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Trump: populismo ruidoso pero parcialmente efectivo

Trump: populismo ruidoso pero parcialmente efectivo

Trump: populismo ruidoso pero  parcialmente efectivo

En el año transcurrido desde su elección el 8 de noviembre de 2016, la mayoría republicana en el Congreso y su propio entorno en la Casa Blanca han limitado el impacto de su nacionalismo proteccionista

Mucho ruido, pero sólo algunas nueces. El anunciado populismo de Donald Trump, con el que el outsider llegado para desmontar el sistema fue capaz de conectar con el suficiente número de estadounidenses para llegar a la Casa Blanca, ha llegado a buen puerto en contadas ocasiones. La batería de promesas fáciles con las que desarboló a Hillary Clinton en las urnas, hace ahora un año, ha topado en la mayoría de los casos con la complejidad de un sistema de poderes que limita notablemente la capacidad del presidente.

Su propio entorno de asesores y la mayoría republicana, con la que mantiene un entendimiento a la fuerza de momento poco efectivo, han frenado sus impulsos, hasta acumular un número de fracasos provisionales que dejan su agenda presidencial en entredicho. Los compromisos bandera que reforzaron su campaña electoral, en especial la demolición y sustitución del Obamacare (sistema de cobertura sanitaria impulsado por su antecesor) y la construcción de un muro a lo largo de toda la frontera con México, han sido bloqueados por la mayoría en el Congreso, algunos de cuyos miembros, lejos de comulgar con sus propuestas, se muestran abiertamente contrarios.

La política exterior, muy alejada de los tradicionales aliados de Estados Unidos, y su nacionalismo económico, de carácter proteccionista, tampoco casan con la visión de Trump, que sí ha cumplido con la ruptura o revisión de los principales acuerdos internacionales. Un boquete en el tradicional espíritu republicano. El mayor reto del presidente, que por una vez los conservadores asumen como propio, la rebaja de impuestos, afrontará su gran desafío las próximas semanas.

trum

Obamacare, el primer incumplimiento

La supresión y sustitución del Obamacare, el sistema que Trump tachó repetidas veces de «desastre», que llegó a sonar como una cantinela durante los meses de campaña presidencial, sigue siendo hoy una quimera. La propuesta que el presidente remitió al Congreso para iniciar su destrucción, junto con las alternativas que planteaba, encontraron por dos veces consecutivas el rechazo de un Senado controlado por los republicanos (52-48).

En la primera y única votación hasta ahora, al menos cinco representantes se opusieron al nuevo sistema pergeñado por la Administración Trump, temerosos de que muchos de sus votantes, también conservadores, quedaran fuera de la cobertura del sistema.

La segunda votación, ni llegó a producirse, consciente la dirección conservadora de que no había convencido a los suficientes senadores. Una muestra de la complejidad de un modelo que, funcionara o no, fuese más o menos eficiente, necesitaba de mucho más tiempo para ser reformado que el que el entonces candidato republicano prometió a sus fieles.

Recientemente, Trump ha decidido utilizar su capacidad de recurrir a órdenes ejecutivas para iniciar la supresión de algunas ayudas sanitarias, a su juicio «caras e ineficientes». Otra forma de presionar a los congresistas para que pacten un nuevo modelo.

ABC, España, 08-11-2017

 

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A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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