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The Square

The Square

The Square
noviembre 16

Año: 2017.Países: Alemania, Dinamarca, Francia, Suecia. Dirección: Ruben Östlund. Intérpretes: Claes Bang, Elisabeth Moss, Dominic West, Terry Notary, Christopher Læssø, Linda Anborg, Annica Liljeblad, Sofie Hamilton, Marina Schiptjenko, Elijandro Edouard, Martin Sööder, Daniel Hallberg. Guión: Ruben Östlund.Fotografía: Fredrik Wenzel

Sinopsis

Christian es un padre divorciado que disfruta dedicando su tiempo a sus dos hijas pequeñas. Conservador valorado de un museo de arte contemporáneo, también forma parte de esas personas que conducen un coche eléctrico y respaldan las grandes causas humanitarias. Está preparando su próxima exposición, titulada “The square”, en torno a una instalación que incita a los visitantes al altruismo y les recuerda sus deberes respecto a sus semejantes. Pero en ocasiones es difícil vivir en virtud de sus valores: cuando a Christian le roban su teléfono móvil, su reacción no le deja precisamente en buen lugar… En el mismo momento, la agencia de comunicación del museo lanza una campaña sorprendente para “The square”: la reacción es totalmente inesperada y sume a Christian en una crisis existencial.

Crítica

Impactante película escrita y dirigida por el sueco Ruben Östlund, que ya sorprendió con su anterior film, Fuerza mayor, con el que cosechó varios premios, aunque ninguno tan excelso como el conseguido con The Square, nada menos que la Palma de Oro en Cannes. El cine de Östlund es desde luego poderoso, moderno en estilo narrativo y actualísimo en cuanto a temática, donde disecciona los males de las sociedades avanzadas, siempre con un punto de humor que expone al desnudo sus contradicciones. Como ya hiciera en la película precedente, Öslund incide aquí en la hipocresía que invade a los seres humanos, especialmente a los habitantes privilegiados de los países ricos, presas de un rampante individualismo, quizá aún más señalado en las tierras nórdicas, donde una cosa puede ser lo que se vive, otra lo que se piensa y otra incluso lo que impone la opinión pública o los medios de comunicación.

En The Square esa dicotomía se expresa acendradamente en la disciplina artística, un mundo –el del arte contemporáneo– siempre susceptible de ser tachado de falso, una invención fraudulenta de los intereses humanos donde con frecuencia se da gato por liebre, como también ocurre en el sexo sin amor o en los dictámenes de lo políticamente correcto. Ese “buenismo” insensato da lugar a verdaderas ridiculeces. Que un memo haciendo el mono sea considerado arte por la intelectualidad entendida habla a las claras de los extremos de estupidez alcanzados, algo que Östlund critica con acidez en una escena sobrecogedora que produce casi terror. Pero, aunque todo el film viene teñido de una atmósfera más o menos inquietante, con situaciones que rozan el surrealismo, el enfoque del director destila ante todo un humor heterodoxo derivado de la extrañeza ante lo que experimentan los personajes: esas intervenciones durante la entrevista del artista, el desagradable asunto del condón, el anuncio del menú, la notoria pataleta del chico en la tienda, etc.

Por lo demás, gusta Östlund de revestir a sus personajes de cierto patetismo, de insistir en que el ser humano no es más que un ser insignificante, por mucho que se afane en darse importancia. El actor danés Claes Bang logra transmitir esas limitaciones con eficacia, mientras que los más conocidos Elizabeth Moss y Dominic West aportan un gran aplomo en sus leves apariciones.

Pablo de Santiago. DeCine21.com

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Humor

A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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