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Trabajar después de los 65: ¿Cómo son los nuevos “viejos”?

Trabajar después de los 65: ¿Cómo son los nuevos “viejos”?

Trabajar después de los 65: ¿Cómo son los nuevos “viejos”?
agosto 30

Se dice que existen dos edades, la biológica y una paralela, que depende del nivel de actividad que uno tenga. Hoy, la tercera edad es muy diferente que hace unos años: las personas tienen más energía, mayor educación y muchos quieren seguir trabajando después de los 65 años. Con este antecedente algunos plantean la necesidad de aumentar la edad de retiro.

 

“¿Qué cuántos años tengo? ¡Qué importa eso! Tengo la edad que quiero y siento”. Así empieza un poema de José de Saramago, cuyas palabras hoy en día parecen sonar con más fuerza. Y es que actualmente aquellos que tienen más de 60 años ya no son considerados viejos, al menos no en el sentido estricto de la palabra. De ahí que el concepto de la cuarta edad, que representaría a los mayores de 80, sea más usual. Y de ahí también que cada vez sean más los adultos que quieran seguir trabajando, sin retirarse a la edad legal de jubilación.

Rosita Kornfeld, directora del Centro UC de Vejez, aclara que hay dos tipos de edades: “La edad biológica es la que tú tienes y la edad paralela es la que te da diferentes posibilidades de hacer más cosas”. De todas maneras, la también ex directora del Servicio Nacional del Adulto Mayor (Senama) explica que más que hablar de la cuarta edad, que es un término “muy de moda”, hay que hacer una diferencia dentro de la tercera edad: los activos y los dependientes. “Esta diferencia sobre todo depende del estado biológico de las personas”. Kornfeld comenta que hoy entre las personas de la tercera edad “el 80% son activas. Hay un grupo enorme de personas que puede estar contribuyendo en este minuto, tanto para ellos como para la sociedad”. Este segmento, en efecto, tiene mayores niveles de educación, mejores expectativas de salud y, según destaca Kornfeld, “se sienten con energía y con ganas de hacer cosas”.

Viejos vigentes

El presidente de EEUU, Donald Trump tiene 71 años; Mick Jagger, vocalista de los Rolling Stones, tiene 73; la laureada actriz Meryl Streep tiene 68; Richard Branson, el excéntrico magnate dueño de Virgin, tiene 67 y así -en el mundo y en Chile-hay miles de personas destacadas que tienen más de 60 años y que siguen siendo activos en su rubro.

La famosa actriz nacional Gaby Hernández tiene 78 años y asegura que hoy hay una nueva concepción de vejez: “Creo que, teniendo salud, somos mucho más activos que antes después de los 60 años. A mí me encanta trabajar y pienso seguir hasta que pueda”.

Con 75 años, José Antonio Guzmán, ex presidente de la CPC y de la Cámara Chilena de la Construcción (ChCC) y actualmente en el nuevo centro de pensamiento de este último gremio, comenta que ve un cambio importante: “A mi generación la veo bastante activa y con ganas de seguir trabajando. Me gustaría seguir hasta que la salud me lo permita y, lógicamente, hasta que pueda ser un aporte”.

El ex diputado democratacristiano Juan Carlos Latorre, que con 68 años se postulará nuevamente a un puesto en la Cámara Baja, comenta que tiene como ejemplo a su madre, que con 89 años sigue trabajando. “Yo durante los últimos años he estado ejerciendo mi profesión de ingeniero y esta vuelta a una actividad política es una opción que, si bien todavía no se concreta, siempre ha estado presente”, dice.

Otros casos de personas mayores que siguen trabajando se dan a diario en diferentes rubros. Por ejemplo, Raúl Álvarez es conductor de Uber, tiene 69 años y no se le pasa por la cabeza dejar de trabajar. “Básicamente por mantenerme activo, eso me da fuerza para vivir con entusiasmo”, afirma.

Una gran explicación del fenómeno es el hecho de que la expectativa de vida ha aumentado considerablemente en todo el mundo. Según el informe de la ONU “Perspectivas de Población Mundial 2017”, dado a conocer en junio, la esperanza de vida promedio ha alcanzado aproximadamente 71 años, y se calcula que para 2050 sea de 77 en el mundo y de 85 en Chile. La organización estima que alrededor del orbe hay 962 millones de personas con más de 60 años y esta cifra aumenta en una tasa cercana al 3% anual, lo que significa que para el año 2030 los mayores de 60 serán 1.400 millones y para el 2050 2.100 millones. En Chile los mayores de 60 años representan el 15% de la población, según el INE (2015), y se espera que para 2020 lleguen a ser más de 3 millones de personas.

Esto, sin duda, tiene un efecto en el sistema previsional. En nuestro país la jubilación para los hombres es a los 65 años y para las mujeres a los 60, pero la realidad es otra. Según un informe de 2015 de la OCDE, los chilenos dejan de trabajar en promedio a los 68,4 años y las chilenas a los 67. A esto se suma que, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la expectativa de vida que hay en Chile es de 83 años para las mujeres y de 77 años para los hombres, es decir, en promedio los hombres vivirían 11 años más después de su jubilación y las mujeres 23.

Rosita Kornfeld comenta que “no es políticamente correcto decir que hay que subir la edad de jubilación, pero sí es importante ir pensándolo, como lo han hecho otros países”. En ese sentido, la ex directora del Senama asegura que “la gente quiere trabajar” y que ser activo te mantiene más activo. En línea con esa teoría está la opinión de Cecilia Cifuentes del Centro de Estudios Financieros de la Universidad de los Andes: “Por donde uno lo mire todos los argumentos apuntan a que la jubilación tendría que prolongarse”, asegura.

Cifuentes agrega que el hecho de elevar la edad de retiro tendría un efecto “súper significativo” para el sistema previsional. “El principal problema que tenemos se debe a una insuficiencia de ahorro para una vida pasiva más larga y las dos soluciones más directas son: o trabajar más tiempo -que a mí me parece que es la de primera línea-, o durante el tiempo activo ahorrar una mayor tasa”, explica la ex investigadora de Libertad y Desarrollo.

De todas maneras, Cifuentes manifiesta que “la forma correcta” de subir la edad de jubilación es de manera gradual: “Hacerlo para una generación en que la jubilación no sea algo tan inminente”.

Por su lado, Andrés Solimano, economista del MIT, advierte de la diferencia entre los conceptos de jubilación y pensión. El primero se refiere a cuando efectivamente se deja de trabajar y el segundo cuando se empieza a cobrar pensión. En ese sentido, Solimano explica que si bien alterar la edad legal de retiro “podría ayudar”, esto puede no tener mucho efecto en la edad efectiva, por eso postula que la medida debería ser parte de “un paquete”: “Tendrían que haber varios cambios, si la gente sigue percibiendo que la industria de AFP sigue con tasas de ganancias sobre 25% de su patrimonio y no renuncian a nada, mientras que ellos tienen que renunciar a jubilar a los 65, no es algo muy equitativo. Como está la cosa en Chile tendría que ser un arreglo que sea percibido como una distribución equitativa de los costos de ajustar el sistema”, asegura el también fundador y Presidente del Centro Internacional de Globalización y Desarrollo.

Emilia Benítez Silva. PULSO, 28-08-2017

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