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El hígado graso puede causar daños a otros órganos

El hígado graso puede causar daños a otros órganos

El hígado graso puede causar daños a otros órganos

Investigadores de la Universidad de Tübingen (Alemania) han descubierto que la enfermedad del hígado graso no alcohólico, esteatosis hepática, puede causar daños a otros órganos. 

 

El hígado de los pacientes con esteatosis hepática produce cada vez más glucosa, grasas y proteínas desfavorables como la hepatokine fetuin-A. Estas se liberan en el torrente sanguíneo y las sustancias que secreta el hígado provocan reacciones. Hasta ahora, no se sabía qué efectos tiene esta “diafonía de órganos”, y cuál eran los órganos más afectados y el “daño” que causaba la hepatokina fetuína-A.

Aproximadamente un tercio del tejido adiposo pancreático se compone de células precursoras adiposas (un tipo de células madre) además de las células adiposas maduras. Los investigadores analizaron histológicamente muestras de tejido de 90 pacientes y encontraron que la proporción de la grasa pancreática variaba enormemente. De hecho, el número de células de defensa del sistema inmunológico (monocitos/macrófagos) se incrementó significativamente en áreas donde se habían acumulado muchas células adiposas.

“El factor que conduce a cambios patológicos es la fetuina-A, que es producida por el hígado graso. Como resultado, en lugar de proteger el tejido como antes, el tejido adiposo ahora provoca procesos inflamatorios, lo que conduce a una restricción de la función renal”, han explicado los expertos.

CATALUNYA PRESS,  22-08-2017

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A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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