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Ictus, ¿cómo prevenirlo?

Ictus, ¿cómo prevenirlo?

Ictus, ¿cómo prevenirlo?

Cuando se presentan los síntomas, no perder ni un minuto. A medida que se retrasa el diagnóstico y el tratamiento, las posibilidades de recuperación se van reduciendo.

 

El ictus surge a consecuencia de un trastorno brusco en la circulación de una parte del cerebro, que dará lugar a una serie de síntomas y signos de comienzo súbito. Existen dos tipos: isquémico o hemorrágico. “El primero, conocido también como infarto cerebral, está producido por la obstrucción de una arteria cerebral debido a una embolia o trombosis. Mientras que la hemorragia cerebral está producida por la rotura de una arteria cerebral”, describe el Dr. Eduardo Martínez Vila, neurólogo de la Clínica Universidad de Navarra y coordinador científico de la Estrategia en Ictus del Sistema Nacional de Salud.

“Quizá lo más importante del ictus es que puede prevenirse en un elevado número de pacientes y también que puede tratarse si el diagnóstico es precoz”, añade. Para ello es importante conocer los factores de riesgo, los síntomas de alarma y cómo reaccionar. El ictus, que tiene un nuevo caso cada 6-7 minutos, es la segunda causa de fallecimiento en España en la población general, primera en las mujeres. Además, es el principal origen de la discapacidad permanente en adulto. Unos datos que muestran la relevancia de estar informado.

Factores de riesgo

A partir de los 55 años, la posibilidad de sufrir un ictus aumenta cada década. Más de la mitad de los casos se producen una vez superados los 75 años. Aun así, el ictus puede presentarse a cualquier edad. Un peligro que se incrementa con los factores de riesgo: la hipertensión arterial, la diabetes mellitus, la hipercolesterolemia, el tabaquismo o el alcohol, el sendentarismo, los hábitos dietéticos, la fibrilación auricular o los anticonceptivos orales. Todos estos agentes favorecen su aparición y controlarlos es el primer paso para mantener el correcto estado del cerebro.

Síntomas de alarma

“Son síntomas fáciles de recordar y su conocimiento no solo debe preocupar al personal sanitario, sino también a la población general. Los pacientes con síntomas de alarma deben ser trasladados con urgencia al hospital”, reconoce. El más frecuente es la pérdida de fuerza súbita en la mitad del cuerpo, afectando al brazo y/o pierna del mismo lado, y la pérdida de sensibilidad súbita de la mitad del cuerpo, brazo y/o pierna del mismo lado. Otros síntomas son la dificultad o imposibilidad de forma súbita para hablar o comprender lo que nos dicen, y la pérdida de visión en uno o ambos ojos, parcial o total, de forma súbita. Y, por último, un dolor de cabeza, de máxima intensidad, de comienzo súbito distinto a cualquier otro tipo de cefalea. Similar a un “estallido”.

Qué hacer

No perder ni un minuto. A medida que se retrasa el diagnóstico y el tratamiento, las posibilidades de recuperación se van reduciendo. “El tiempo es cerebro”. Cuanto más tardemos en llegar al hospital, la intensidad y el tipo de secuelas se multiplican y, además, de forma irreversible. Aquí radica la importancia de la reacción precoz y urgente, especialmente, en el ictus isquémico o infarto cerebral, que representan el 80% de los ictus.

Las primeras horas son primordiales. En ese periodo se pueden aplicar las medidas de recanalización arterial para reducir los riesgos. A ello, hay que añadirle la no subestimación de los signos. Los síntomas de alarma pueden ser transitorios pero tienen la misma importancia que los que son persistentes. Estos síntomas, aunque duren minutos y, posteriormente, desaparezcan, siguen siendo una urgencia médica que obliga al traslado a un hospital.

Publicado por Clínica Universidad de Navarra el 7 Diciembre, 2017

ABC, España, 13-12-2017

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A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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