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Protagonismo judicial

Protagonismo judicial

Protagonismo judicial

Lo que preocupa es que el máximo tribunal esté cediendo a la tentación de resolver los casos comunicacionalmente llamativos, más que de fijar el sentido último del derecho, desconociendo la competencia de los tribunales inferiores y las etapas de todo proceso judicial. Un afán de protagonismo que es peligroso para la justicia misma.

El fallo de la Corte Suprema que liberó a los comuneros mapuches sorprende y preocupa, porque existía la sensación que esta vez la investigación se había hecho a conciencia, y que existían sólidos fundamentos para realizar una imputación. En efecto, se hizo una labor de inteligencia que logró interceptar mensajes indicativos de la participación de los imputados en diversos atentados. La comprobación de ataques incendiarios efectuados en la noche y en despoblado, con atacantes embozados y con planificación, difícilmente se puede lograr de otra manera y es lo que hacen los aparatos de investigación penal en todas partes. Y tratándose de una reiteración de delitos graves, la posibilidad de fuga y continuación de la actividad delictiva es alta, lo que justificaba la prisión preventiva.

Pero lo que más llama la atención es que la decisión la haya tomado la Corte Suprema. En Chile la gente cree que ésta -por ser el “tribunal supremo”- puede pronunciarse sobre todo, pero no es así. La ley dispone que decretar la prisión preventiva compete al juez de garantía y revisar lo resuelto a las cortes de apelaciones. La ley no concede en esto un recurso ante la Corte Suprema. Para llegar a ella, se utilizó el recurso de amparo, de carácter extraordinario, que busca poner fin a una privación ilegal de libertad y que no procedía acoger en este caso por estar su conocimiento bajo la decisión del juez competente y bajo el control de una corte superior, esto es, por definición bajo el imperio de la ley.

Lo que preocupa es que el máximo tribunal esté cediendo a la tentación de resolver los casos comunicacionalmente llamativos, más que de fijar el sentido último del derecho, desconociendo la competencia de los tribunales inferiores y las etapas de todo proceso judicial. Un afán de protagonismo que es peligroso para la justicia misma. Lo comprueba la entrevista que dio el presidente de la Corte a este diario a raíz de este caso. No solo no corresponde que opine sobre los fallos del tribunal, sino que además cualquiera que lea con un mínimo de detención lo que dijo, advertirá que hace aseveraciones sobre el contenido de la resolución que no se ajustan a la realidad, pues ésta no se basó -como dice- en que los “whatsapp” presentados por el Ministerio Público son una prueba insuficiente (lo que constituiría una anticipación de juicio), sino que solamente que no se fundamentó la resolución que decretó la prisión. Opinión que confunde y se presta para variadas especulaciones, como por ejemplo, de filtraciones indebidas de borradores y acuerdos, de lo que él mismo se quejó en la entrevista.

Los actores políticos debieran oponerse a ese protagonismo. Pero hacen lo contrario cuando los candidatos presidenciales aceptan una invitación del tribunal a exponer su programa. No son las instituciones las que votan, sino que los ciudadanos y a ellos se debe dirigir el mensaje. De contrario, habría que exponer también ante el TC, el Ministerio Público y la Contraloría.

Blog de Axel Burchheister, Abogado

LA TERCERA, 22-10-2017

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A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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