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El origen del mal

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El origen del mal

Controlada la conmoción, habrá que trabajar en el origen del mal, ya que este terrorismo crece y nutre su barbarie en las zonas periféricas y deprimidas de las capitales, donde buen número de chavales se van autoexcluyendo de la sociedad que los acogió.

El atentado de Barcelona no difiere demasiado de los perpetrados en otras ciudades de Europa. Sus autores, jóvenes fanáticos, no se antojan sofisticados guerrilleros del yihadismo. La mayoría eran muchachos aparentemente normales, captados mediante métodos que conoce bien la Policía y usados según patrones no muy alejados de las sectas de otro tipo. Por tanto, controlada la conmoción, habrá que trabajar en el origen del mal, ya que este terrorismo crece y nutre su barbarie en las zonas periféricas y deprimidas de las capitales, donde buen número de chavales se van autoexcluyendo de la sociedad que los acogió. Las fuentes del mal pueden estar en el país de procedencia de sus progenitores o en el incalificable Daesh, pero la eficacia preventiva de las Fuerzas del orden debe centrarse en esos líderes radicalizados que se aprovechan de la debilidad de jóvenes criados en ambientes marginales y en el resentimiento a Occidente. Para propagar el terror y la crueldad no hace falta mucho. El problema lo tenemos los Estados libres, ricos y civilizados, cuyas normas hacen que luchar contra el yihadismo resulte cada vez más complicado.

Bieito Rubido. ABC, España, 23-08-2017

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Paseaban por el campus de la Universidad de Princeton el matemático Oswald Veblen y el periodista del Manchester Guardian J. G. Crowther.

– Allí viene Einstein, debe Ud. conocerle, dijo el matemático.

Se acercaron y Veblen lo presentó como “el corresponsal científico del Manchester Guardian”. Einstein se inclinó y dijo:

– El Manchester Guardian es el mejor periódico del mundo.

Cuando el periodista regresó a Londres, uno de los ejecutivos del diario le preguntó si había oído ciertos rumores sobre Einstein.

– ¿Qué rumores?

– Corre el rumor en Fleet Street de que se ha vuelto loco.

– Si es así – dijo Crowther – es una desgracia para el Manchester Guardian.

– ¿Qué quiere decir?

– Le conocí hace poco y me dijo “el Manchester Guardian es el mejor periódico del mundo”.

– ¡Oh!, - contestó el ejecutivo- es evidente que nuestra información es incorrecta.

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