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Necesitamos de los otros para sobrevivir

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Necesitamos de los otros para sobrevivir
noviembre 16

La obesidad es un factor de riesgo importante para la salud de la persona. Lo interesante, sin embargo, es que la soledad puede ser aún más perjudicial que llevar en sí mismo unos kilos de más, y lo demuestran las estadísticas: las personas aisladas tienen un 50% más de probabilidades de morir antes de los 70 años, en comparación con aquellas que mantienen una buena conexión social. Para los obesos, el riesgo es “solo” un 30% mayor respecto a los no obesos.

Los números parten de un informe elaborado por un equipo de expertos de varias universidades estadounidenses y publicado por la Asociación Americana de Psiquiatría (AAP). Los psicólogos Julianne Holt-Lunstad, Theodore Robles y David A. Sbarra examinaron los resultados de más de 210 investigaciones con una muestra total de casi 4 millones de personas –la gran mayoría de EE.UU., pero también de Europa, Asia y Australia–, y constataron la diferencia entre los índices de mortalidad de las personas que tienen conexiones sociales y las que no.

Hasta un 40% de los mayores de 60 años en EE.UU. experimentan sentimiento de soledad intensa o frecuente

Los autores califican el aislamiento social sin medias tintas: es una “amenaza a la salud pública”: según explican, la cuarta parte de los estadounidenses viven solos, y entre los mayores de 60, el sentimiento de soledad intensa o frecuente afecta a una proporción aun mayor, hasta del 43%, según un estudio.

Entre las causas del fenómeno, citan que el tamaño de los hogares ha decrecido desde 1985, a la vez que han subido un 10% los formados por solo una persona. La tendencia descendente en el número de personas casadas y de hijos, junto con el envejecimiento de la población, reduce las posibilidades de apoyo familiar en la tercera edad.

El informe anota también el debilitamiento de las redes de apoyo no familiares, que suplían la ausencia de los parientes. “La decreciente participación de la comunidad es palpable en las tasas de voluntariado, que van a la baja (Departamento de Trabajo, 2016), y en el cada vez mayor porcentaje de estadounidenses que manifiestan no tener afiliación religiosa (Pew Research Center, 2015)”. Con estos datos, los especialistas prevén más soledad en el futuro.

Una batalla más de salud pública

La soledad es inversamente proporcional a las conexiones sociales de la persona, y el equipo de psicólogos norteamericanos desea que las autoridades hagan de ellas una prioridad de salud pública.

La definición que aportan de conexión social es la de un indicador de salud –como pueden serlo el ejercicio físico o el peso–, medible a través de factores, que influye tanto en la duración como en la calidad de la vida. Entre los componentes tenidos en cuenta se incluyen el estado civil, la calidad del nexo conyugal, el tamaño de la familia, la frecuencia de contactos sociales y el número de personas con las que se tiene relación, el respaldo de amigos, familiares y conocidos, etc.

Sin embargo, advierten los autores del informe, los Centros de Control de Enfermedades (CDC) ni siquiera reconocen la reducción de la soledad crónica como objetivo de salud pública. En efecto, la web de la institución, bajo el título de “Winnable battles” (Batallas que se pueden ganar), se enumera unas prioridades entre las que están la lucha contra el tabaquismo, el trinomio nutrición/actividad física/obesidad, la seguridad alimentaria, las infecciones contraídas en los centros de salud, los accidentes de coche, los embarazos precoces y las infecciones por VIH.

La falta de nexos sociales coloca a quienes la sufren “en un mayor riesgo de mortalidad prematura y de morbilidad latente”

De la soledad, los CDC no dicen nada, pese a que, como ilustra el metaanálisis de Holt-Lunstad, Robles y Sbarra, la falta de conexión social coloca a quienes la sufren “en un mayor riesgo de mortalidad prematura y de morbilidad latente, cuya magnitud es comparable a la de indicadores de salud actualmente reconocidos”.

Sonríe, saluda, acércate

En la presentación de su estudio durante la pasada 125 Convención Anual de la AAP, la doctora Holt-Lunstad propuso algunas vías para contener la situación. Entre ellas, recomendó poner mayor énfasis en la preparación de los escolares en cuanto a aptitudes sociales, y la necesidad de animar a los profesionales de la medicina para que incluyan la conexión social de sus pacientes entre los parámetros de diagnóstico.

También insistió en que, así como las personas que trabajan planifican la jubilación desde el punto de vista financiero, deben hacer lo mismo en lo que respecta a las relaciones personales, pues muchos vínculos surgen precisamente en el puesto laboral. En las localidades de residencia, entretanto, deben crearse espacios que favorezcan la interacción, como centros de ocio o jardines comunitarios.

En concordancia con esto, los expertos ofrecen en el informe algunos ejemplos de intervenciones públicas de éxito en otras áreas de salud, y abogan por replicarlas. Una de ellas es el denominado Nurse-Family Partnership, que facilita las visitas de enfermeras a las madres de bajos recursos y a las embarazadas no casadas, desde el período prenatal hasta que el niño cumple dos años. “Está ampliamente reconocida –señalan– su influencia en varios de los logros de esas madres y de sus hijos, incluido el descenso de los casos de maltrato y falta de atención a los niños”. Esto muestra, dicen, cómo una iniciativa de prevención social puede ayudar a mejorar la salud pública.

De igual modo, se fijan en la estrategia aplicada por los CDC para combatir la obesidad, y sugieren la aplicación de un sistema de “vigilancia” más activo de las personas en riesgo de soledad crónica. Las iniciativas de intervención, además, bien pueden contar con la iniciativa privada, como muestra el caso de la empresa Kaiser Permanente, que ha desarrollado un programa en las escuelas en pro de la alimentación saludable y la actividad física. Y puede involucrar también a personalidades conocidas en campañas que visibilicen a las personas aisladas. El informe menciona una iniciativa de este corte: la campaña Just Say Hello (Simplemente di “hola”), que patrocina la popular presentadora Oprah Winfrey, y que invita a sus seguidores a levantar los ojos del móvil y comenzar a hablar con otros en cualquier circunstancia informal: en la lavandería, en el autobús, en la cafetería, y a que se interesen por personas a las que hace tiempo no ven.

Las iniciativas de intervención contra la soledad crónica pueden contar con la colaboración de empresas privadas y de personalidades

Los seres humanos necesitamos de los otros para sobrevivir –concluyen los autores del informe–. Con independencia del sexo, del país o de la cultura de origen, de la edad o del estatus económico, la conexión social es crucial para el desarrollo humano y para la supervivencia. Las pruebas que lo respaldan son irrebatibles”.

ACEPRENSA, 08-11-2017

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A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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