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Los populistas se resisten a morir

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Los populistas se resisten a morir

El repudio mundial a la Asamblea Constituyente de Nicolás Maduro contrasta con el apoyo otorgado por el Foro de Sao Paulo, devenido ahora en un acotado club antediluviano de autoritarios, populistas y corruptos, algunos “doctorados” en tiranía.

Fue creado por el Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil en 1990 para aglutinar a partidos y movimientos de izquierda, “socialistas y antiimperialistas”, que se enfrentaban, según expresan en su primera resolución final, “a las alternativas del imperialismo y el capitalismo neoliberal, y a su secuela de sufrimiento, miseria y opresión antidemocrática”, y declaraban “su voluntad común de reafirmar su carácter emancipador” y la “solidaridad de nuestros pueblos”.

De los líderes que fundaron el Foro, sólo Fidel Castro estaba en el gobierno, pero el triunfo de Hugo Chávez en Venezuela (1998) detonó la llegada al poder en Bolivia, Brasil, Ecuador, Nicaragua, entre otras naciones, de caudillos, megalómanos de poder, que están lejos de la “liberación política” o la “verdadera democracia”, que supuestamente impulsan. Raúl Castro en Cuba prepara su relevo para preservar al infinito la dictadura socialista. Evo Morales está en la presidencia boliviana desde el 2006, y busca la manera de perpetuarse. Daniel Ortega, quien fue presidente de Nicaragua entre 1979 y 1990, volvió al gobierno en el 2007 y sucesivas reelecciones lo aferran a la silla. Rafael Correa, presidente de Ecuador de 2007 al 2017, gobierna tras bambalinas a través de Lenín Moreno, y aspira a retornar a la Presidencia. Nicolás Maduro sucedió al fallecido Chávez en el 2013, se mantiene a sangre y fuego (sólo así hizo la elección de la Asamblea Constituyente), y con una nueva Constitución intentará imponer el totalitarismo socialista, y eternizar el dominio chavista.

El chavismo ha sido el motor del Foro de Sao Paulo y de una institucionalidad regional (Alba, Celac, Unasur), que se erige como “alternativa” al sistema interamericano. Chávez financió estos organismos para promover su caudillismo e influencia internacional, y gozó del boom petrolero para hacerlo, así como los gobernantes populistas se beneficiaron del auge de los commodities. Sin embargo, después de la muerte de Chávez, y de la caída del precio del crudo y de las materias primas, los escándalos de corrupción y el rechazo a su autoritarismo, sus gobiernos entraron en crisis, aunque se resisten a morir. La tiranía de Maduro es emblemática en este sentido.

Ante la situación crítica que enfrenta el dictador andino, se prendieron los focos rojos en el XXIII Encuentro anual del Foro de Sao Paulo (realizado en Nicaragua a mediados de julio pasado) para defender a varios de sus “distinguidos” integrantes: Lula (juzgado por corrupto), Dilma Rousseff (destituida de la presidencia) y especialmente a Maduro. Los populistas saben que si cae Maduro, puede existir un efecto dominó: que se aliente la democratización donde desgobiernan y se frene el ascenso de otros como AMLO, quien aspira a restituir la presidencia autoritaria y emular los delirios internacionales de Chávez.

Por ello, no sorprendió a que dicho Encuentro asistieran los obradoristas Alberto Anaya (cacique del PT), Yeidckol Polevnsky (secretaria general de Morena), y René Bejarano (infiltrado en el PRD), quienes dieron el espaldarazo a Maduro y estrecharon sus nexos con los caudillos populistas, a fin de buscar apoyos para el mesianismo de AMLO, y oxigenar al agónico populismo latinoamericano. Así se explica la gira sudamericana del tabasqueño y su visita, por ejemplo, a Lenín Moreno.

Enrique Villarreal Ramos. EXCELSIOR, México, 04-08-2017

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