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Se cansó del dinero y las mujeres: Deportista británico pasa del fútbol al sacerdocio

Se cansó del dinero y las mujeres: Deportista británico pasa del fútbol al sacerdocio

Se cansó del dinero y las mujeres: Deportista británico pasa del fútbol al sacerdocio

Philip Mulryne, ex volante de Manchester United, dio a conocer las razones que tuvo para dejar el balón y dedicarse a la fe en Irlanda del Norte.

Para muchos el fútbol se ha transformado en una vía de desarrollo económico, basado en el esfuerzo y la superación deportiva. Las carreras exitosas, que inician a una edad temprana, golpean a los jóvenes que algunas veces no saben qué hacer con el dinero y la fama, cayendo en vicios o bien consiguen llevarlas de buena forma.

Este parecía ser el camino de Philip Mulryne, futbolista británico que debutó en Manchester United, aunque sus mejores actuaciones las hizo de la mano de Norwich. “No me gustaban las trampas de ser futbolista: el dinero, los clubes nocturnos y la atención de las mujeres. Aunque estuvo bien por un tiempo, cuando llegué a los 20 años comencé a sentirme realmente insatisfecho”, contó sobre su experiencia en una entrevista con The Times.

Me encantó el juego, me encantó el entrenamiento. El estilo de vida me brindaba placer pero nada duradero. Estaba comprando tres o cuatro autos al año porque me estaba aburriendo y siempre quería más. Lo mismo ocurrió con la ropa y las casas”, agregó el ex volante.

Tras finalizar su carrera deportiva en 2008, centró sus esfuerzos en el sacerdocio, para volverse diácono en 2016. Hoy, ejerce como sacerdote en Newbridge College, una escuela cercana a Belfast, capital de Irlanda del Norte.

LA TERCERA, 17-11-2017

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A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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