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Sergio Ramírez, Premio Cervantes 2017

Sergio Ramírez, Premio Cervantes 2017

Sergio Ramírez, Premio Cervantes 2017
noviembre 23

El autor de obras como Sara o El cielo llora por mí, que compaginó su carrera literaria con un destacado activismo político, recibe el galardón por “por aunar en su obra la narración y la poesía y el rigor del observador y el actor, así como por reflejar la viveza de la vida cotidiana convirtiendo la realidad en una obra de arte”.

El escritor nicaragüense Sergio Ramírez (Masatepe, 1942) ha sido galardonado con el Premio Cervantes 2017, reconocimiento que otorga cada año el Ministerio de Cultura, para lo que han sido necesarias siete votaciones hasta alcanzar el veredicto. El Cervantes, considerado el Premio Nobel de las letras castellanas y dotado con 125.000 euros, galardonó el pasado año al escritor español Eduardo Mendoza. El 23 de abril de 2016, día en que se conmemora la muerte de Cervantes, el escritor recibirá este galardón durante una ceremonia que habitualmente tiene lugar en la Universidad de Alcalá de Henares y que está presidida por los reyes.

El autor de obras como Sara o El cielo llora por mí, que compaginó su carrera literaria con un destacado activismo político, recibe el galardón por “aunar en su obra la narración y la poesía y el rigor del observador y el actor, así como por reflejar la viveza de la vida cotidiana convirtiendo la realidad en una obra de arte, todo ello con excepcional altura literaria y en pluralidad de géneros, como el cuento, la novela y el columnismo periodístico”, según recoge el acta del jurado.

Nacido en el pueblo de Mastepe, a 50 kilómetros de Managua, en 1942, con 17 años Ramírez ingresa en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de León y un año después funda la revista experimental literaria Ventana, encabezando el movimiento literario del mismo nombre junto a Fernando Gordillo. En 1964 se gradúa como doctor en Derecho, recibiendo la Medalla de Oro como mejor estudiante de su promoción. En 1968 y 1976 es elegido secretario general de la Confederación de Universidades Centroamericanas (CSUCA), con sede en Costa Rica.

En 1977 encabezó el Grupo de los Doce, formado por intelectuales, empresarios, sacerdotes y dirigentes civiles, en lucha contra el régimen dictatorial de Somoza. Tras el triunfo electoral del Frente Sandinista, fue elegido vicepresidente de Nicaragua. Desde el gobierno presidió el Consejo Nacional de Educación y fundó la editorial Nueva Nicaragua. Después de 1996 decidió abandonar la política para volver a escribir. “No escribí ni una palabra entre los 35 y los 45 años, porque entonces era joven y lo que más me importaba era la revolución. Ese sacrificio no lo volvería hacer por nada del mundo, ni aunque me ofrecieran, qué se yo, la presidencia de la General Motors”, contaba en su última entrevista en El Cultrual. Ahora Sergio Ramírez ya no milita en nada (desaprueba el “ateísmo militante”) y trata de transmitir a los jóvenes que, “si la literatura está reñida con algo, es precisamente con la militancia”.

De hecho, el escritor ha reflexionado profundamente con posterioridad sobre la relación entre política y literatura, una simbiosis que ve completamente imposible. “Yo recomiendo siempre a los alumnos que me encuentro en talleres y seminarios que no se metan en política, lo cual no quiere decir que no opinen”, puntualiza. “Uno tiene que tener una conciencia abierta y crítica, sobre todo en países con tantas anormalidades públicas como tienen los de América Latina. Pero la obra literaria debe abordarse desde la libertad y hablarle al poder, no plegarse a él; y eso es algo que, si uno pertenece a un partido, o forma parte de un régimen, se ve notablemente limitado”.

Como escritor Ramírez cultiva una pluralidad de géneros, alternando los cuentos, con las novelas, el ensayo y los artículos periodísticos. Entre sus cuentos destacan, entre muchos, , Perdón y olvido, Catalina y Catalina, Flores oscuras o La viuda Carlota y otros cuentos. De su producción novelística cabe destacar Margarita, está linda la mar, Sombras nada más, Mil y una muertes, La fugitiva o Sara. Algunos de sus títulos ensayísticos son Oficios compartidos, Tambor olvidado o La manzana de oro. Ha escrito también varios títulos de temática gastronómica como Lo que sabe el paladar: diccionario de los alimentos de Nicaragua o A la mesa con Rubén Darío.

Durante su dilatada trayectoria ha recibido numerosos galardones como el Premio Bruno Kreisky de Austria (1988), la Orden de Caballero de las Artes y las Letras de Francia (1993), la Medalla Presidencial del centenario Pablo Neruda otorgada por el gobierno de Chile (2004), el Premio Rafael Heliodoro Valle de la República de Honduras (2007), el Premio Internacional Carlos Fuentes (2015) o la Orden al Mérito de la República Federal de Alemania (2007).

Ramírez es doctor honoris causa por la Universidad Central de Ecuador, por la Universidad Blaise Pascal de Clermont-Ferrand (Francia) y por la Universidad de Catamarca (Argentina). Fue secretario general de la Confederación de Universidades Centroamericanas y actualmente es miembro de la Academia Nicaragüense de la Lengua, de la Real Academia Española, de la Academia Puertorriqueña de la Lengua, y de la Academia Panameña de la Lengua. Asimismo es miembro del Patronato del Instituto Cervantes, presidente del Consejo Honorario del Instituto Iberoamericano, y presidente del Encuentro Internacional de Escritores Centroamérica Cuenta.

Con este nuevo reconocimiento, el escritor se une a la amplia nómina de prestigiosos ganadores del Cervantes, entre los que se encuentran, además del mencionado Mendoza, el palmarés de los últimos años se completa con los nombres de Fernando del Paso (2015), Juan Goytisolo (2014), Elena Poniatowska (2013), José Manuel Caballero Bonald (2012) y Nicanor Parra (2011), entre otros.

En esta edición, el jurado ha estado formado por Darío Villanueva, representante de la Real Academia Española, que además ha actuado como presidente; Eduardo Mendoza, galardonado en 2016; designada por la Academia Nacional de Letras de Uruguay, Beatriz Vegh; por la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE), Carmen Ruiz; por la Unión de Universidades de América Latina (UDUAL), Diego Valadés; por el director del Instituto Cervantes, Esperanza López Parada; por el ministro Cultura, Antonio Pau; por la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE), M.ª del Carmen Pérez de Armiñán, por la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP), Ileana Alamilla; y por la Asociación Internacional de Hispanistas, María Augusta da Costa.

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A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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