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Informadores y desinformadores

Informadores y desinformadores

Informadores y desinformadores

Hay toda una corriente de activistas en este país que es dada a difundir información con un evidente sesgo político. Incluso información no confirmada, pero políticamente redituable, como que el gobierno quería esconder a los muertos del sismo.

Siempre he pensado que un reportero debe estar preparado para cubrir cualquier tema de interés público, más allá de la fuente que le haya asignado el medio en el que trabaja e incluso más allá de la especialidad en la que se desempeñe.

Eso no significa que el reportero tenga que saber de todo, pero mal haría si no está informado –cuando menos en términos generales– sobre distintas materias que potencialmente puedan ser noticiosas, y peor, si no desarrolla ese instinto de los periodistas para encontrar la nota en un acontecimiento.

De ahí que se afirme, con razón, que el conocimiento periodístico es un océano con un centímetro de profundidad.

Es decir, el arma del reportero no es una cultura enciclopédica, sino la capacidad de identificar cuándo un tema es de interés público y de llegar a las fuentes –testimoniales, entre otras– que le puedan proveer de la información que requiere.

En estos últimos días, eso hizo exactamente mi compañero Gerardo Martínez, quien labora como periodista deportivo en Excélsior y Grupo Imagen.

El temblor del 19 de septiembre lo sorprendió en su casa. Después de cerciorarse de que todo estuviera bien en su edificio, el instinto periodístico lo llevó a hacer un recorrido por su manzana. Pronto encontró una nube de polvo y, al seguirla, dio con un edificio medio derrumbado en el número 241 de la calle de Enrique Rébsamen, colonia Narvarte.

Mientras la ciudad se recuperaba del estremecimiento y el interés informativo se enfocaba en la terrible tragedia del colegio Enrique Rébsamen, en la zona de Coapa, Gerardo se concentró en la calle homónima y se dedicó a documentar –en video, audio y texto– lo que ocurría en ese inmueble, que días más tarde llamaría la atención del país.

Gracias al trabajo paciente de este reportero, conocimos la historia de Laura Ramos, quien habitaba el departamento 401 del edificio color verde.

Por Gerardo yo pude saber de la súplica de Renata, hija de Laura, quien pidió una y otra vez que se buscara a su madre en los restos del edificio.

Esto llevó a los vecinos a unirse para corear el nombre de la mujer desaparecida, mientras los cuerpos de rescate –que tardaron día y medio en llegar– hurgaban en el inmueble sin encontrarla.

Renata debió enfrentarse a la incredulidad de que su madre realmente estaba en casa cuando sucedió el temblor y que ahí había quedado. Como el edificio no se derrumbó del todo y ella no aparecía, se llegó a decir que probablemente había escapado con vida.

Hay que decir que Renata sostuvo en todo momento que Laura debía estar en la zona de las escaleras, que se había derrumbado. Y que justo ahí encontraron su cuerpo el domingo temprano.

Pero junto con la certeza de Renata y el sólido trabajo periodístico de Gerardo, la operación de rescate se mezcló también con la irresponsabilidad de las redes sociales, donde algunos comenzaron a difundir una vil mentira: que las autoridades estaban dispuestas a demoler los edificios dañados y remover los escombros para que no se desprendiera en el ambiente el “olor a muerto”.

Resuelta como estaba a que entrara la maquinaria pesada para rescatar a su madre viva o muerta, Renata se topó con la noticia de que una ONG había interpuesto una solicitud de amparo para evitar la demolición.

Entonces recurrió a las redes sociales para denunciar que ella no conocía a quien había presentado el recurso (ignoro yo si por metichez o mala fe o alguna otra razón). Y lo identificó como Federico Manuel Rodríguez Paniagua. Más tarde, el hombre se desistiría del amparo –presentado ante el juez Agustín Tello Espíndola–, que lo único que logró fue retrasar seis horas las labores de búsqueda.

Como jamás había escuchado hablar de Rodríguez Paniagua, acudí a Google. Ahí encontré un artículo suyo en el portal Animal Político, “Víctimas de tortura: el saldo de la guerra contra las drogas”, en el que se le presenta como abogado de la Comisión Mexicana de Promoción de los Derechos Humanos.

Hay toda una corriente de activistas en este país que es dada a difundir información con un evidente sesgo político. Incluso información no confirmada, pero políticamente redituable, como que el gobierno quería esconder a los muertos del sismo.

Yo me quedo con los verdaderos informadores. Los que, como Gerardo Martínez, comunican hechos para la comprensión de los asuntos de interés público, sabedores de que ahí termina su labor.

Pascal Beltrán Del Río, Bitácora del Director

EXCELSIOR, México

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Hessy Taft, una guagua de padres judíos, apareció en las portadas de las revistas nazis y en los afiches del Tercer Reich al ganar el concurso “Modelo de raza Aria”.

Todo sucedió porque el fotógrafo, sin la autorización de los padres, envió la foto al concurso pensando que sería una buena lección que lo ganara una niña judía como modelo del ario perfecto. --------------------------------------------------------