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Ásterix y Obelix de caza en Italia

Ásterix y Obelix de caza en Italia

Ásterix y Obelix de caza en Italia
noviembre 02

En la tercera aventura que firman Jean-Yves Ferri y Didier Conrad los héroes galos salen a conocer la antigua Italia

“¡Waterzooie! ¡Waterzooie! ¡Triste plato!” dice Gauselambix en Astérix en Bélgica. No, no nos hemos vuelto locos. Las páginas de los héroes galos están llenas de suculentos banquetes en los que los protagonistas o bien comen o cazan. Y para saciar el hambre de los lectores de las viñetas creadas por Uderzo y Goscinny, Salvat publica Astérix en Italia, la 37ª aventura de la curiosa pareja y la tercera que firman Jean-Yves Ferri y Didier Conrad. Este intrépido tándem es famoso por sus viajes por el Mundo Conocido que esta vez les lleva de ruta a conocer los pueblos itálicos y a participar en una carrera de carros que Lactus Bífidus convoca de manera improvisada tras ser increpado por el descuido al que ha sometido a las vías romanas.

La importancia y la presencia de los protagonistas parece ser inmejorable, “el personaje está muy vivo y su salud está en la cabeza de todo el mundo”, opina Ferri. Tanto es así que las vidas de los protagonistas han cambiado su vida personal, “la relación con la gente cambia, de repente se nos ve de otra manera y nos tenemos que adaptar a la nueva situación”, anota Conrad. Una nueva forma de trabajar ya que el universo Astérix no es el suyo propio sino una herencia de Goscinny y Uderzo. “Había escogido este trabajo para estar tranquilo pero con Astérix no se puede”, bromea Ferri.

La trama se sitúa en el año 50 A.C, momento en el que Julio César trata de reunificar la península. Cuando se dice Italia se piensa en Roma y en Julio César pero los autores de esta aventura han querido que sus intrépidos protagonistas se hicieran una idea más profunda y fidedigna de la antigua Italia. Para disgusto de Obélix, en la antigua Italia no solo hay romanos. Los pueblos itálicos tratan de conservar su autonomía y ven con malos ojos los intentos de dominación de Julio César y sus legiones.

Con esta son tres las aventuras que han realizado juntos y por, tanto, la labor es cada vez fácil y la editorial les ha concedido mayor libertad y confianza. “Han comprendido que no se puede controlar cada paso, cada guion, cada página. Es como hacer un niño, no se hacen ecografías todos los días”, bromea Didier. No obstante, Ferri asegura que hacer un cómic de humor es complicado que se debe abordar con seriedad. Lograr ese efecto en el lector y en la crítica, opinan, no es tarea tan amable como se puede imaginar. Entre bromas comentan que “no es nada gracioso hacer una historia cómica”. 

Para los autores lo más sencillo fue hacerse con el universo de los galos de Uderzo y Goscinny porque ambos han sido lectores desde pequeños de sus aventuras. Conrad explica que “hacer un cómic es inventar un universo e intentar que sea gracioso y accesible”. Y Ferri añade que “el reto es encontrarse con apetito, espíritu e ilusión para volver a hacerlo”. Astérix ha cambiado, advierten. Al principio sus lectores buscaban entretenimiento pero ahora, aunque este público sigue existiendo, hay diferentes tipos de lectores. De hecho, Conrad advierte que la mayoría de los seguidores de Astérix no son consumidores de cómic.

Ahí radica el nuevo reto para los nuevos padres de esta pareja y sus colegas. Se han dado cuenta de que cada público tiene una necesidad. Así, las mujeres y los niños prefieren a Ideafix (el perro de Obélix) y, por eso, “hay varias lecturas dentro de la misma historia”. En Astérix y los pictos, Ideafix quedó fuera de las viñetas y el público lo echó de menos. “Cada álbum tiene que tener un hilo narrativo para que confluyan todos los nichos”, apunta Conrad. “Estamos buscando a un equipo de la NASA porque es muy complicado”, bromea Ferri.

“Astérix es para hacer reír a la gente”

Esto es lo que decía Goscinny acerca de sus personajes y esta misma máxima es la que siguen sus herederos. Ven positivo el auge de las novelas ilustradas aunque matizan que cómic y novela gráfica son dos cosas diferentes. Mientras que el primero es una historia de humor o de grandes series de aventuras, la segunda aborda temas más íntimos y personales. “El cómic es una serie pero no al estilo de la televisión en la que seguir todos los capítulos sino que cada volumen es independiente”, describe Conrad.

Aunque, claro está, no siempre se siguen estas reglas. Ni todos los cómics son de humor ni los matices estilísticos son los mismos en diferentes países ya que estos responden a los hechos históricos de cada lugar. En cuanto al humor español hacen un guiño a Almodóvar alegando que “es muy gracioso pero adulto”. Más sórdido, más de exorcismo, alejado de lo infantil y del gran público. Dentro del cómic de nuestro país destacan Corto Maltés y de Francia opinan que “se ha beneficiado del efecto Goscinny que adaptó el humor anglosajón a Francia y a través de la revista Pilot se ha convertido en un país rico en lo cómico”. 

El boceto de un nuevo proyecto no arranca hasta que el último trabajo ha visto las librerías. Cuando los autores se hacen eco de las opiniones de la crítica y del público y han conocido sus errores es cuando se plantean una nueva aventura. Así lo hicieron cuando publicaron su primera colaboración, Astérix y los pictos y Astérix y el papiro del César, su segunda obra. Estaremos a la espera del siguiente destino. 

@scamarzana, EL CULTURAL, España, 27-10-2017

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Hacia 1770, la moda de las pelucas empolvadas de la aristocracia francesa e inglesa habían alcanzado tal magnitud, que las pelucas podían alcanzar 1,2 metros de alto, y se decoraban hasta con pájaros embalsamados, réplicas de jardines, platos de fruta o barcos a escala.

La falta de higiene (no se las quitaban por semanas o meses) y el volumen de estas pelucas ocasionaba que no sólo piojos y pulgas las infestaran, sino que hasta pequeños ratones hicieran de ellas su hogar.

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Cuando los conquistadores ingleses llegaron a Australia se asombraron al ver unos extraños animales que daban saltos increíbles.

Inmediatamente llamaron a uno nativos e intentaron preguntarles mediante señas qué era eso.

Al notar que siempre decían “Kan Ghu Ru” adoptaron el vocablo inglés “kangaroo” (canguro). Los lingüistas determinaron tiempo después que los indígenas querían decir “No le entiendo”.

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