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Baby: Aprendiz del crimen, la última sorpresa del cine comercial

Baby: Aprendiz del crimen, la última sorpresa del cine comercial

Baby: Aprendiz del crimen, la última sorpresa del cine comercial

Un director creativo como Edgar Wright, más una estrella joven como Ansel Elgort, una banda sonora poderosa y veloces persecuciones de autos son la fórmula de este filme de acción como pocos: una buena mezcla entre calidad artística y cantidad de millones de dólares que ha recaudado en taquilla. Un modelo único. 

 

Baby es Baby. Así se presenta el protagonista de este filme, interpretado por Ansel Elgort (23), joven actor de “Bajo una misma estrella” al que el nombre le viene bien: Baby. Se trata de un chico de buen corazón y con la habilidad de conducir autos como un dios del volante. Su talento para acelerar, frenar, virar y evadir a la policía lo administra bien Doc (Kevin Spacey), un gerente del mal y del crimen que arma robos con distintos equipos de ladrones, pero siempre con el mismo chofer para escapar: Baby.

Esa es la premisa de esta nueva maravilla del cine comercial, “Baby: Aprendiz del crimen”, del director-escritor Edgar Wright, que se estrenaba ayer en Chile. Ansel Elgort y su cara de Baby es ideal para este papel, que demanda largos momentos de silencios y mucha acción física porque su rol, el de un chofer discreto y muy, muy joven, sobrevuela el mundo del crimen, donde trabaja escuchando música, siempre con sus audífonos puestos. ¿La razón? Baby desea tapar el permanente zumbido que escucha, un tinnitus que padece desde un accidente en su niñez, y usa la música para concentrarse en el volante, el camino y la policía que le pisa los talones.

Ansel Elgort, que le ganó este papel a la estrella de “Percy Jackson”, Logan Lerman, y a la estrella de la nueva trilogía de “Star Wars”, John Boyega, dice que nadie mejor que él podía entender la lógica, moral y motor de Baby a la hora de ponerse en sus zapatos, porque para este joven artista la música es tan importante como respirar.

Baby, en la película, es un melómano consagrado y un DJ amateur. Ansel Elgort, en la vida real, es un músico con un gran talento como DJ, con singles firmados como su alter ego, Ansolo, y con su propio nombre. A los nueve años fue parte de “Cascanueces” en el Lincoln Center, y estudió teatro musical en el Fiorello H. Laguardia High School Of Music and Art and Performing Arts.

En “Baby: Aprendiz del crimen”, vemos y oímos la película a través de este protagonista siempre en estado musical. Siempre viviendo en un eterno videoclip, detrás de sus anteojos oscuros, conectado con sus audífonos a un iPod en un mundo aparte, único e irrepetible.

Ansel Elgort ha señalado a la prensa estadounidense que su conexión con la música quizás ha sido el detonante para que todo corra bien en este filme de acción.

–Siento que siempre tengo música en mi cabeza, esté o no escuchando lo que sea. Me quedo dormido con la música aunque no esté escuchándola. La música siempre está en mí, así que probablemente por eso yo era la persona indicada para este papel.

EL DIRECTOR MUSICAL. Edgar Wright es el creador de toda esta coreografía audiovisual que resulta “Baby: Aprendiz del crimen”, una buena mezcla entre calidad artística y cantidad de millones de dólares que ha recaudado en taquilla. El director y guionista inglés de 43 años, un creador iconoclasta de la cultura pop, contribuye con esta, su última película, a su propia filmografía de una manera ascendente.

Wright es el cerebro de clásicos modernos como la también musical “Scott Pilgrim vs. The World” (2010), una aventura en clave de video-game sobre un joven miembro de una banda de rock, Scott Pilgrim (Michael Cera), obsesionado con la inalcanzable Ramona Flowers (Mary Elizabeth Winstead). También contribuyó al mundo de los zombies con la graciosa comedia “Shaun of the Dead” (2004), su primera colaboración con el comediante Simon Pegg y que ha dado por resultado al menos dos cintas más, “Hot Fuzz” (de 2007, una comedia de policías y ladrones decorada con un acertado humor inglés) y “Bienvenidos al fin del mundo” (2013, una comedia apocalíptica también flemáticamente “british”).

