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¿POR QUÉ VIENE EL PAPA A CHILE?

¿POR QUÉ VIENE EL PAPA A CHILE?

¿POR QUÉ VIENE EL PAPA A CHILE?

Lillian Calm escribe: “Me aseguran que habría razones, y de envergadura, que han sido  consideradas minuciosamente por la Santa Sede. Y por supuesto nada tienen que ver con política contingente”.

¿Por qué viene el Papa en unos meses más? ¿Por qué en el año 2018? ¿Puede ello atribuirse a una razón concreta?

Nada, en la Santa Sede, suele ser determinado al azar. Ni siquiera esa visita pastoral fijada para inicios del próximo año, bajo la rigurosidad del calor de enero.

Me aseguran que habría razones, y de envergadura, que han sido  consideradas minuciosamente por la Santa Sede. Y por supuesto nada tienen que ver con política contingente.

Como se sabe no es la primera vez que quien hoy es pontífice pisa suelo chileno: incluso vivió acá cuando aún no era Francisco, sino simplemente Jorge Mario Bergoglio.

Un breve racconto: llegó en 1958 e ingresó al seminario de los jesuitas situado en la actual Casa de Retiro Padre Hurtado, en la comuna que también lleva el nombre del hoy santo chileno.  Ahí se formaban aspirantes a sacerdotes de distintos países de Latinoamérica y él cursó Ciencias Clásicas: los ramos eran Historia, Literatura, Latín y Griego.

Su regreso a Argentina no sería siempre del todo fácil. Conocemos sus biografías  (y si no las conocemos, vale la pena leerlas) hasta que el 13 de marzo de 2013 dejó de ser monseñor Bergoglio: el cónclave, tras la renuncia de Benedicto XVI, lo eligió sucesor de Pedro, y el Papa Francisco se convirtió en el primer pontífice entre los jesuitas y el primero del hemisferio sur. Y, por supuesto, de Argentina.

Pero no nos vayamos del tema. La pregunta es ¿por qué viene el Papa a Chile en los inicios del año 2018?

PRIMERA RAZÓN: Es el comienzo de un año decisivo para nuestra nación, pues se celebran dos siglos de nuestra verdadera independencia. Nada menos que el bicentenario. Alguien se preguntará: ¿pero no lo celebramos ya en 2010? Desgraciadamente ése fue más bien el año del terremoto.

En los meses previos a 2010, es verdad, se habló mucho del “Año del Bicentenario” (con mayúsculas) y evocábamos incluso la pompa con que se había celebrado el centenario, en 1910.

Chile consideraba que dos siglos eran para celebrar (en realidad no son tantos al lado de culturas milenarias y de los más de dos mil años de cristianismo). Incluso se contempló un presupuesto especialmente asignado, pero éste al parecer, y según leímos en su momento en la prensa, desapareció incluso ya antes del terremoto. Muchos de los proyectos quedaron de lado y hubo que guardarlos en un cajón. O en varios cajones.

Pero es realmente en 2018 cuando Chile merece ponerse de largo. Y, ¿qué puede ser de mayor trascendencia que el Papa venga a visitarnos? Es sin duda un hito histórico, como lo fueron esos días en que tuvimos en Chile a Juan Pablo II.

Un dato adicional: ¿por qué 2018? Porque se cumplen propiamente los 200 años de la Independencia y no, apenas, de la iniciación de un proceso (en 1810), al que le faltaban ocho años para culminar. Y es aquí donde se contraponen las diferentes doctrinas: para algunos historiadores, el “gesto” data de 1810 (aunque haya sido de solidaridad con el rey y distanciamiento de Bonaparte) y, para otros, se produjo solo en 1818, cuando nos independizamos de veras, pero ése no fue “gesto” sino batalla.

SEGUNDA RAZÓN: se cumple también el bicentenario desde que Bernardo O‘Higgins  puso la primera piedra del templo votivo, consagrado a la Virgen del Carmen.

El 12 de febrero del año anterior (1817), en la batalla de Chacabuco e invocando a la Virgen a quien habían jurado fidelidad, los generales José de San Martín y Bernardo O’Higgins lograron una victoria decisiva, pero quedaba aún por concretar la Independencia.

Leo en la página web de la Cofradía del Carmen:

“Por esta razón, el pueblo entero junto a las autoridades civiles, religiosas y militares, se reunió el 14 de marzo de 1818 en la Catedral de Santiago e hicieron el siguiente juramento: ‘En el mismo sitio en donde se dé la batalla y se obtenga la victoria, se levantará un santuario a la Virgen del Carmen, Patrona y Generala de los Ejércitos de Chile, y los cimientos serán colocados por los mismos magistrados que formulan este voto y en el mismo lugar de su misericordia, que será el de su gloria’. (Archivo O´Higgins, Tomo X, pág. 380)”.

Sigue el relato:

“Este juramento hecho a la Virgen del Carmen, dio su fruto en el triunfo de la Batalla de Maipú, el 5 de abril de 1818. Por eso, en ese mismo lugar, el General Bernardo O´Higgins “con sus

propias manos”, puso la primera piedra del que sería el Templo Votivo de Maipú, actualmente Santuario Nacional y Basílica del Carmen”.

En todo caso el origen más lejano del Templo votivo de Maipú se remonta a 1811, año en que el 5 de diciembre a la Virgen del Carmen se la declaró protectora de la Patria.

El Papa conoce nuestra historia. La historia de esos ejércitos que se organizaron en Mendoza bajo la advocación de la Virgen. Pero está consciente también, y de primera mano, que en lo espiritual el momento por el que atraviesa nuestro país no es de los mejores. Y eso le preocupa muchísimo más de lo que podríamos imaginarnos.

Sabe, por ejemplo (recordemos que los obispos se reúnen con él en las visitas ad limina) que aquí la Iglesia cuenta con escasas vocaciones (las frías cifras lo gritan) y que por su significación histórica, tal vez los primeros días de 2018 sean los indicados para que los católicos recomencemos, con la fuerza que puede significar su venida, una nueva evangelización de Chile. La re-evangelización.

Lillian Calm

Periodista

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