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LA AGONÍA DE LA DC

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Lillian Calm escribe: “Un partido de moderación, con raíces cristianas como dice al menos su nombre, no aprueba el aborto en causal alguna. Fueron escasos los políticos y dirigentes DC que se opusieron enérgicamente al aborto en todas sus causales y, por su parte, el militante y el simpatizante silencioso, consecuente con sus principios cristianos, simplemente tomó nota”.

Suelo oír siempre la misma radio porque a mi juicio da las noticias al instante, aunque pispo algunas falencias cuando se refiere a determinados temas. El día de las elecciones presidenciales la sintonicé temprano y seguí atentamente al reportero encargado de cubrir la votación de la Mandataria. Explicó in situ que ésta se había acercado a la mesa… que había entrado a la urna y luego que… había salido de la urna. Repitió urna, sin que el conductor del programa –avezado periodista- se diera cuenta y le hiciera rectificación alguna.

Sin duda el reportero confundió urna con cámara secreta. La Presidenta, aunque tratara, no habría podido ingresar a la urna, ya que ésta es la caja que contiene los votos y, también, según la Real Academia y el lenguaje coloquial, es sinónimo de ¡ataúd!

¡Qué metida de pata! Hacer entrar a la Presidenta a la urna, al ataúd, y luego hacerla salir del ataúd, cuando del ataúd no se sale.

Pero Su Excelencia lo logró.

No así la candidata del Partido Demócrata Cristiano que con sus paupérrimos votos logró lo que nadie: sepultar una colectividad política que, al menos en Chile, funda sus raíces a mediados del siglo pasado.

¿Estamos asistiendo a las exequias del Partido Demócrata Cristiano? Así lo aseveran diferentes analistas, que achacan a distintas causas este deceso político.

La colectividad se auto situaba en lo que sus adherentes definían como un centro democrático y reformista. O de centro y moderación. El tema está, y de ahí la desafección de tantos militantes y simpatizantes silenciosos, que de centro le fue quedando poco y de moderación, muchísimo menos.

El partido tildado de centro no le hizo asco a ir en una coalición con el Partido Comunista, lo que no fue nada de bien visto ni en Chile ni en el extranjero. ¡Qué diferencia con su hermanastro, el partido demócrata cristiano alemán (CDU), que hasta, dicen, le habría tirado las orejas por la inconveniencia de sus ocasionales amistades! Ello habría llevado a los dirigentes locales a seguir en sociedad, pero a aguzar sus dardos contra el comunismo al menos verbalmente. Pero ya era tarde.

Sin embargo hay un factor no menor que los analistas parecen no haber tratado. Al menos en los mezquinos resultados que obtuvo la Democracia Cristiana en las presidenciales y parlamentarias.

Un partido de moderación, con raíces cristianas como dice al menos su nombre, no aprueba el aborto en causal alguna. Fueron escasos los políticos y dirigentes DC que se opusieron enérgicamente al aborto en todas sus causales durante la tramitación de la ley en el Congreso y, por su parte, el militante y el simpatizante silencioso del que hablábamos, consecuente con sus principios cristianos, simplemente tomó nota.

Así, el domingo se pudo expresar. Y cayeron no sólo las cifras sino con ellas también dos senadores considerados emblemáticos. Y también otros.

Es que, junto con la derrotada candidata Carolina Goic, tal vez ya habían perdido el norte de los principios que alguna vez trazó la colectividad. Y para explicarlo ni siquiera hay que remontarse a Jacques Maritain o, en su defecto, a los fundadores de la Falange.

Basten para fundamentar  esta aseveración los “Acuerdos del V Congreso Ideológico y Programático de la Democracia Cristiana”, realizado en 2007 y a los que he aludido en columnas anteriores.

Citaré nuevamente algunos párrafos que hablan por sí mismos y recomiendo su lectura. Así entenderemos mucho de lo que ha sucedido, ya que con la aprobación del aborto con el voto de algunos parlamentarios demócratacristianos, se hizo nada menos que  borrón y cuenta nueva de los propios principios del partido político que hoy agoniza.

¿Qué dicen esos acuerdos?:

Primero, en lo que definen como “nuestra identidad”, los demócratacristianos se jactan de “una historia que nos enorgullece, 70 años después de la fundación de la Falange y a 50 años de vida de la Democracia Cristiana”.

Definen su colectividad como “un partido doctrinario e ideológico, que orienta sus acciones y principios y valores fundamentales”, para luego aseverar que creen “en el sentido ético de la política”.

Al referirse a “nuestras fuentes filosóficas” señalan en el documento que fundan sus raíces “en la tradición del humanismo y la doctrina social cristiana que, desde fines del siglo XIX, denunció las injusticias del mundo moderno invitando a luchar por una nueva sociedad -distinta del liberalismo individualista y el socialismo marxista- a partir del mandato evangélico del amor al prójimo, expresado en los valores de la libertad, la justicia social y la solidaridad”.

Sigamos: “Todos nuestros esfuerzos y acciones deben considerar al ser humano como el fin y jamás como un medio para el logro de cualquier objetivo”.

Y luego, bajo el subtítulo “Derecho a la vida”, consignan o consignaban hace diez años: “Reconocemos la naturaleza espiritual y trascendente del ser humano, concebimos la vida como una identidad continua desde la fecundación hasta la muerte natural. La libertad e igualdad en dignidad y derechos con que nacen todos los seres humanos es compartida por los seres humanos que están por nacer. Por eso, defendemos su vida. El aborto es una atentado al derecho a la vida de cada ser humano. Frente al llamado aborto terapéutico, postulamos que es innecesaria una legislación que abra las puertas a la definición desde el Estado acerca de cuáles seres humanos pueden existir y cuáles no”.

Agrega: “Propiciamos la existencia de mecanismos de discernimiento para resolver los casos excepcionales y complejos que se presentan desde el punto de vista médico. La sociedad debe procurar que cada niño sea aceptado aun en las condiciones más difíciles para sus padres”.

Hasta ahí mi cita de los “Acuerdos del V Congreso Ideológico y Programático de la Democracia Cristiana”.

Los actuales dirigentes, ¿no los habrán leído en estos diez años? En todo caso, el domingo recibieron el veredicto.

Se puede concluir que el aborto también les pasó la cuenta.

Lillian Calm

Periodista

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