Luego del bullado abandono del proyecto de Marvel “Ant-Man”, donde fue fichado y luego desechado, Edgar Wright se focalizó en sacar adelante “Baby Driver”. Según ha señalado, todo partió cuando hace años escuchaba la canción “Bellbottoms”, de Jon Spencer Blues Explosion. Con ella, Wright imaginó el robo a un banco y un chofer escapando por las calles de Los Ángeles.

“Bellbottoms” es la primera canción que se escucha en “Baby: Aprendiz del crimen”. La punta de lanza de un reguero de temas pop, como “Brighton Rock”, de Queen, y varias con la palabra “Baby” en sus letras y títulos: por ejemplo, “B-A-B-Y”, interpretada por Carla Thomas; “Baby I’m Yours”, con la voz de Barbara Lewis; “Baby Let Me Take You”, de The Detroit Emeralds; “Cry Baby Cry”, por los Unloved, “Baby Driver”, de Simon & Garfunkel, más los muchos “baby” que se escuchan en “Never, Never Gonna Give You Up”, con la voz de Barry White.

Como dice Deborah, la mesera interpretada por Lily James, Baby tiene un premio: la mayor cantidad de canciones con su nombre.

Sin duda, esta película podría ser solo vista como una lista de varios videoclips juntos, uno detrás de otro. Pero a diferencia de un videoclip, el director Edgar Wright se preocupó de que esta cinta fuera un homenaje pop al subgénero de las películas de persecuciones de autos, como alguna vez lo hizo el propio Quentin Tarantino con la incomprendida “Death Proof”.

Pero en comparación con el director de “Tiempos violentos”, a Edgar Wright le interesa menos pavonear su talento que narrar una aventura que cumpla el doble objetivo de entretener a las masas y, además, generar un punto de vista personal. No es que haya el guiño por el guiño en “Baby: Aprendiz del crimen”. El homenaje es más bien discreto, pero está, por ejemplo, el guiño a “Driver”, clásico de 1978 dirigido por Walter Hill y con el Ryan Gosling de los 70, Ryan O’Neal, como un chofer con el talento para huir de la ley después de atracos a bancos. También está algo del humor de los hermanos Cohen en “Educando a Arizona” (1987); las persecuciones inmortales de la comedia de John Landis “Los hermanos Caradura” (1980), que incluye una explosiva mezcla con la música blues. Y el guiño más extraño, pero no por eso menos consciente de Edgar Wright, es incluir secuencias de un animé de 1989 llamado “Riding Bean”.

Escenas de persecuciones “reales”, sin uso de efectos digitales ni pantallas verdes, solo con la vieja técnica de un doble de acción osado; tomas que parecen hechas en el formato del cine clásico de antaño, unos pequeños prodigios técnicos y físicos, han logrado que el mismísimo Christopher Nolan elogiara esta proeza de su colega Edgar Wright. Y el “bromance” ha sido correspondido. El director de “Baby Driver” también ha elogiado las virtudes de “Dunkerque”, de su compatriota Christopher Nolan.

Y es imposible no hacerlo. “Baby: Aprendiz del crimen” es una agradable rareza en estos tiempos que corren, de placebos de cine arte que dan placer instantáneo y de espectáculos con efectos especiales que se sienten irreales todo el tiempo. “Baby: Aprendiz del crimen”, con sus pies en la tierra y el acelerador, es música para los oídos y los ojos.

Edgar Wright, director de la cinta, le dio una estética de homenaje pop al subgénero de las películas de persecuciones de autos, como alguna vez lo hizo Tarantino con “Death Proof”.

Ernesto Garratt Viñes

Wikén, EL MERCURIO

 

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