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Palabra de Honor

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Palabra de Honor
septiembre 20

El Estado se comprometió -en mi lenguaje infantil “dio su palabra de honor”- a que las declaraciones que se entregaran serían secretas por el periodo señalado, pero ahora el mismo Estado pretende cambiar de opinión, incumplir su compromiso y deshonrar su palabra.

 

De mis juegos infantiles recuerdo una escena clásica: la del niño que se comprometía a algo y, apremiado por el resto a garantizar su promesa, daba su “palabra de honor”. Era suficiente garantía, porque aun en la ingenuidad infantil intuíamos que la sanción al incumplimiento sería brutal, ya que perdido el honor los demás no volverían a jugar más con el remiso. Es que sin confianza en el cumplimiento de los compromisos no hay sociedad posible, por eso el Derecho cumple un rol esencial para la existencia de un orden social, ya que establece garantías que van más allá del honor individual, sancionando con el poder coercitivo del Estado a aquel que incumple sus obligaciones.

En todo caso, hay un requisito indispensable: que la ley, y por ende el propio Estado, cumplan siempre sus compromisos. En caso contrario, se produce la paradoja que el garante deja de ser sujeto de confianza; si eso sucede retrocedemos en dirección al estado de naturaleza idealizado por Hobbes, el del conflicto permanente, con la primacía del más fuerte por sobre el débil.

Por eso es que la ley, y particularmente los procedimientos contenidos en ella, son la primera garantía de la libertad individual, pues eliminan el arbitrio del que tiene la fuerza. Esto suelen ignorarlo los que ven en las normas una forma de acción opresiva y también los que creen que hay valores superiores al acatamiento de la ley, entre estos últimos suele darse una forma grave de soberbia disfrazada de “buenismo”.

Es lo que ha sucedido con la iniciativa del diputado del PC Hugo Gutiérrez, a la que se ha sumado la Presidenta, para eliminar el secreto que la ley estableció por un lapso de 50 años a las declaraciones contenidas en el informe de la Comisión Valech.  El Estado se comprometió -en mi lenguaje infantil “dio su palabra de honor”- a que las declaraciones que se entregaran serían secretas por el periodo señalado, pero ahora el mismo Estado pretende cambiar de opinión, incumplir su compromiso y deshonrar su palabra. No existe una buena razón que justifique el daño que se produciría para la existencia de un orden social libre y justo con tamaña felonía. Sospecho que el diputado comunista lo sabe perfectamente.

El ex Presidente Lagos ha expresado su desacuerdo con evidente molestia. Tiene toda la razón: él era Jefe del Estado cuando se adquirió ese compromiso, es él quien le puso la firma a esa ley; argüir ahora que el secreto se estableció para garantizar impunidad es una razón tan falsa como espuria, se dice de lado, solapadamente, se insinúa sin aclarar quién habría negociado esa impunidad, si el mismo Presidente o la ministra de Defensa de la época que, como nos ha recordado el propio Lagos, era la actual Presidenta Bachelet.

Por estos días está de moda hablar de legados, éste sería el peor que el PC y la Presidenta podrían dejarnos. Un país cuya palabra vale menos, cualquier niño lo sabe.

Blog de Gonzalo Cordero, Abogado.

LA TERCERA, 20-09-2017

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