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La blasfemia que ha colapsado a Pakistán por las protestas islamistas

La blasfemia que ha colapsado a Pakistán por las protestas islamistas

La blasfemia que ha colapsado a Pakistán por las protestas islamistas

Es el último capítulo de un episodio que arrancó el 7 de noviembre, con la acampada de manifestantes islamistas en la autopista más importante que conecta la urbe paquistaní con la ciudad de Rawalpindi. Se plantaron en ese punto, llamados por el mencionado clérigo, para tratar de provocar que el Ejecutivo cese al ministro de Justicia y aplique la ley antiblasfemia.

Un total de 18 días lleva bloqueada una de las entradas principales a Islamabad por las masivas protestas que vive Pakistán en un reclamo de la aplicación de la ley antiblasfemia. Este sábado el Gobierno anunció que sacará al Ejército a las calles, después de que en esta jornada 230 policías e islamistas resultaran heridos y se detuvieran a más de 100 personas. Las manifestaciones orquestadas por el clérigo Khadim Hussain Rizvi han generado una suerte de caos que ha llevado que los tribunales demandaran la actuación policial.

En torno a 5.500 agentes se desplegaron con pelotas de goma, cañones de agua y gases lacrimógenos contra los 1.500 manifestantes islamistas que se revolvieron con piedras, granadas y gases, según el relato de los agentes de seguridad. “Para salvaguardar vidas humanas, los cuerpos de seguridad han suspendido las operaciones por el momento”, ha terminado por declarar la Policía al comprobar cómo las protestas volvieron a reproducirse por la tarde tras la actuación policial horas antes.

El caso es que este es el último capítulo de un episodio que arrancó el 7 de noviembre, con la acampada de manifestantes islamistas en la autopista más importante que conecta la urbe paquistaní con la ciudad de Rawalpindi. Se plantaron en ese punto, llamados por el mencionado clérigo, para tratar de provocar que el Ejecutivo cese al ministro de Justicia y aplique la ley antiblasfemia.

El dirigente es acusado por Rizvi y sus seguidores de blasfemia por haber elaborado una ley en la que modificó la fórmula del juramento de los cargos público de “Yo creo” a “Yo juro que Mahoma es el último profeta del islam”. Ese matiz ha encendido la ira de los islamistas y desde que el texto fuera aprobado por el Parlamento del país, el 2 de octubre pasado, no han cesado las críticas y presiones. Tanto que el 5 de octubre los extremistas consiguieron que se restableciera el artículo original y que el ministro buscara aplacar la furia de los integristas islamistas afirmando, en vídeo, que Mahora es el último profeta.

Pero el clérigo y sus seguidores no han atendido a esos movimientos y se han volcado en la exigencia de dimisión del titular de Justicia. Su última medida ha sido el colapso de parte de Islamabad, taponando una de sus entradas y granjeando el cierre de colegios y grandes atascos para la convivencia de la capital paquistaní. 

Lo cierto es que la blasfemia es una cuestión muy peligrosa en Pakistán, ya que dicho delito puede llegar a ser cuestión de muerte -aunque nunca se ha ejecutado a nadie- y, al margen de la ley, son recurrentes los linchamientos mediante turbas a presuntos blasfemos. Así, el ministro está en la diana de los extremistas, que también piden que todos los responsables del cambio de ley sean castigados por un acto de blasfemia. Y el partido liderato por el clérigo Rizvi, el Tehreek-e-Labbaik Pakistán, fue creado hace año y medio como reacción a la ejecución de Mumtaz Qadri, el asesino que mató al gobernador de la provincia del Punyab por solicitar cambios en la legislación y defender a una cristiana acusada de blasfema. 

La última hora de la situación narra que Facebook y Twitter han sido bloqueados, que la Autoridad Reguladora de Medios de Pakistán ha prohibido emisiones en directo de imágenes de la protesta, que varias televisiones han sido canceladas, que las protestas se han extendido, al menos, a otras seis otras ciudades, y que el ministro de Interior, Ahsan Iqbal, ha declarado que su voluntad es “limpiar” la zona sin pérdida de vidas humanas. Pero el Gobierno también ha susurrado la posible injerencia de la India en el brete. “Los manifestantes han contactado con la India, ¿por qué? Lo estamos investigando”, expuso el ministro.

EL IMPARCIAL, España, 25-11-2017

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