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Juego de espejos

Juego de espejos

Juego de espejos

La XXII Asamblea Nacional del PRI, clausurada el sábado, despejó algunas dudas sobre la sucesión presidencial, pero dejó otras sin resolver.

 

Para comenzar, ha quedado claro que el liderazgo del presidente Enrique Peña Nieto sobre su partido no está en duda y no tiene rival.

Los barruntos de una rebelión en el cónclave —que convocó a más de 10 mil delegados en todo el país— esbozaron la posibilidad de que el PRI se partiera o que surgiera con claridad un liderazgo antagónico al de Peña Nieto en las filas tricolores.

Ninguna de las dos cosas sucedió.

La oposición interna, que parecía encabezar la exgobernadora Ivonne Ortega, no alcanzó a convertirse en una rebelión de las bases.

Es cierto que los inconformes con la presidencia de Enrique Ochoa —alias los “políticos de café”— no se fueron con las manos vacías, pues lograron imponer la prohibición de que una misma persona pueda ser candidata a cargos de representación proporcional de forma consecutiva, pero su exigencia de que la nominación del aspirante presidencial en 2018 se haga mediante una consulta a las bases quedó en la indefinición si no es que anulada.

Así que el liderazgo natural que ejerce el Presidente de la República sobre el PRI se refrendó el sábado en el Palacio de los Deportes.

Y salvo que el Consejo Político Nacional del partido decida en su próxima reunión que el método de designación del candidato presidencial sea la consulta a las bases —lo cual, francamente, nadie espera—, lo que ocurrirá después será la reedición de la forma en que el PRI ha decidido el nombre de su candidato a Los Pinos: el Presidente en funciones convertido en gran elector o, como definiera José López Portillo, “el Presidente en turno oficia la ceremonia inicial, muy simple y maciza”.

Destape se ha llamado a esa ceremonia en que el PRI hace público el nombre de su candidato. Se explica como la acción de retirar la capucha al tapado, una expresión surgida en las peleas de gallos que se trasladó a la política.

Hoy se llama tapado a cualquier aspirante a la candidatura, pero inicialmente era otra cosa. El primer tapado fue Adolfo López Mateos, cuyo destape, en noviembre de 1957, sorprendió al país pues se esperaba que el candidato fuera Gilberto Flores Muñoz.

A partir de entonces comenzó a hablarse del tapado, es decir, el hombre que se convertiría, por designación del Presidente y para sorpresa de todos, en el candidato presidencial.

Pero en el sexenio de López Mateos el tapado nunca apareció. Gustavo Díaz Ordaz dominó la carrera de principio a fin. Ésa fue una de las dos veces en la historia del PRI en que el Presidente ha nombrado como candidato del partido a su favorito, cosa que casi nunca ocurre.

Hoy, en cambio, pudiéramos estar en presencia de un tapado. ¿Cómo saber si el candidato será quien el sábado se convirtió en el más demandado de los buscadores de selfies, José Antonio Meade?

La popularidad del titular de Hacienda creció enormidades entre los delegados a la Asamblea luego de que fueron retirados los candados que le impedían ser candidato presidencial.

Al abrirse el partido a los “simpatizantes”, como es Meade, muchos interpretaron que lo que escenificaron los delegados fue el predestape del cinco veces secretario de Estado, algo que, por cierto, sólo Plutarco Elías Calles ha logrado.

Pero ¿por qué no pensar que el ungido pudiese ser, por ejemplo, Luis Videgaray?

El secretario de Relaciones Exteriores no estuvo en el Palacio de los Deportes el sábado. Y no porque tuviese algo en su agenda oficial. Hice esa pregunta a su oficina y la respuesta fue negativa. Es decir, Videgaray no estuvo en la clausura de la Asamblea porque no quiso. O, al menos, ésa es la explicación más probable. Es decir, podríamos estar ante una paradoja: que el favorito del Presidente fuese el tapado.

En todo caso, lo que logró la Asamblea del PRI —además de confirmar a Peña Nieto como el gran elector— fue poner en marcha los juegos de espejos que han caracterizado casi siempre el proceso de nominación del candidato tricolor.

Cuando se resuelva la incógnita dentro de algunos meses —Ochoa ha dicho que no habrá candidato antes de enero—, quizá resulte que todo lo estábamos leyendo al revés.

Pascal Beltrán Del Río, Bitácora del Director

EXCELSIOR, México, 14-08-2017

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Durante un viaje en avión a Chicago, un amigo del multimillonario Philip Knight Wrigley (1894-1977) le preguntó que por qué seguía publicitando los chicles que fabricaba su empresa si esta ya era la más exitosa en todo el mundo. Wrigley le respondió:

—Por la misma razón que el piloto de este avión deja los motores en marcha cuando ya estamos en el aire.

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El rey español Felipe IV (1605-1665) le pidió al escritor Francisco de Quevedo (1580-1645) que improvisara una cuarteta.

—Dadme pie —le dijo Quevedo.

El rey, creyendo hacer una gracia, le alargó la pierna. Pero el escritor, que siempre fue de respuesta rápida e ingenio agudo, lejos de darse por vencido, improvisó, como le habían pedido, la siguiente cuarteta:

—En semejante postura / dais a entender, señor, / que yo soy el herrador / y vos la cabalgadura.

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