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El legado: Destrucción y muerte

El legado: Destrucción y muerte

El legado: Destrucción y muerte

Felizmente quedan pocos meses para que concluya el pésimo segundo gobierno de Bachelet. Sin embargo, parece que éste se encuentra firmemente empeñado en aprovechar el tiempo que aún le resta para transitar a peor. Las últimas semanas han constituido un ejemplo contundente al respecto.

A su larga lista de gruesos desaciertos durante los años ya corridos -reformas tributaria, laboral y educacional, ineficacia clamorosa contra el terrorismo en La Araucanía y la delincuencia común, pobrísimo crecimiento económico, reducción del empleo productivo, caída en la inversión privada, pérdida de grado en los ratings crediticios internacionales, más de alguna corruptela, únicamente por mencionar algunos- hay que agregar recientemente el proyecto sobre pensiones, la ley de aborto (asesinato premeditado de criaturas humanas inocentes e indefensas), el vergonzoso affaire del comité de ministros en el caso de la mina Dominga, las públicas rencillas entre personeros de gobierno que lo siguieron y el proyecto de de ley sobre el denominado “matrimonio igualitario”y la adopción de menores homoparental, firmado ayer por la Presidenta. Y, cómo no, se prepara el voceado traslado de presos militares en retiro desde Punta Peuco a Colina I.

Esta renovada urgencia legislativa y ejecutiva en el tiempo de descuento parece obedecer a tres propósitos. El primero de carácter ideológico: es lo que el gobierno quiere hacer, es lo que su programa anticipaba antes de iniciar su andadura, es lo que realmente aspira para Chile. El segundo es de carácter político-electoral: ante una cada vez más previsible derrota oficialista en las urnas en noviembre próximo, se trata de un intento desesperado por radicalizar el debate, sacar a Piñera y la centroderecha a la pizarra y conducir la discusión pública hacia temas que puedan hacer merma a estos frente al electorado. El tercero es de carácter estrictamente comunicacional: el despliegue de una “cortina de humo” para desviar la atención de los crudos hechos que muestran a la patria en “caída libre” por donde se la mire. Por supuesto nada importa si estas propuestas son aquello que la ciudadanía verdaderamente anhela y necesita.

Lo que está claro es que, cualquiera sea el derrotero que sigan el conjunto de iniciativas y acciones que impulsan apresuradamente Bachelet y sus secuaces, lo esencial de la herencia del presente gobierno para Chile se encuentra absolutamente definido. Habrá tiempo y espacio para cambiar opiniones acerca del anecdotario tragicómico que dejarán estos cuatro años, si prevalecerán en él el caso Caval, el silencio estival de la Presidenta en el lago Caburgua y sus “me enteré por la prensa”, la memoria de los defenestrados Peñailillo y Arenas, la promesa de la “retroexcavadora” de Quintana, las inútiles piruetas de la DC para justificar su impresentable asociación con el PC, la “invitación a bajarse de los patines” o la “tan mala pata” de Eyzaguirre u otras lindezas. Sería solo para la risa, si no hubiese tanto daño y pérdida de valor vinculado a este sinfín de pequeñas historias. En lo substancial, en cambio, no hay donde perderse. Este gobierno ya imprimió su sello, su legado será destrucción y muerte.

Blog de Álvaro Pezoa, ingeniero comercial y doctor en Filosofía

LA TERCERA, 28-08-2017

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A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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