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Una pintura de hace 150 años parece mostrar a una mujer con un iphone

Una pintura de hace 150 años parece mostrar a una mujer con un iphone

Una pintura de hace 150 años parece mostrar a una mujer con un iphone
noviembre 23

La protagonista del cuadro, que data de 1850-1860, parece no quitar los ojos de un teléfono móvil

Se dice de una obra de arte que es una máquina concebida para producir interpretaciones. Es por eso que un artista no debe proporcionar interpretaciones de su propia obra y dejar que sea el espectador el que la analice y saque sus propias conclusiones.

Se le atribuye la tarea al crítico de interpretar -que no traducir- una obra de arte en palabras para ofrecer una guía que conduzca al espectador a sacar sus propias conclusiones. Sin embargo, siempre es más interesante plantarse delante de un cuadro a observarlo durante varios minutos y tratar de interpretar qué es lo que el autor quiere transmitir.

Se trata de una interpretación de un cuadro del siglo XIX en el contexto tecnológico de dos siglos después

Este ejercicio de interpretación del que hablamos lo puso en práctica el tuitero Peter Russell, de Glasgow, Reino Unido, al compartir en la red social la fotografía del cuadro Die Erwartete (Lo esperado), de Ferdinand Georg Waldmüller, diciendo que le parece que la mujer del cuadro, que data de 1850-1860, sostiene un ‘iPhone’.

A simple vista, podemos pensar que la mujer pasea encorvada y ensimismada sin quitar los ojos de un teléfono móvil. Y, aunque no es correcta, no es una mala interpretación, sino la interpretación de un cuadro del siglo XIX en el contexto tecnológico de dos siglos después.

EUROPA PRESS, 16-11-2017

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A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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