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Philippe Claudel: “Hemos borrado la muerte de nuestra cultura”

Philippe Claudel: “Hemos borrado la muerte de nuestra cultura”

Philippe Claudel: “Hemos borrado la muerte de nuestra cultura”
noviembre 02

Invitado al Festival Puerto de Ideas de Valparaíso, el destacado escritor francés habla de su novela Bajo el árbol de los toraya.

El protagonista es cineasta. Tiene 50 años y su último largometraje logró una tibia acogida en el público. Es la primavera de 2012 y está de turista en la isla indonesia de los toraya llamada Célebes, donde aprovecha de reflexionar sobre su pasado.

La vida de los toraya está estrechamente ligada a la muerte. Entre sus ritos, por ejemplo, cuando muere un niño pequeño, se le hace un hoyo al tronco de un árbol y el cuerpo se envuelve en una sábana, que luego se cubre con ramas. Con el paso de los años la madera vuelve a cerrar: comienza entonces el viaje que elevará al niño al cielo. Tras su paso por la isla, cuando el director decide regresar a su hogar en Francia, encuentra en la contestadora un mensaje de su mejor amigo, Eugène: “Tengo un cáncer de los malos”.

Es la historia que desarrolla el primer capítulo, las emotivas primeras páginas de Bajo el árbol de los toraya, la nueva novela del escritor francés Philippe Claudel (55). Un relato con rasgos biográficos. Claudel, aparte de ser un reconocido narrador, es autor de cuatro películas. Hace cinco años tenía 50, y perdió a su editor, uno de sus mejores amigos.

Lo que me atrae realmente es la imaginación. Para mí, la literatura es esencialmente el dominio de la ficción”, dice Claudel a La Tercera desde Francia. “Esto permite auscultar lo real desde otro ángulo. Lo que me gusta es realizar la autopsia de los vivos, a través de historias imaginarias”, agrega quien llegará al país en los próximos días para participar en el Festival Puerto de Ideas de Valparaíso, que se realizará entre el 10 y el 12 de noviembre.

Esta será la tercera vez que voy. Me gusta ir, me gustan las personas, los vinos, la comida, y me encantaría descubrir más paisajes, porque Chile es un país de paisajes, y eso me fascina”, comenta el autor de elogiados títulos como La nieta del señor Linh y El informe de Brodeck.

Este año Philippe Claudel publicó en francés la novela Inhumaines, aún no traducida al español y donde crea una galería de extraños personajes que reflejan la decadencia de la sociedad contemporánea. “Un libro sorprendente y desestabilizador, divertido y escalofriante”, apuntó el periodista galo Bernard Lehut.

-En Bajo el árbol de los toraya escribe: “Nuestro mundo vive de espaldas a la muerte”. ¿Le parece que Occidente valora menos la muerte que otras culturas?

-Hemos borrado la muerte de nuestra cultura. Le tememos y soñamos con la inmortalidad. En mi infancia, la muerte todavía estaba presente y con ella los rituales privados y religiosos que la rodeaban: veíamos el cuerpo de los muertos durante tres días. La misa fúnebre reunía a muchas personas. Luego estaba el cementerio, el descenso del ataúd al pozo y después una comida. Esto ayudaba a entender la idea de la muerte. Nos dábamos cuenta de que ella era parte de la vida. Hoy, a menudo, morimos en el hospital. No hay más vigilias funerarias, y muy pocas ceremonias religiosas. Los cuerpos se incineran más. La muerte, de hecho, se vuelve invisible, obscena y más aterradora.

-Séneca decía: “Quien no quiere morir no quiere vivir”…

-Séneca, Montaigne, otros pensadores han formulado la idea de que es porque la muerte es el término que la vida toma su significado. Una vida que ignora el término de la muerte, no puede ser vivida con plenitud e intensidad. Es porque sé que algún día voy a morir, que cada momento, cada encuentro, cada beso, cada lectura, cada paisaje, cada emoción, cada maravilla, se vuelven preciosos.

-La amistad es un tema presente en el libro, pero está ligada a la muerte. ¿Cómo se supera la partida de un ser querido?

-Después del momento del dolor, que es real y prolongado, llega el momento de una compañía fructífera con el difunto. Su presencia es interior. Es como si el amigo perdido hubiera tenido lugar en nosotros, de una manera profunda y cálida. El continúa viviendo en nosotros. Lo usamos, no como un niño, sino como llevamos un tesoro del cual nos hemos convertido en el guardián.

-¿Ha recibido comentarios?

-La novela tocó y conmovió a los lectores. Fue leída y la gente descubrió que estaba llena de esperanza, alegría y promesa, a pesar de su conversación seria. Muchos lectores me dijeron que la lectura los ayudó a sobrellevar la enfermedad de un ser querido, su desaparición. Todos han señalado que el libro es, ante todo, un himno a la vida.

-¿Cómo surgió Inhumaines?

-El libro nace de la observación que hago del mundo. Encuentro que el hombre pierde gradualmente su humanidad, es decir, su capacidad para sentir emociones, para rebelarse contra la injusticia, el mal, la indiferencia, para acercarse a sus semejantes. Así que creé personajes que ya no parecen humanos y se mezclan con situaciones atroces que ya no parecen conmocionar. Es un libro de humor negro. Coloco varios monstruos en escena.

Javier García. LA TERCERA, 28-10-2017

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A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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