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El hallazgo de Alzheimer en 20 chimpancés abre nuevas puertas para combatir la enfermedad

El hallazgo de Alzheimer en 20 chimpancés abre nuevas puertas para combatir la enfermedad

El hallazgo de Alzheimer en 20 chimpancés abre nuevas puertas para combatir la enfermedad

Es la primera vez que se detecta la enfermedad en otra especie

 

El Alzheimer es una de las enfermedades más devastadoras y lentamente imparables que achacan a muchos seres humanos a partir de cierta edad. Esta dolencia neurodegenerativa es la forma más común de demencia entre las personas mayores y es incurable y terminal. Un nuevo descubrimiento, sin embargo, ha abierto la puerta para los investigadores para hallar un tratamiento en un futuro no muy lejano.

Un grupo de investigadores de la Universidad de Kent (Ohio) han descubierto por primera vez signos de la enfermedad de Alzheimer en 20 cerebros de chimpancés ancianos. El hallazgo, que convierte en mito el debate sobre si son los seres humanos la única especie capaz de desarrollar la enfermedad, podría ayudar a comprender mejor la dolencia y cómo combatirla.

No hay signos de demencia (por el momento)

Los científicos estudian ahora si estos animales fallecen por la enfermedad o son inmunes a los síntomas a pesar de sufrirlos. El trabajo, publicado en la revista Science, está pendiente de obtener el permiso para realizar estudios con animales en peligro de extinción.

Esta enfermedad se presenta con mayor frecuencia en personas mayores de 65 año, aunque los hay que desarrollan los síntomas a partir de los 40. Se presenta como deterioro cognitivo -como pérdida de memoria o dificultad para hablar- y trastornos conductuales –ansiedad, agresividad o desorientación-.

Cómo funciona el Alzheimer

Cuando se sufre Alzheimer se produce un deterioro de las neuronas, encargadas de la memoria y del pensamiento. Este deterioro impide que pasen los mensajes entre ellas. La proteína llamada beta-amiloide se acumula y forma placas (amiloides) entre neuronas. Estas placas provocan cambios en otra proteína llamada tau, que a su vez forma los denominados ovillos neurofibrilares. Además, la corteza del cerebro se encoge, sobre todo en el hipocampo, un espacio clave para la formación de nuevos recuerdos. Los espacios llenos de líquido en el centro del cerebro se agrandan, reduciendo por lo tanto su superficie. Todos estos factores acaban desembocando en la demencia.

Hasta este hallazgo, la comunidad científica especulaba con la posibilidad que sólo los seres humanos pudieran contraer esta enfermedad. El paradigma es diferente ahora. El equipo estudió 20 cerebros de chimpancés ancianos, con edades comprendidas entre 37 y 62 años. Examinaron cuatro áreas del neocórtex de los chimpancés y las regiones del hipocampo más afectadas por el Alzheimer en los seres humanos.

Las diferencias pueden ayudar

Según los investigadores, el estudio podría ser una evidencia de que las clásicas placas y los ovillos de la enfermedad son efectos secundarios, más que la propia causa de la enfermedad. La responsable del estudio, la antropóloga biológica Mary Ann Raghanti, apunta a que los cerebros de los 20 chimpancés estudiados no han mostrado cambios cognitivos o de comportamiento, no existe demencia por el momento. “Si podemos identificar esas diferencias entre el cerebro humano y el del chimpancé, podríamos identificar lo que produce la degeneración”, sentencia Raghanti.

Parte de la comunidad científica pone en duda que estos animales sufran demencia, ya que las placas amiloides se asocian con la muerte neuronal, cosa que no ha sido medida en el estudio. Raghanti y su equipo seguirán estudiando cerebros de los chimpancés afectados para calcular la muerte de las neuronas. Además, seguirán trabajando con animales vivos para determinar si estos chimpancés desarrollan o no demencia.

Si podemos identificar esas diferencias entre el cerebro humano y el del chimpancé, podríamos identificar lo que produce la degeneración”, dice Mary Ann Raghanti.

LA VANGUARDIA, Barcelona, 02-08-2017

 

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