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La encrucijada de la segunda vuelta

La encrucijada de la segunda vuelta

La encrucijada de la segunda vuelta

“…Alejandro Guillier tiene pocos días para demostrar que representa algo más que el continuismo y que cuenta con ideas y soporte político real y efectivo para asumir la responsabilidad de gobernar…”, afirma Hernán Larraín

 

Los dimes y diretes desatados al inicio de la segunda vuelta entre las opciones presidenciales de Sebastián Piñera y Alejandro Guillier parecen hacer olvidar el punto de partida de estas elecciones: la situación económica y social que afecta al Chile actual, como consecuencia del gobierno de la Presidenta Bachelet y la Nueva Mayoría.

Los datos revelan que la administración Bachelet deja al país con una economía paralizada, sin inversiones y con alto endeudamiento público. La seguridad ciudadana se ha debilitado, por la incapacidad para contener una delincuencia que recrudece con nuevas facetas: el narcotráfico y la violencia terrorista. La salud, con listas de espera que incluyen víctimas fatales y sin la infraestructura prometida, sigue deteriorándose. No hay avances en la calidad de la educación y el centralismo continúa inalterado. Chile está peor que hace cuatro años.

El diagnóstico inicial de la Presidenta suponía un modelo agotado, y su objetivo en estos años fue transformarlo desde sus raíces, borrando los cimientos del edificio social e institucional preexistente. Grave error: confundieron el supuesto fracaso del modelo con el malestar ciudadano ocasionado por varios factores, como el alto endeudamiento individual o la sensación de incertidumbre de la clase media respecto de su futuro, amenazado en la satisfacción de sus aspiraciones. La gente no quería un cambio de modelo, sino su corrección.

El 19 de noviembre dejó dos opciones para enfrentar este panorama: Guillier y Piñera.

Alejandro Guillier representa a la Nueva Mayoría, que obtuvo en la primera vuelta un 28,58% (su 22,7, más el 5,88 de Carolina Goic). Un apoyo mediocre, pero que corresponde a la gestión que encarna. Peor aún, la promesa de continuidad de la actual administración limita sus posibilidades de triunfo, por lo que depende del apoyo de otros. El más relevante es el del Frente Amplio (FA) y su 20,27%.

Ahí radica el dilema de Guillier: si se mantiene solo en el bacheletismo, se identifica con un esquema gastado, no expande su electorado, y pierde; si acepta las propuestas del FA, extrema su postura, se le escapa el apoyo del centro, y también pierde. Tal vez por ello el atractivo discurso de la izquierda sobre los derechos sociales garantizados ha terminado reducido a un ofertón programático que transita entre la ambigüedad y el populismo: cambiaremos las AFP, pero no las terminaremos; avanzaremos en la gratuidad, pero solo en parte (¿letra chica?). En respaldos cuenta únicamente con Goic, Navarro y ME-O, lo que es menos que poco.

El destino de Alejandro Guillier parece depender del FA, pero a este solo le importa conquistar el liderazgo de la izquierda; no está hoy interesado en el país, ni menos en un eventual gobierno de Guillier (ya anunció que estaría en la oposición en esa hipótesis). Es cierto que la invitación del candidato ayuda poco: o me apoyan, o el diluvio universal. Tal disyuntiva, entendida como una extorsión, fue rechazada por el FA, que finalmente decidió no apoyar a Guillier, dejándolo en una posición inempeorable.

Ello vuelve las miradas a Sebastián Piñera. Su nombre se instaló tempranamente. Sus resultados en la Presidencia, su capacidad de gestión y una oferta programática razonable y concreta le dieron el triunfo en las primarias de Chile Vamos. La primera vuelta lo mantuvo en las preferencias de las encuestas que le antecedieron, pero de un modo casi dañino, por cuanto su votación arrojó un 36,64%, inferior al 40% o más que ellas vaticinaban. Esto creó una cierta frustración inicial que afectó el ánimo de muchos, pero que se ha ido revirtiendo.

El inmediato y generoso apoyo de José Antonio Kast (7,93%) lo acercó a un 44,57% posible. A ello se suman respaldos significativos, como el de Manuel José Ossandón y el de personeros de otros sectores. Reconocidos dirigentes de la Democracia Cristiana anunciaron que apoyarán a Piñera o que no votarán por Guillier, y un amplio número de figuras de Ciudadanos cruzó la vereda (sin abandonar su eje centroliberal) para acompañar la candidatura del ex Presidente. Gradualmente, Sebastián Piñera ha ido consolidando una mayoría amplia y positiva, que perfila una alternativa que piensa en el futuro.

Esto es clave: sin una mayoría amplia no se puede asegurar gobernabilidad, y solo Sebastián Piñera la ofrece en este momento. Alejandro Guillier se ha ido quedando aislado. Sin apoyos políticos relevantes no convoca la unidad de su sector; con una propuesta equívoca e inconsistente, no garantiza gobernanza ni atrae nuevos electores.

Con todo, la elección no está ganada. El no apoyo del FA no impide a muchos de sus adherentes votar por Guillier.

Aquí está la encrucijada de estas elecciones. Alejandro Guillier tiene pocos días para demostrar que representa algo más que el continuismo y que cuenta con ideas y soporte político real y efectivo para asumir la responsabilidad de gobernar.

Sebastián Piñera tiene un camino trazado: reafirmar las propuestas que corregirán el modelo, y así la clase media podrá recuperar certidumbre y estabilidad; transmitir la convicción de que son las ideas de la libertad las que hacen posible mayores niveles de justicia e igualdad, y confirmar que va a instalar un gobierno unitario e inclusivo.

Dar con el tono adecuado, tener éxito en estos desafíos y movilizar a sus seguidores el 17 de diciembre conduce a La Moneda.

Hernán Larraín F. Senador UDI

EL MERCURIO, 03-12-2017

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