una de las formas artísticas más importantes del país”.

El reverso de este libro sobre la historia de DC es otro que recoge la de su gran rival, Marvel Comics: La Era Marvel de los Cómics. 1961-1978, este publicado en español y escrito, al igual que el anterior, por un ‘hombre de la casa’, el guionista y editor Roy Thomas, el primero en suceder como redactor jefe a Stan Lee, el hombre que llevó a Marvel a lo más alto a partir de los años sesenta creando personajes emblemáticos como Spider-Man, Hulk, Iron Man o Los 4 fantásticos.

@FDQuijano

EL CULTURAL, España, 08-12-2017

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