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El confuso y caótico futuro de la televisión ha llegado

El confuso y caótico futuro de la televisión ha llegado

El confuso  y caótico futuro de la televisión ha llegado

Quienes cambian sus servicios de televisión por cable se enfrentan a un revoltijo de servicios bajo demanda que, en conjunto, cuestan más y a menudo ofrecen menos opciones que el antiguo paquete de cable. 

 

Si eres como los millones de estadounidenses que han cancelado su servicio de televisión por cable en los últimos años, quizá te resulte familiar el fenómeno que he comenzado a llamar “la caza”.

Se trata de lo siguiente: en un momento decides ver uno de tus programas favoritos, en mi caso “Fixer Upper”, de HGTV. Te sientas en el sillón, enciendes la televisión y vas saltando de aplicación en aplicación, intentando recordar en cuál de los cinco servicios que tienes está el programa. ¿Era Netflix? Mmm, no. ¿HBO Go? No.

Finalmente encuentras la cuarta temporada en Amazon, pero no está incluida en Prime Video. Cuesta 2,99 dólares por episodio. La caza termina con un gemido: suspiras, te aguantas (esas cocinas no se van a remodelar solas) y desembolsas 19,99 dólares por toda la temporada.

¿Qué pasó con el futuro de la televisión, glorioso y amigable con el consumidor? Nos dijeron que internet traería una era de oro de emisión de videos, y que programas y películas increíbles estarían a un clic a través de servicios de bajo costo y fáciles de usar. Los paquetes de cable de Time Warner, que costaban 100 dólares al mes y requerían navegar un menú muy complicado de canales de cuarta, serían una pesadilla del pasado.

En vez de eso, nos hemos inmerso en un caos hiperfragmentado, con un enredo de servicios bajo demanda que, en conjunto, cuestan más y a menudo ofrecen menos que los viejos sistemas de cable. Hay muchos programas y filmes grandiosos en producción, pero encontrarlos se ha vuelto más difícil que nunca.

La semana pasada también me llegó la nostalgia por la televisión por cable, cuando Disney y Facebook —empresas muy distintas, pero unidas por el deseo de que les prestes atención— anunciaron grandes pasos en sus estrategias de video de próxima generación.

Disney, que controla algunas de las franquicias fílmicas y televisivas más valiosas del mundo, sacudió a Hollywood cuando anunció que terminará su acuerdo de distribución con Netflix y comenzará dos servicios independientes de transmisión de contenido.

Poco después, Facebook anunció Watch, una pestaña dentro de la aplicación principal de Facebook que pronto tendrá una serie de videos producidos de manera profesional.

Disney, una empresa que ha generado un negocio muy rentable que incluye ventas de boletos de cine e ingresos de contenido por cable en ESPN, está apostando a que un número importante de clientes pagará de 10 a 20 dólares al mes para ver “Frozen” y estar al día con sus equipos de la NBA, mucho más de lo que ya pagan por las suscripciones de Netflix y Amazon Prime.

Por otro lado, Facebook —que genera dinero mediante anuncios publicitarios— ofrecerá sus programas de forma gratuita. Su teoría es que cuanto más tiempo pasen viendo videos los usuarios, más anuncios verán. Facebook no tiene un gran catálogo de contenido popular como Disney, pero sí tiene un valioso almacén de datos sobre los gustos y preferencias personales de sus más de 2000 millones de usuarios registrados, y al parecer planea usar esa información para que los anuncios lleguen exactamente a las personas en las que las empresas están interesadas.

Se gastan más de 70.000 millones de dólares anuales en los anuncios tradicionales por televisión y, a medida que ese dinero se desplaza al video digital, Facebook quiere asegurarse de que buena parte termine en sus bolsillos. También es muy probable que quiera remplazar a YouTube como el hogar de creadores aficionados que quizá no producen programas con calidad profesional, pero aun así tienen audiencias grandes y leales.

Superficialmente, estas parecen estrategias muy distintas: una es venderle mejores videos a una audiencia de fanáticos y otra ofrecer videos de manera gratuita en un esfuerzo por vender anuncios hiperdirigidos y atraer una red de aficionados. Sin embargo, ambas forman parte del mismo cambio radical.

A medida que el declive de la televisión tradicional crea una fiebre del oro con los dólares invertidos en publicidad y la atención del consumidor, todas las empresas de medios y tecnología parecen dirigirse a la mina, pico en mano. Mientras tanto, los consumidores se ven obligados a enfrentarse (y a menudo pagar) por un grupo de servicios en expansión continua.

Para navegar por todos ellos, han surgido algunos servicios de terceros que remplazan las antiguas guías televisivas, como Can I Stream It?, un motor de búsqueda que te dice qué plataforma de transmisión tiene tu programa favorito, pero no hay una solución que abarque toda la industria ni una posible simplificación. Facebook dice que Watch estará personalizado para mostrarte videos basados, en parte, en lo que tus amigos están viendo, pero encontrar los videos adecuados podría requerir un poco de investigación.

“En este momento una de las barreras para llegar al consumidor es la confusión”, dijo Paul Verna, el principal analista de video de eMarketer, una firma de investigación de medios. “Cuantos más servicios de este tipo existan, más difícil será que la gente tome decisiones racionales e informadas sobre a cuál suscribirse”.

Uno de los motivos de este caos es que la eliminación de servicios por cable se está acelerando más rápido de lo que esperaban los ejecutivos de medios. El trimestre pasado, casi un millón de estadounidenses se deshicieron de sus abonos de televisión paga, según unas estimaciones de Craig Moffett, un analista de medios de MoffettNathanson (Netflix añadió casi la misma cantidad de suscriptores nuevos en Estados Unidos durante el mismo periodo).

Los jóvenes, un grupo particularmente codiciado por los anunciantes, se están alejando rápidamente de la televisión. La cantidad de tiempo que los menores de 35 años pasan viendo televisión tradicional ha disminuido en un 50 por ciento desde 2010, según Matthew Ball, director de estrategias de Amazon Studios.

Estas cifras han generado pánico en toda la industria por lo que se han desarrollado decenas de iniciativas para remplazar los ingresos que se fugan del viejo modelo de televisión por cable. El servicio de transmisión de videos de Disney no será el último de su tipo; muy pronto te obligarán a elegir entre un menú abrumador de aplicaciones y servicios de transmisión continua, cada uno de los cuales tendrá su propio costo, interfaz y catálogos cambiantes de filmes y programas.

Pronto un emprendedor podría estar tentado de reunir algunos de estos nuevos servicios y venderlos bajo un mismo costo con lo que básicamente recrearía el viejo paquete de televisión por cable, pero esta vez en internet. No obstante, los expertos de la industria dicen que no es probable que exista este tipo de cooperación entre los gigantes de la industria, dadas las enormes cantidades de dinero que hay en juego.

“No hay posibilidad de que eso suceda”, dijo Dan Rayburn, quien analiza los medios de transmisión de videos para Frost & Sullivan. “Las empresas harán lo que más les convenga para alcanzar sus objetivos”.

El mundo postelevisión “no estará organizado ni tendrá orden”, dijo Dave Morgan, el director ejecutivo de Simulmedia, una empresa de tecnología de mercadotecnia. “Nadie se sentará a pensar: ‘¿Cuál es la manera perfecta en que el consumidor desea participar en esto?’ Todos están preparando sus armas”.

En otras palabras: la caza se pondrá más difícil.

NEW YORK TIMES en Español, 17-08-2017

 

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