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Bondi Beach

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Escribo esta columna desde el aeropuerto de Sidney, Australia. Vine a este país a buscar inspiración para el nuestro. Australia es un país como Chile. Ubicado en el hemisferio sur, alejado de los grandes centros de negocios de Europa y EE.UU., tiene tan solo 24 millones de habitantes, buen clima y su principal industria es la minería. Sin embargo, Australia es un país desarrollado, con un ingreso per cápita que duplica al de Chile y con una calidad de vida envidiable.

Es primera vez que vengo a Australia, pero como muchos de ustedes había visto en repetidas ocasiones la foto de la Ópera de Sidney y las playas repletas de rubias cobrizas. Pero como sabemos las postales son algo engañosas. Las ciudades australianas están lejos de esa fría perfección que solo encontramos en las calles maquetadas de Disney World. Melbourne y Sidney son lugares vivos, con gente diversa, con edificios nuevos y viejos. Con tráfico, ruido y mucha construcción. Pitt, una de las principales calles comerciales de Sídney podría ser el Paseo Ahumada. Excepto que en Piit, no hay perros vagos, ni lanzas, ni comercio ambulante.

Bondi Beach, una de las playas más famosas del mundo, que queda a unos 20 minutos del centro de Sídney, podría ser Cartagena. Los millenials chilenos, que han ido en masa a Australia a “trabajar” deben estar pensando que me volví loco. Pero no es así. Cartagena tiene lindas construcciones que datan de fines del siglo XIX y principios del siglo XX. En ese tiempo era el lugar de veraneo preferido de la aristocracia santiaguina. Las construcciones más antiguas de Bondi Beach son de la misma época. La diferencia es que los australianos han logrado mantener Bondi Beach a través del tiempo como un lugar limpio, seguro y amistoso para el desarrollo de actividades deportivas y familiares. La aristocracia no va a Bondi Beach, pero la playa está repleta de niños y jóvenes de clase media de los más diversos lugares del mundo. Las rubias cobrizas existen pero son minoría.

Cartagena era más bonita y elegante que Bondi Beach y Santiago no tenía nada que envidiarle a Melbourne o Sidney a comienzos del siglo pasado. Cien años después, los australianos nos han sacado una ventaja tan grande que parecería irremontable. Nadie le ha regalado nada a Australia, lo que han logrado lo han hecho a punta de trabajo, sacrificio y sobre todo mucha consistencia en el tiempo.

A diferencia nuestra, y de muchos de nuestros vecinos latinoamericanos, los australianos no han pretendido refundar su país cada vez que algún intelectual aparece con una nueva teoría y mucho menos en cuatro años. Australia ha llegado donde está dando pequeños pasos adelante, enmendando lo malo y manteniendo lo bueno y no a punta de revoluciones ni retroexcavadoras.

Tenemos mucho que aprender de los australianos. Sin duda este maravilloso país del pacífico sur, constituye un modelo mucho más evidente e interesante de desarrollo para nosotros que los archi recurridos países escandinavos.

Columna de José Ramón Valente, economista. LA TERCERA, 27-10-2017

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Paseaban por el campus de la Universidad de Princeton el matemático Oswald Veblen y el periodista del Manchester Guardian J. G. Crowther.

– Allí viene Einstein, debe Ud. conocerle, dijo el matemático.

Se acercaron y Veblen lo presentó como “el corresponsal científico del Manchester Guardian”. Einstein se inclinó y dijo:

– El Manchester Guardian es el mejor periódico del mundo.

Cuando el periodista regresó a Londres, uno de los ejecutivos del diario le preguntó si había oído ciertos rumores sobre Einstein.

– ¿Qué rumores?

– Corre el rumor en Fleet Street de que se ha vuelto loco.

– Si es así – dijo Crowther – es una desgracia para el Manchester Guardian.

– ¿Qué quiere decir?

– Le conocí hace poco y me dijo “el Manchester Guardian es el mejor periódico del mundo”.

– ¡Oh!, - contestó el ejecutivo- es evidente que nuestra información es incorrecta.

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