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Luego de los treinta, todos estamos en riesgo de tener una hernia discal

Luego de los treinta, todos estamos en riesgo de tener una hernia discal

Luego de los treinta, todos estamos en riesgo de tener una hernia discal

Esta es una de las enfermedades más comunes de la columna vertebral.

Aquella mañana, Ana María se levantó de la cama y no pudo enderezar del todo su espalda. El dolor no se lo permitía, y sentía que sus huesos tampoco, como si se hubieran enredado unos con otros y no fuera posible reacomodarlos. Intentó caminar muy despacio y a los pocos pasos se sintió muy cansada, como si un peso le cayera sobre la parte lumbar de la espalda. Con movimientos muy lentos y miedo de quedar parapléjica, alcanzó a llegar hasta el baño; con la espalda siempre encorvada y dolor permanente, logró darse un duchazo muy rápido. Después se sentó durante un rato antes de vestirse para aliviar un poco el dolor y la carga que sentía. 

Un médico especialista en columna la observó, la examinó, y, tras revisar la resonancia magnética, le dijo que tenía una hernia discal, un mal que se produce por el desgaste natural; cosas de la edad, pensó ella a sus 48 años, y que ahora debía cuidarse de por vida con estiramientos, ejercicios y fortalecimiento de los abdominales para sostener bien la columna.

Fue así como Ana María se convirtió en otra paciente con esta patología que, según explica Juan Manuel Sierra, cirujano de columna de la Clínica del Country y la clínica La Colina de Bogotá, es benigna en el 85 por ciento de los casos y aparece con mayor frecuencia entre los 30 y los 50 años. “Todos en algún momento vamos a tener desgaste del disco, pero hay gente asintomática y otra sintomática. Los síntomas aparecen en las hernias que contactan la raíz nerviosa”, explica el experto.

La Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos explica que las vértebras de la columna están separadas por discos que permiten el movimiento. Dichos discos son de cartílago y tienen por dentro un núcleo que es una especie de gelatina –el núcleo pulposo–. Cuando el desgaste del cartílago, los traumas o algunas enfermedades rompen el disco, el núcleo se sale del lugar y se va para otro lado. Eso es lo que se llama hernia, en este caso del núcleo pulposo, que es lo que se conoce como hernia de disco. 

Al comprimir estructuras nerviosas cercanas, produce un dolor característico que tiende a propagarse por toda la extensión del nervio afectado y en casos graves –que son la minoría– puede acompañarse de pérdida del movimiento.

Las hernias discales más frecuentes se presentan en la parte baja de la espalda o región lumbar, como le sucedió a Ana María. Los síntomas son dolor al estar sentado mucho rato o permanecer de pie por un tiempo prolongado, un dolor irradiado a brazos o a piernas con hormigueo o pérdida de la fuerza de la pierna o debilidad de los músculos o de la fuerza completa de la pierna. La resonancia magnética y el examen clínico son los procedimientos indicados para diagnosticarla.

La mayoría de veces, con un buen manejo médico, que consiste en medicamentos para el dolor, reposo los primeros días y un plan de rehabilitación con fisioterapia, la persona recupera su movilidad. Pero el paciente debe cuidarse de por vida con estiramientos y ejercicios en su casa y cuidar su peso. Según Sierra, con buen manejo médico muchas pueden reabsorberse.

Agrega que menos del 10 por ciento de los casos requieren otro tipo de intervención. Cuando se presentan otros síntomas como algún deterioro sensitivo o pérdida de control de esfínteres, es necesario operar inmediatamente. También puede ser necesario en aquellos casos en que se presenta un dolor irradiado después de un tratamiento juicioso de unos tres o cuatro meses. Los factores de riesgo son el sedentarismo, el exceso de peso, y en algunas familias se da también por herencia.

La recuperación

Una vez Ana María recuperó su movilidad y no sintió más dolor, siguió juiciosa con sus ejercicios en las noches. Además, comenzó a nadar, un deporte que muchos especialistas, entre ellos Sierra, recomiendan para quienes tienen problemas de espalda, pues es muy útil porque fortalece todos los músculos de la espalda.

También presta más atención a su postura cuando está sentada. El único cambio en su vida fue que dejó de trotar, un deporte de impacto que afecta la columna.

Y Ana María igualmente descubrió que muchos conocidos también tienen hernias discales y buscan soluciones en terapias diferentes a la medicina tradicional, como acupuntura, yoga, pilates, taichí, masajes, quiroprácticos u osteopatía. Sierra explica que todas estas opciones son coadyuvantes, que no están contraindicadas y a todos les recomienda que, si las van a utilizar, busquen profesionales serios e íntegros y que cuenten con certificados cuando sean necesarios.

Según la Publicación de Salud de Harvard, en los casos en que estas alternativas han sido efectivas siempre han estado acompañadas del manejo médico mencionado.

El dolor lumbar y las hernias

Según Harvard Health Publishing, el dolor de espalda es la segunda razón de incapacidades laborales en Estados Unidos después del desequilibrio muscular; las hernias de disco son menos frecuentes.

Es también una de las cinco razones más frecuentes por las cuales las personas consultan a un médico.

Es necesario precisar que no todos los dolores lumbares son causados por una hernia discal, mientras que todas las hernias discales lumbares producen dolor en la parte baja de la espalda.

Mujeres embarazadas pueden sufrir de dolores lumbares y llegar a creer que tienen una hernia discal; la mayoría de las veces, una vez terminado el embarazo, el dolor cede y se ve que ellas no tienen problemas con los discos.

Catalina Gallo. EL TIEMPO, Colombia, 01-11-2017

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A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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